Sentarse a la orilla del río para ver pasar flotando el cadáver de tu enemigo. Esa parece ser la postura expectante de la oposición a nivel nacional. En apariencia, no debe hacer nada, sólo cuidar las formas y tener la suficiente paciencia para ver cómo el adversario político implosiona y le deja el camino despejado de obstáculos para acceder nuevamente al poder. Porque por más esfuerzo intelectual que haga la vicepresidenta para explicar que no hay pelea entre ella y el Presidente -según el diccionario-, sí hay visiones que chocan sobre cómo debe ejercerse el poder y cómo llevar adelante la gestión.
Esa confrontación de visiones, según expuso Cristina en Chaco -aunque la llamó debate de ideas-, no puede tener otro final más que una disputa interna por imponer la propia concepción. Sin vueltas. La tirantez no puede ser permanente, alguien tiene que ceder, uno debe ganar y el otro tiene que perder. Lo que anticipa una ruptura en algún momento, ya que son tan disímiles las posturas del kirchnerismo y de los albertistas que no podrían ponerse de acuerdo porque significaría que uno se subordinó al otro. No pueden. Por más que se sostenga que la ex jefa de Estado maneja los hilos, Alberto Fernández disgustó a los cristinistas a causa del FMI. Lo basurearon; dicho en jerga popular. La titular del Senado lo dejó bien claro el viernes cuando apuntó que los trabajadores asalariados están bajo la línea de pobreza, toda una afrenta para un Gobierno que pertenece a un movimiento cuya columna vertebral es, por definición, precisamente, el sector trabajador.
Hay tensión en el oficialismo, arriba, y nervios e incertidumbre entre los peronistas, abajo, por más que Cristina minimice la interna y hable de una diferencia de visiones no agresiva, de un debate de ideas. O estalla el Frente para beneplácito de los que están a la vera del río escudriñando su cauce, o se producen renuncias, cambios de nombres y de rumbos para encontrarle la vuelta a la crisis económica y social y mirar con alguna esperanza electoral los comicios del año que viene. Se afirma que si no logran bajar la inflación la derrota está asegurada para el Frente de Todos en el plano nacional. A salvar las ropas en las provincias, entonces.
Se entiende que haya tantos aspirantes a candidatos a presidentes en la oposición, si hasta Macri vio una oportunidad para complicarle la vida a los Rodríguez Larreta, los Bullrich, los Morales o los Manes. Sólo hay que aguardar sentado al lado del río; más fácil, imposible. Si no implosionan también, claro. Únicamente deberían ponerse de acuerdo en el plano electoral, otra vez, para derrotar al peronismo. Sin embargo, surgieron inconvenientes, como las afinidades ideológicas que han comenzado a asomar y que pueden dividir aguas si es que se arma “un debate de ideas” en esa trinchera.
En Tucumán, ¿la oposición también tiene su propio río para ver pasar el cadáver del oficialismo? Todavía lo están buscando; hay visiones políticas enfrentadas, diferentes perfiles dirigenciales, desconfianza, complicaciones partidarias en la UCR e influencias extrañas; un combo que -por ahora- muestra que tendrían más dificultades que a nivel nacional para hallar una fórmula que sintetice a toda la oposición y que logre vencer al PJ en la provincia.
Además, en el oficialismo tucumano no hay un debate de ideas a lo Cristina que haga zozobrar al PJ, sino que conviven dos grupos que se mantienen juntos por conveniencia política -puro pragmatismo- y que si cierran un pacto electoral seguirán unidos para afrontar mejor la contienda comicial.
Se entiende entonces, por ejemplo, que se hable de una fórmula Jaldo-Manzur o de un binomio acordado entre el uno y el dos. Son maneras con las que el peronismo sintetiza su preocupación, una forma de tratar de que no haya tanta incertidumbre, aunque con mucha anticipación. De todas formas, debajo de esas ideas pululan y se organizan grupos internos para eventuales negociaciones por el puesto “dos” en el PJ.
Frente al escenario nacional que expone un oficialismo fracturado y encaminado hacia un fracaso electoral, en el PJ tucumano pretenden cicatrizar rápido las heridas de la última interna, mientras que Manzur y Jaldo andan a los abrazos y sonrisas impostadas, tratando de mostrar que hay unión verdadera, entre ellos. Si esa sociedad es más duradera que la de Alberto y Cristina dependerá de que se alineen los intereses de la dupla tucumana.
Y si la gestión nacional se desmadra, fracasa o no le encuentra la vuelta para mejorar el ingreso de los argentinos y asegurar el bienestar general, entonces a votar en junio en Tucumán. Bien lejos de las primarias de agosto, de las generales de octubre o del balotaje de noviembre. Para defender que la votación suceda a mitad de 2023, en el Gobierno aseguran que la inconstitucionalidad del artículo 43 de la Constitución, dispuesta en 2019, tiene vigencia. Entienden que la Justicia los ampara. Y la crisis política del Frente de Todos los apura.
Ante ese panorama de adelantamiento o repetición de fechas de los comicios, y a menos de 300 días de la presentación de candidaturas, en la oposición tucumana están más distanciados que juntos. Y arrojándose de todo, menos flores. O lanzando definiciones que por ahora entorpecen acercamientos o dificultan las futuras negociaciones internas.
En ese marco surgen afirmaciones como que tal candidatura es innegociable o que tal referente opositor tiene las mañas del peronismo y que, por lo tanto, está inhabilitado para estar en la opción opositora. Dos posturas que si bien fijan pensamientos y diferencias políticas, agrietan a Juntos por el Cambio. Más cuando la única ecuación que cierra para tratar de vencer al PJ en la provincia es con una gran coalición opositora, consensuada con un único objetivo: desplazar al oficialismo de la Casa de Gobierno. Estuvieron tan solo a 20.000 votos.
Es un camino difícil, más con el partido mayoritario de la sociedad en crisis de legitimidad debido a las numerosas irregularidades denunciadas contra la lista de nuevas autoridades de la UCR. ¿Quiénes son los interlocutores radicales en una mesa de negociación, los que están adentro o los que quedaron afuera? A quiénes reconoce CREO, el PRO, con quiénes entrará en deliberaciones Alfaro. Por el momento, nadie del alfarismo salió a responderle a la diputada Paula Omodeo, quien dijo que el jefe municipal aplica las mismas recetas del oficialismo y que, por lo tanto, no serviría en un espacio que intenta cambiar Tucumán. No rompen, pero tampoco unen.
El intendente se viene mostrando más interesado en la gestión como forma de replicar y de presentarse como alternativa al Gobierno provincial. Es el único camino político de conseguir una buena posición electoral, de la misma manera que para la gestión nacional es un contrapeso para los comicios no poder resolver la crisis económica, la inflación. La forma de gestionar, sus resultados y la evaluación ciudadana será lo que definirá en gran parte la suerte de los candidatos, de ambas orillas.
La oposición tucumana tiene demasiadas dificultades para construir una alternativa electoral, con muchos aspirantes y una única forma de resolver la manera para dirimir las postulaciones: en una interna cerrada en la alianza, por el voto de todos los afiliados de los partidos que integran la coalición. Claro, siempre y cuando no se consensúe una fórmula para la sangre no llegue al río. Porque, la elección provincial del 23 se jugará con las mismas herramientas electorales de antaño; con acople y boleta sábana, con las armas predilectas del oficialismo.
Nada de boleta única electoral, como se pretende en el plano nacional, o internas abiertas provinciales -no está contemplada en la legislación local- o un número acotado de colectoras. No hay chances de que se avance en una reforma electoral en lo que resta del año para imponer nuevas reglas para el siguiente, por más que se presenten proyectos para abrir las internas, eliminar el acople o suprimir la boleta sábana tradicional.
Vaya un dato, en Tucumán es impracticable implementar la boleta única de papel debido a la cantidad de organizaciones que se presentan a la elección. Son más de cien, lo que implicaría tener que usar una boleta tamaño afiche gigantesco, con la dificultad para el votante de que deberá buscar a sus candidatos con lupa. El acople torna imposible esta posibilidad. Y el sistema de colectoras es intocable e innegociable por parte del PJ, al menos por ahora, o hasta que se pergeñe otro sistema de votación.
O sea, a la fecha la elige el oficialismo, a la cancha la pone el oficialismo, el árbitro lo instala el oficialismo, las reglas del partido las impone el oficialismo, juega de local y con el VAR a favor. En ese marco, ¿la oposición puede darse el lujo de fragmentarse en varias listas y de no mostrar una imagen de unidad y fortaleza?, ¿hay quienes juegan en favor del oficialismo? Sobre esto último hay acusaciones cruzadas. ¿O acaso apuestan a que Jaldo y Manzur salgan separados, cada uno con su propio binomio provincial, uno por el PJ y otro por fuera? Porque no hay interna abierta y según la ley orgánica de partidos políticos las candidaturas se definen en internas partidarias cerradas. Y por como pinta la situación nacional, el gobernador de licencia y el vicegobernador en ejercicio del PE deben estar evaluando una eventual negociación para cerrar una nómina consensuada y asegurar la continuidad en el poder.
Por el lado de los compañeros, por lo que viene ocurriendo en Juntos por el Cambio, pueden tener más esperanzas de que haya una dispersión de postulaciones en la oposición y, por lo tanto, un debilitamiento de la oferta electoral opositora. Sólo tienen que poner fichas para que se peleen, o alimentar la disputa interna entre los principales dirigentes de la oposición. También se sientan a la orilla del río.








