Tras la pandemia, ¿adiós a la ronda de mates?

No compartir la bombilla parece ser un hábito que llegó para quedarse. Un estudio arrojó que sólo la mitad de los argentinos volvería a tomar la infusión con personas que no pertenecen a su círculo íntimo.

Tras la pandemia, ¿adiós a la ronda de mates?

Fue una verdadera transformación matera. Estaban habituados a armar grandes rondas de mates, acompañados de buenas charlas. Pero llegó la pandemia. Y puso bajo la lupa la tan arraigada costumbre de compartir la bombilla.

José María Villalobo y sus amigos tuvieron que comprarse equipos individuales de mate para no perder el hábito de reunirse cada fin de semana y disfrutar de ese momento. El problema fue para los integrantes del grupo que no estaban acostumbrados a cebar, cuenta. No daban en la tecla con la temperatura del agua ni con la cantidad de yerba. Al final, siempre conseguían que alguien les termine preparando la infusión.

Mariana Marcotulio, infectóloga del hospital Avellaneda, no se había dado qué tan especial era el mate en su vida hasta que llegó la pandemia. En la rutina de su trabajo, esa infusión compartida en la sala de médicos y enfermeros, tenía un rol importante de socialización que la crisis sanitaria puso en jaque.

“De todas las actividades, compartir mate es una de las más peligrosas si hablamos de contagios de covid 19. Al principio de la pandemia dejamos de tomar, pero extrañábamos tanto que nos hicimos nuevos mates con los nombres de cada una”, cuenta la profesional. Para ella, es una nueva normalidad que llegó para quedarse. “Incluso ya ni en las familias se comparte”, opina.

Janet Pujol, que se considera la fan número uno de la infusión, nunca abandonó las rondas de mates. “El mate es compañía; es un modo de incluir a alguien”, sostiene. En cambio, Graciela Yanicelli, bebedora ferviente de mate en su casa o donde vaya, no volvería a convidar a alguien que no sea de su familia. “Siempre me dio miedo el contagio de cualquier virosis y compartiendo mate la facilidad de transmitir una enfermedad es altísima”, opinó Priscila Morcos, quien se ceba mate “individual” desde antes de la pandemia.

El futuro

¿Qué va a pasar con la famosa ronda de mates? Es una pregunta que anda dando vueltas. A pesar de que prácticamente ya se han flexibilizado todas las medidas de cuidado, pocos se animan a compartir bombillas más allá de los lazos familiares. De hecho, voceros del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) consideraron que la interrupción de las rondas sociales de mate llegó para quedarse.

Especialistas del INYM consideraron que la pandemia por coronavirus modificó hábitos de manera permanente. “Sí puede ocurrir que se comparta con la pareja o con los hijos, pero ya no más entre amigos, conocidos, la familia ampliada o con compañeros de trabajo”, dijeron los expertos.

Un dato que reafirma que se comparte menos esta infusión es el incremento en la cantidad de mates en circulación, lo cual también se asocia directamente con el récord de venta de yerba que hubo el año pasado. En el mercado interno se movieron más de 282 millones de kilos, una cifra récord histórica de producción y de consumo.

También desde el ámbito académico, investigadores indagaron acerca de cómo impactó la pandemia en el hábito de tomar esta infusión nacional. Un estudio realizado por profesionales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) mostró que sólo la mitad de los entrevistados volvería a compartir el mate con personas que no pertenecen a su círculo íntimo.

Antes de la pandemia, el 96% compartía el mate en sus trabajos, mientras cursaban clases en la universidad o en encuentros en espacios con personas no consideradas amigos cercanos. De ese total, el 71% aseguró que continúa compartiendo la bombilla pero sólo con su grupo familiar o personas convivientes. El 50%, sin embargo, aseguró que cuando pase la pandemia sí volvería a las rondas de mate.

Salud y cultura

Desde el punto de vista médico,  este cambio de hábito es una buena noticia según Marcotulio, sobre todo de cara a la época invernal y al aumento de las enfermedades respiratorias estacionales.

Si hablamos desde lo cultural también hubo algunas modificaciones. Karla Johan, sommelier de mate, opina que se produjo un boom del mate: la imposibilidad de compartirlo llevó a las personas a interesarse más sobre la infusión.

“Antes era común que alguien llegue a una casa y tome un mate ya empezado o hecho de la forma que el anfitrión disponga. También había gente que tomaba porque formaba parte de un grupo y lo agarraba”, explicó la especialista.

Johan cree que después de la pandemia va a suceder lo que ya pasa en Uruguay, donde salen con los termos abajo del brazo pero cada uno con su equipo para cebar. En Siria y Líbano, por ejemplo, el consumo del mate siempre fue individual, aclaró.  

“Creo que no se volverá a compartir la bombilla. Este nuevo hábito llegó para quedarse. Aunque en un marco de intimidad seguro que sí habrá excepciones, porque tiene que ver con nuestra cultura. El mate cebado te permite la unión, la charla, mientras yo tomo, también escucho, le permito al otro hablar y al revés.  En Argentina siempre el compartir la bombilla fue sinónimo de amistad y fraternidad”, consideró la experta en una entrevista con LA GACETA. Johan considera que el mate para los argentinos significa tradición, afectos, lazos familiares y de amistad. “Es nuestro compañero de todos los días, la infusión que nos ayuda a despertarnos cada mañana, a estudiar o trabajar. Nos brinda energía natural a través de la cafeína, antioxidantes, aminoácidos, vitaminas, y minerales”, describió.

Más exigente

¿Qué otras cosas has notado que cambiaron?, le preguntamos. “El argentino pasó a ser un consumidor más exigente.  Ahora elige el recipiente con más detenimiento, así como la bombilla, y el termo. También se abrió a degustar nuevos productos, y a capacitarse, para disfrutar mejor de su mate de todos los días.  Lo observo en mis talleres on line, donde el público aprende a catar, a armar blends o bien a innovar con la yerba mate”, respondió.

Para finalizar, la sommelier se anima a haber una proyección: “creo que vamos a ser más selectivos a la hora de aceptar o compartir un mate.  El consumo quedará en la intimidad de la familia y los amigos, y en el recuerdo esos mates que nos invitaban en cualquier lugar.  El hábito no lo vamos a perder, pero también nos vamos a animar a consumir la yerba mate aplicada a otros rubros: gastronomía, coctelería, productos de belleza, etc.  Como es el caso mi cerveza Mate Beer, una Golden Ale con el aporte de yerba mate,

Mirada extranjera

En otros países lo ven como un acto irracional

“En los países en donde el mate no es una costumbre, al acto de compartirlo en forma conjunta se lo percibe como un acto irracional, por lo antihigiénico del contacto. Sin embargo, en nuestro país la ronda de mate tiene ese simbolismo tan característico que representa un diálogo en un clima de confianza y en una atmósfera íntima que identifica entre sí a los participantes y demuestra cuánto somos capaces de compartir y hasta con desconocidos”, analizó la Roxana Laks, licenciada en psicología y magister en sociología aplicada.

Laks cuenta que en  2020 desde la consultora que dirige en Tucumán, Sociología y Mercado, junto a Alejandra Belfiore y Asoc. (Bahía Blanca), han realizado una encuesta nacional entre 1.200 personas, a las cuales se les consultó cuáles serían los hábitos que pensaban que no iban a cambiar una vez finalizada la pandemia. Y el 40% respondió que no iban a volver a compartir el mismo mate. “Ya existía una clara percepción que aquello que tanto nos acercaba, se estaba convirtiendo en un riesgo”, apuntó.

“Hoy se podría decir, y a manera de tendencia, que las rondas de mate no tienden a desaparecer, lo que cambiará es el modo de consumirlo. La tradición matera, sufre ciertas modificaciones, como otras tantas conductas sociales luego de la pandemia, pero no se pierde”, concluyó.

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