¿Y si el espejo roto trae suerte?

Los que terminan presos de la imagen acaban por no mostrar nada cierto. La última semana de abril, en cambio, fue pródiga en quebrar artilugios que arrojan reflejos opacos. Y una porción sustancial del poder se exhibió traslúcido

¿Y si el espejo roto trae suerte?

Una de las armas más peligrosas de estos últimos años esgrimida por la dirigencia política ha generado verdaderas guerras, ha levantado trincheras y ha dejado profundas grietas. La historia cuenta que hace 8.000 años ya existía; pero fue en 1835 cuando el alemán Justus von Liebig le encontró la vuelta al asunto y empezó su producción masiva.

Hoy la política se abusa de esta arma. Analistas, consultores, encuestadores, foros, focus group, comunicadores, empleados y otros zánganos que se alimentan del político de turno e interpretan, opinan, estudian y trazan campañas, gigantografías, posteos y otras cuestiones propias de la propaganda para imponer la figura del jefe. Es que el político pregunta todos los días: “Espejito, espejito, quien es el mejor político de la comarca”; y estos, siguiendo lo que manda la literatura que nos enseñó Blancanieves, contestan lo suficiente para no perder el trabajo y poder festejar este domingo. Muchos políticos de hoy trabajan para el espejo: de esa manera se conforman y construye una imagen (y semejanza) especulativa, que ya no es la que han empezado a ver los ciudadanos.

No hay nada más opaco -y por lo tanto menos transparente- que un espejo. Y por lo tanto, si alguien se queda prisionero de la imagen -del rating político que construye un entorno, pagado para peor- no mostrará nada cierto. Y, finalmente, si esa persona sólo ve lo que quiere ver, no estará en un medio traslúcido.

Lo que hizo el químico alemán Von Liebig fue colocarle una capa de plata metálica a un panel de vidrio transparente y así inventó el espejo moderno. Esta semana que nunca más volverá a existir ha sido de las mejores porque algunos espejos se han roto o han perdido su pintura de plata metálica y muchas cosas se han transparentado en la vida pública.

Narcomenudeo

La Corte Suprema de Justicia dejó de mirarse al espejo y especular qué veían los diferentes sectores de poder y dictó sentencia. Como si hubiera descorrido una cortina, dejó ver, en forma transparente, qué se va a hacer en los próximos años con las cuestiones de las drogas. De alguna manera esa instancia ha abierto la decisión de habilitar la Ley de Narcomenudeo.

Esta norma sale a la cancha aún cuando se oponían algunos dirigentes (Edmundo Jiménez era el presidente de ese club de disidentes). Y más allá de las cuestiones jurídicas y de las facturas políticas, lo que implica es que de una vez por todas –y aquí está la buena noticia- se establece la responsabilidad que tiene la provincia con respecto a la circulación de droga.

La sociedad crea la marginalidad, y define a los más vulnerables -que no eligieron serlo- como marginales, outsiders, desviados. Ese rótulo se vuelve imposible de arrancar del guardapolvo de esas personas que nosotros desviamos al etiquetar así. No hay dudas de que la historia no es tan sencilla, pero tratar de entender la drogadicción y el tráfico de drogas no implica justificarlo. No se puede simplificar el foco de atención.

En ese proceso es que la política los usa cuando quiere, cuando conviene. Les quitamos las circunstancia a los más desprotegidos, pero hacemos máxima comprensión estratégica cuando decimos “bueno, no se podía”.

La cuestión del narcomenudeo no es sólo de índole judicial-administrativa. Es social, es vital. Porque de esas manos llega el veneno a los hijos de esas madres del dolor. ¿Las fuerzas de seguridad están libres de este contacto con los transas?

La droga no es otra cosa que puñaditos de muertes que pasan de mano en mano hasta que llegan a ese hijo, que muere varias veces y que sale a matar. Muchas veces las manos son las mismas o las adicciones son igual de fuertes en cualquier ámbito.

El ejercicio del poder sobre otro es el narcótico más antiguo de la historia. El poder de sentirse el hacedor que acerca la solución a un problema en el barrio, ¿cuántas chances de libertad genera? Hoy, el espejo ha atrapado al viejo dirigente o puntero barrial, y el referente es el dealer que provee la muerte envuelta en papelitos.

En Tucumán, esta semana de transparencia dice que al narcomenudeo se lo debe combatir y juzgar en el territorio. Seguramente esto va a cerrar puntos de distribución, pero para que no estimule la creatividad del negocio (el viejo adagio de “hecha la ley, hecha la trampa”), pide a gritos una imprescindible política para las adicciones y un cambio cultural que vaya más allá del estigma del adicto.

Una de las preocupaciones que más señalan quienes están en la problemática es que el adicto también quiere decir que no habla. Por eso desde hace tiempo la dirigencia política ha mantenido la idea de que de eso no se habla. Por eso han escondido y tapado cuando un legislador estaba enajenado por el consumo. Para evitar problemas cubrieron todo y miraron para otro lado, como cuando alguien del equipo hace alguna macana.

Pensemos que es como en las escuelas de antes. Los estudiantes quedaban fuera por faltas o por amonestaciones. La verdad es que siempre quisieron irse. O no asistían o entraban para que los expulsen. Y nosotros, buenos alumnos, sonreíamos por dentro, solazándonos de lo bueno que éramos...

¿Por qué los expulsados no querían estar ahí? Porque desde que entraron sabían que eran marginales, y nosotros nos encargamos de hacérselos saber. Como buenos alumnos...

El problema de la droga no es de los adictos, sino de todos. No sólo porque sean un peligro para ellos y para los demás, sino porque un adicto es una esperanza menos, una nueva derrota de nuestro mundo en convencer con oportunidades que el juego de la vida vale la pena.

El péndulo de Alfaro

Este miércoles, el estudio de LGPlay sirvió para diluir las partículas de plata del espejo del intendente Germán Alfaro.

El lord mayor venia oscilando en un péndulo que lo convertía en un palo enjabonado. Era la pata peronista de Juntos por el Cambio, pero le sacaron tantas fotos junto a Juan Manzur que desde Osvaldo Jaldo hasta el intendente más sijuancista sentían envidia (y miedo a perder poder). Esa actitud lo fortalecía por un lado, pero despertaba la desconfianza de sus colegas de la coalición opositora, por el otro. ¿Y si Alfaro cruza el Rubicón?, era la pregunta que se hacían.

Pero cuando Manzur (por entonces gobernador en ejercicio del cargo) se quedaba sin fotógrafo, Alfaro tenía un diálogo abierto con el vicegobernador. La buena relación con Jaldo sacaba de quicio al actual jefe de Gabinete, que llegó a sugerirle al jefe municipal que saliera al ruedo electoral por fuera de Juntos por el Cambio.

El péndulo de Alfaro oscilaba e incomodaba a propios y a extraños. Por eso cuando su esposa, la entonces diputada nacional, despotricó contra Macri, querían echarlo a patadas al intendente. Este zorro de la desierta política tucumana sedujo a Patricia Bullrich; leyó, presentó y habló el mismo lenguaje de Miguel Pichetto; y, por las dudas, tiene el teléfono abierto con Horacio Rodríguez Larreta. No obstante, en Juntos por el Cambio advierten que “en cualquier momento salta el charco”.

El miércoles, por la noche, en un programa televisivo de LA GACETA, Alfaro frenó el péndulo. Quedó inevitablemente transparente su posición. No escondió ni sus orígenes ni sus pensamientos peronistas, repitió el discurso opositor advirtiendo las miserias de la política y fue lapidario con las figuras que alguna vez fueron sus compañeros. Los mandobles más fuertes los recibió el cuasi candidato a gobernador. Alfaro llegó a decir que Jaldo perdió su autonomía y quedó bajo el control remoto de Manzur. Al hombre de Trancas, que desde hace meses ningunea a Alfaro, no le quedó más remedio que ocuparse de él.

El intendente de Capital, aunque no lo dijo ni lo precisó, dejó claramente transparentado que peleará la candidatura a gobernador en Juntos por el Cambio y que no hay espacio ya para hacer oscilar el péndulo. “Es hora de poner a trabajar a los equipos para tener una propuesta de gobierno”, dijo el intendente, quien reconoció que en enero ya deberían estar resueltas las candidaturas. En la oposición tucumana los perfiles de Alfaro y de Roberto Sánchez son muy claros y diferentes. Ellos corren con ventajas sobre el resto.

Profeta o torazo

Las decisiones ayudan a los ciudadanos. Generan previsibilidad y confianza. No sólo la Corte y Alfaro dieron mensajes claros. También fue importante que al filo de la semana llegaran más de media docena de senadores nacionales. La movida del senador Pablo Yedlin fue bendecida por el jefe de Gabinete, su antiguo compañero de estudios.

Hasta no hace muchos años, a Yedlin no lo saludaba ni el portero del edificio en el que vivía: ahora pudo reunir no sólo a los peronistas que prometen buscar consensos y trabajar por leyes que levanten la puntería oficialista, sino que también hizo a Adolfo Rodríguez Saa avisar que vendría y consiguió que estuviera de visita la riojana no tan Clara Vega que de tan opositora se volvió oficialista. El encuentro dejó abierto un compromiso federalista que nunca fue cierto en la Argentina, pero que ante las dificultades electorales por las que atraviesa el oficialismo, las provincias se convierten en un bastión que no pueden descuidar.

Yedlin no es profeta en su tierra. A los peronistas les cuesta reconocerle derechos, sin embargo, se siente torazo en rodeo ajeno después de haber conseguido tres leyes (una de ellas aprobadas por el macrismo) y va por la presidencia de la comisión de Salud, un trofeo que -si lo consigue- le hará subir un escalón en su carrera política.

Primero de mayo

La física no anda con vueltas, como la filosofía. No se detiene en el significado de algunas cosas, ni en las interpretaciones de los padecimientos humanos. Es simple. No se complica la vida, como lo hace la política, ni compra espejos para soñar con espejismos que den fuerzas para el futuro.

El trabajo, para Isacc Newton, era fuerza por distancia. Mientras en las escuelas se explica con fórmulas que se convierten en jeroglíficos, Newton muy posiblemente pudo encontrar sentido a su razonamiento en fábricas que producían mercancías, pero también ideas. Hay un libro titulado “Metáforas de la vida cotidiana” en el cual sus autores, Lakoff y Johnson, explican cosas muy comunes imbricadas en la industria textil. Así hablan de cadena de pensamientos, de hilar una idea, de deshilvanarse los sesos o de concatenar recuerdos. La desocupación que sigue alimentándose con la inflación a la que nadie combate en serio -y menos en forma conjunta- dejará este primero de mayo a muchísimos sin festejo. Este padecimiento no sólo deja gente sin lugar en el mundo, sino que además va diluyendo ideas y, siguiendo a los dos autores, será difícil volver al ruedo.

La definición de Newton permite inferir que para la física el trabajo no es un plan social. La fórmula sostiene que “trabajo es fuerza por distancia”, pero si el plan no tiene esfuerzo y deja al hombre quieto porque cobra sin moverse, sin hacer nada, sin avanzar un metro, a Newton se le pararían los pelos y lo dejarían sin lógica.

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