Si las elecciones son en junio, ganan todos

Son pocos los que se animan a hablar sobre las elecciones provinciales y las candidaturas en público. De manera subterránea, en el oficialismo y en la oposición las piezas comienzan a moverse. Desde hace algunos meses, un runrún generalizado da cuenta de que en la Casa de Gobierno se analizaría repetir el operativo de 2019 y volver a adelantar los comicios. Antes de ese año, las elecciones venían celebrándose a fines de agosto.

La idea es una tendencia nacional: las provincias peronistas que no tienen impedimentos legales para hacerlo ya evalúan adelantar o desdoblar, dependiendo de cada caso. La justificación general es la necesidad de despegarse de un Gobierno nacional en crisis. Una situación clave será la de la provincia de Buenos Aires, gravitante en el padrón nacional. Según analistas nacionales, pese al debate, el cristinista Axel Kicillof no desdoblaría para apostar a ir en la misma boleta que la vicepresidenta, Cristina Fernández, en el caso de que ella sea candidata.

¿Abril o junio? Los dirigentes locales consultados, de distintas vertientes oficialistas, consignaron que están listos para ir a elecciones en cualquier mes de 2023. En todos los casos, toman en cuenta un escenario de peronismo unido. Hay una advertencia: si hay división, todo podría cambiar.

Una versión inicial, que sigue vigente en algunos despachos, menciona la posibilidad de que los comicios sean en abril. Hay quienes están trabajando con esa fecha marcada en el calendario. La idea de adelantar lo más posible también está vinculada con la hipótesis de que Juan Manzur volviese antes a la provincia para ponerse al hombro la campaña junto con Osvaldo Jaldo y luego, no sólo llevar eventualmente un resultado favorable al agrietado Frente de Todos (FdT), sino también dedicarse de lleno a la campaña nacional.

Otros, con llegada tanto al Jefe de Gabinete como al gobernador, descartan la posibilidad porque afirman que sería demasiado temprano para las definiciones en el panorama nacional y evalúan que, además, quedaría una transición larga por más que vuelva a ganar el justicialismo provincial. Este grupo da por descartado que serán en junio nuevamente. Si bien sostienen que hasta esta semana se habló del domingo cuatro, ven con buenos ojos también al 11, porque para entonces ya estará cubierto el cronograma de pago de los estatales. Cuán lleno esté el bolsillo, dicen, es clave a la hora de votar.

Políticos que viajaron recientemente a Buenos Aires, expresan que Manzur pidió “cercar” Tucumán. La intención es que el PJ pueda mantenerse en el Gobierno al margen de lo que suceda en el país. Afirman que tanto Manzur como Jaldo esperarán la venia de Alberto Fernández para tomar una decisión. Si el Presidente le pide a los gobernadores que no lo “dejen solo” en la elección, se podría desactivar el anticipo. Mientras, los dirigentes tienen la orden de alistar los partidos provinciales con los que participarán en la contienda.

Aclaran que Manzur y Jaldo no están en estos momentos con la cabeza en el cronograma, sino ocupados de asuntos más domésticos, como el Gabinete.

El antecedente. Las elecciones pueden adelantarse porque hay jurisprudencia que lo habilita. La Constitución de 2006 establecía que debían efectuarse dos meses antes del fin del mandato (29 de octubre). Por estrategia del Gobierno, a fines de 2018, los representantes del Frente Renovador Victor Arias y Mariela Domenichelli se presentaron en la Justicia. El fallo declaró la inconstitucionalidad y nulidad del artículo que establecía el plazo. En el peronismo recuerdan que confluyeron varios motivos para empujar el cambio: el macrismo estaba en el poder y no tenían aún un candidato a Presidente; la figura de Manzur estaba cuestionada en el ámbito nacional (hablan de “campaña” en contra) y el fantasma de José Alperovich y el temor de que su candidatura fuera bendecida por Cristina sobrevolaba.

Los argumentos. La coyuntura nacional es clave. La salud del Gobierno y la crisis económica son fundamentales. Si ambos empeoran, los cambios en los calendarios serían salvavidas para los gobernadores. Hay, empero, otros motivos que analiza la dirigencia a la hora de fijar una fecha. El clima social es uno: hay quienes sostienen, por ejemplo, que en marzo no es aconsejable ir a las urnas porque están las paritarias y el comienzo de clases; que entre marzo y abril podría haber inundaciones y es Semana Santa y que en la primera semana del mes no todos los empleados públicos cobraron.

La dirigencia local también sostiene que cuanto más cercana es una elección nacional a la provincial es más fácil que los mensajes se mezclen. La gente termina agotada y ese malestar se refleja en las urnas.

Un punto clave del que pocos hablan es el costo. La inflación encarecerá sustancialmente la actividad proselitista. Hay dirigentes que vienen “haciendo caja” y cuentan con “espalda”, pero no es el caso de la mayoría. El año pasado, en las nacionales se pusieron en juego los liderazgos locales en el Frente de Todos (FdT) y en Juntos por el Cambio (JxC) y esto también hizo que hubiese más competencia y la necesidad de aportar más plata. Dirigentes que participaron estiman que cada línea puede haber llegado a gastar entre $10 y $50 millones, entre la previa y el día de la elección ¿Cuánto más saldrá en 2023? Estiman que al menos 60% o más si se celebra en el primer semestre.

En cuanto a lo político, hay dos apellidos que se mencionan como amenazas. El “factor Sánchez”: en voz baja en el Ejecutivo dicen tener números que reflejan un crecimiento sostenido de la imagen de Roberto Sánchez, que aspira a la gobernación, y creen que se consolidará más con el paso del tiempo. El “factor Alfaro”: el oficialismo cree que hay heridas de la interna que no cerrarán y que derivarán en que los descontentos se refugien más adelante bajo las alas de Germán Alfaro, que es opositor pero es peronista, quien también disputaría el sillón de Lucas Córdoba. Otro detalle es que el año que viene habrá otra elección a principios de año: la de renovación de autoridades del PJ.

En la vereda del frente. En JxC no tienen certezas sobre las fechas. Siguen con mucha atención las versiones. No les disgusta que se adelanten los comicios a junio. Sucede que, a diferencia de 2019, en esta oportunidad los candidatos a gobernador están perfilados. Para la misma época, en la última elección, no estaba esta ventaja. De hecho, la campaña de Silvia Elías, una figura relevante, fue relativamente corta y la definición de alianzas y acoples, sobre la hora.

En el sector que impulsa a Sánchez, remarcan que su postulante tiene los objetivos claros. Enumeran que después de haber logrado la diputación para dedicarse de lleno a recorrer la provincia y no estar atado a los problemas diarios de un municipio, pudo quedar a la cabeza de la UCR y que ahora se dedicará a consolidarse en el Frente. De hecho, mencionan que invitó personalmente a todos los actores de JxC, incluído Alfaro, al acto del viernes. Consideran un beneficio el adelanto porque su figura está en un buen momento. En esa facción creen que el Ejecutivo buscará adelantar porque no quieren quedar cerca de la debacle nacional y aseveran que optarán por junio porque para abril aún no tendrán obras para mostrar. En el alfarismo también estarían conformes con las elecciones en junio, porque cuentan con su candidato definido. El Partido por la Justicia Social (PJS) viene desde el año pasado haciendo un trabajo territorial en municipios y comunas y, por lo tanto, un adelanto no los atemoriza. De hecho, están pensando en planificar la campaña. También creen que esperar hasta agosto es desgastante para los vecinos y para los bolsillos de los dirigentes. Además, opinan que puede afectar la incertidumbre sobre qué sucederá con la situación económica y social: cuanto más tiempo pase, menos podrán prever qué pasará. En CREO, el tercer sector que cuenta con su candidato a la gobernación, Sebastián Murga, apuestan a pisar el acelerador. Consideran que tienen que estar preparados porque consideran que el oficialismo buscará perjudicarlos con el uso de un sistema electoral que consideran “absurdo”. Apelan a que JxC tiene que comenzar a tratar el asunto electoral, tal como está haciendo el oficialismo: sostienen que sí es el momento de hablar de candidaturas. Están dispuestos a competir dentro del frente o, eventualmente, en activar otros planes.

La fortaleza de JxC puede, claro, ser un inconveniente: la mesa nacional no avanzó en si harán internas abiertas o cerradas en los distritos sin PASO provinciales. Sin esta regla de juego, el tener tres referentes en carrera puede ser un factor de quiebre. En términos generales y con matices, los miembros de los espacios más numerosos del oficialismo y la oposición sienten que si las elecciones son en junio podrían beneficiarse todos.

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