Juan Bautista Yofre: “Usaron una causa sagrada con fines políticos”

“Tata” Yofre presenta en Tucumán “La Trampa”, su libro sobre la decisión militar que llevó a la guerra de 1982. En una entrevista con LA GACETA repasa ese pasado y el presente de las Malvinas.

ATOLLADERO. “La Argentina, para reclamar con seriedad, tiene que ser un país en serio”, advierte Yofre. Penguin Libros ATOLLADERO. “La Argentina, para reclamar con seriedad, tiene que ser un país en serio”, advierte Yofre. Penguin Libros

- La Trampa es, a la vez que el título de su último libro, la expresión con la que sintetiza y caracteriza las decisiones de la última dictadura militar que desembocarán en la Guerra de Malvinas. ¿Por qué?

- Se llama La Trampa porque se utilizó una causa sagrada para los argentinos y quisieron ser parte de una epopeya, aunque en su interior ellos sabían que la ocupación de Malvinas respondía a un interés político: la permanencia de las Fuerzas Armadas en el poder. La continuidad del Proceso. Es más: (Leopoldo Fortunato) Galtieri tenía una idea de permanencia en el poder mucho más allá de 1982. Entonces, Malvinas no tenía un fin sano ni santo, como le dijeron al brigadier Ernesto Horacio Crespo la noche (del 1 de abril de 1982) en que lo hicieron viajar a los apurones desde Mendoza. “Hay que cambiar el humor social de esta sociedad”, le contestó el brigadier mayor Hellmuth Conrado Weber. O como le dijo (Jorge Isaac) Anaya (miembro de la junta militar) al embajador argentino en Perú, Luis Sánchez Moreno: había que fusionar a la sociedad con las Fuerzas Armadas. Ellos veían que el Proceso militar instaurado el 24 de marzo de 1976 se les deshacía entre los dedos. No tenían salida. Eso, además de que Malvinas eran la obsesión de Anaya y la Armada.

- Los militares, ¿en verdad llegaron a creer, como dan cuenta numerosos documentos volcados en el libro, que iban a contar con apoyo internacional después del 2 de abril de 1982?

- Ellos creían que Inglaterra no iba a reaccionar militarmente. Consideraban que podía tomar medidas de tipo diplomáticas, sanciones financieras y económicas, pero que no iba a enviar una flota. Y de parte de Estados Unidos, que se iba a mantener al margen. “Hands off” (“manos afuera”) era la expresión que había utilizado en algún momento de su visita a Buenos Aires el subsecretario de Estado de EEUU de entonces, Thomas Enders. ¿Por qué? Porque Galtieri pensaba que era un socio militar de los Estados Unidos. Y lo sentía así por la colaboración del Ejército argentino con los EEUU (en contra del comunismo) en América Central. Por eso, la noche de la caída de Galtieri, en una reunión con los generales de división, él va a decir: “yo he sido consecuente con los Estados Unidos en todo este tiempo”. Y el general Llamil Reston, que era el comandante general del IV Cuerpo del Ejército, le va a decir: “sí mi general: usted fue consecuente durante seis meses. Gran Bretaña es consecuente desde hace más de 20 años”.

- Un aspecto revelador del libro es que da cuenta de que hay planes formales para recuperar las Malvinas desde la década de 1940.

- Tengo un documento de 1941 con la planificación por parte de la Armada de ocupar Malvinas. Ese fue un estudio de la Escuela Superior de Guerra y quien lo tuvo que examinar fue el teniente coronel Benjamín Rattenbach, que años después será el teniente general Rattenbach, quien va a encabezar la corte (militar) que va a juzgar a los responsables de la Guerra de Malvinas. En aquel momento, en el 41, el teniente coronel Rattenbach expresó sus dudas porque no había en la planificación ningún atisbo de cuál iba a ser la reacción británica frente a una acción como eso. Winston Churchill (primer ministro británico) nunca movió a las tropas que tenía a Malvinas durante la II Guerra Mundial (1939-1945), a pesar, inclusive, del expreso pedido de Franklin D. Roosevelt (presidente estadounidense) de enviar esa fuerza al frente de batalla en Europa.

- La Trampa, documentadamente, detalla que la operación militar planeada originalmente consistía en recuperar las Malvinas, dejar una dotación militar que mantenga la ocupación de las islas, y replegar de inmediato el resto de las fuerzas. El mentado plan “D+5”. ¿Qué ocurrió?

- Pensaban dejar una dotación ocupando las islas para después negociar diplomáticamente. El cura Daniel Martin Spraggon, que era el titular de la iglesia católica de la capital de las islas, les dice en Malvinas a los responsables de la Operación Azul-Rosario que, aunque manifestaban que no habían ido a invadir, estaban cambiando el sentido del tráfico de las calles, porque en las islas, como en Inglaterra, se transita por la izquierda. Después, el 7 de abril, Gran Bretaña anuncia que envía la flota y establece una zona de exclusión. Entonces, los militares argentinos deciden reforzar la dotación. Y el “D+5” se cae. El 8 de abril, Alexander Haig (secretario de Estado de los EEUU) está en Londres. El 9 llega a Buenos Aires. El 10 se encuentra con la junta militar. Ya está reforzada la dotación de Malvinas. Y ese día, tras conversar con Haig, Galtieri va a salir a la Plaza de Mayo y va a pronunciar esa conocida arenga que dice: “Si quieren venir, que vengan: les presentaremos batalla”. Después de ese discurso, Galtieri se va a encontrar con el embajador de Cuba, Emilio Aragonés Navarro, que volvía al país después de meses de ausencia y había arribado el 9 de abril, al igual que Haig. Y Aragonés Navarro le va a ofrecer un submarino cubano para hundir un barco inglés.

- Han pasado 40 años de la guerra. ¿Qué te evoca Malvinas?

- Malvinas me evoca una enorme tristeza. Es tras haber visto la explosión de júbilo del pueblo argentino por una operación que termina fracasando, y en la que murió gente nuestra. Yo hago una gran separación entre el soldado que fue al terreno y la decisión política en Buenos Aires. Para los que fueron a las islas, honor y gloria. Porque fueron enviados en condiciones lamentables. Desde aquel momento hasta ahora, ninguna conversación ha podido progresar. Y ahora va a ser más difícil, porque Gran Bretaña tiene una base militar muy importante. Y enfrente, en la Argentina, hay una base china. La Argentina, para reclamar con seriedad, tiene que ser un país serio. Y hoy no está demostrando serlo: una política cambiante y dependiente del presidente que gobierne, pasiones que se desbocan, importancia económica nimia, importancia militar nula, y sin importancia moral. Es muy difícil negociar de esta manera. Así que va a llevar un largo tiempo.

TOMÁ NOTA

Hoy a las 19.30

- Juan Bautista Yofre presentará su libro “La Trampa” en el Salón Abasto del hotel Hilton Garden Inn y dialogará con el periodista de LA GACETA Álvaro Aurane.

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