
La historia es tan insólita que, 10 años después, volvió a viralizarse. Una mujer que había quedado viuda decidió mudarse al panteón donde estaba su esposo e instaló una casa en el lugar.
La protagonista es Adriana Villareal, de 40 años, quien había perdido a su esposo Sergio Raneé Yede en 2010. Dos años después, los vecinos del cementerio de Dos de Mayo (provincia de Misiones) empezaron a escuchar música y a advertir movimientos extraños alrededor del nicho del difunto.
Alertados mediante llamados telefónicos, policías se presentaron en el cementerio y se encontraron con la viuda, que se había mudado al panteón para pasar las noches al lado del cajón de su marido.
La viuda contaba con todas las comodidades en el nicho: luz eléctrica con su propio medidor, cocina a gas, televisión, equipo de audio, cama y hasta una computadora con internet.
Más tarde, al ser entrevistada por Radio Libertad, explicó que lo había hecho para acompañar a su pareja porque lo amaba mucho. Al ser consultada sobre si sentía miedo por pasar las noches en tan lúgubre lugar, remarcó: “Hay que tener miedo a los vivos”.
“Cuando se ama mucho al hombre uno puede hacer ese tipo de cosas. Mi marido se merece eso y mucho más era una persona muy buena, todo lo que puedo hacer por él es poco”, argumentó.
La mujer también contó que vivía en Buenos Aires y que no tenía dinero suficiente como para poder pagar un hotel cada vez que viajaba a Misiones para visitar a su esposo muerto. Así fue como surgió la idea de construir la “casita” en el cementerio con parte del dinero que el hombre le había dejado como herencia.







