La caída del “Malevo”: el "vuelto" no tardó en llegar

Segunda parte.

LÍDER. “El Malevo” Ferreyra liderando a los policías en la protesta que realizaron los miembros de la fuerza en 1990. LÍDER. “El Malevo” Ferreyra liderando a los policías en la protesta que realizaron los miembros de la fuerza en 1990.

Los que conocieron o trabajaron con Mario Oscar “El Malevo” Ferreyra, lo definieron como un hombre impulsivo que actuaba sin pensar. El ex comisario pudo haber sido astuto en el mundo en que se movía, que siempre estaba en el límite con la ilegalidad, pero no en la vida real. Como se verá a lo largo de esta serie de notas, siempre perdió cada vez que el poder político le dijo que apostara a algo o alguien. Tanto es así que jamás se imaginó que la denuncia pública que hizo en contra de 10 jefes policiales tendría un efecto bumerán. Hablando en criollo, no pensó que rápidamente recibiría “un vuelto” que lo pondría detrás de las rejas.

Con el tiempo se supo qué había motivado al ex jefe de la Brigada de Investigaciones a denunciar a sus compañeros. “ ‘El Malevo’ estaba insoportable en esos días. (Julio César) ‘Chiche’ Aráoz y (Ronald Bradis) Troncoso le dieron demasiadas alas durante la intervención a la Provincia. Él creyó que sería el nuevo jefe de Policía, pero en realidad, (Ramón) ‘Palito’ Ortega y (José Ricardo) Falú le habían bajado el pulgar porque lo consideraban un mal policía”, indicó Aráoz en una larga entrevista que mantuvo con LA GACETA antes de que falleciera. “Y lo más llamativo es que las autoridades se lo hicieron saber y por esa razón salió con ese cúmulo de mentiras a lastimar a todo el mundo. Actuó de puro despecho”, añadió. “Los cordobeses le habían prometido de todo. Le dijeron que conversarían con Ortega para que llegara a ser jefe de Policía, pero no pasó nada y él se enojó”, señaló René Albornoz, uno de los efectivos que fue condenado con el “Malevo”.

EN LA ESCENA DEL CRIMEN. Ferreyra dialoga con un perito donde fueron abatidos dos de los tres asaltantes que capturaron en Salta. EN LA ESCENA DEL CRIMEN. Ferreyra dialoga con un perito donde fueron abatidos dos de los tres asaltantes que capturaron en Salta.

El periodista Rubén Rodó, que fue analista político en LA GACETA, escribió sobre esta cuestión a los pocos días de haberse desatado el escándalo: “en largas tertulias se habló de qué es lo que se debía hacer y cuál era la estrategia más conveniente a desarrollar con las fuerzas de seguridad. En algo hubo un acuerdo total: hacer una limpieza progresiva, pero en profundidad, con la consecuente purga de los cuadros policiales, actuando con extremada cautela. Fue el propio Falú quien se reunió con la alta cúpula y ahí dejó absolutamente en claro que no estaba dispuesto a aceptar ningún condicionamiento. Sin duda, a su memoria volvía lo sucedido con (José) Domato y (Fernando) Riera, que se vieron acorralados y obligados a ceder constantemente. La consecuencia fue que cayó por tierra el principio de autoridad que ningún gobierno puede abdicar”. Está claro entonces que las autoridades del gobierno de esos días tenían un solo objetivo en mente: sacarse de encima a todos los malos policías, entre ellos al “Malevo”.

INTERNA POLICIAL. Héctor Palacios caricaturizó al gobernardor Ramón Ortega y a su ministro de Gobierno Falú. INTERNA POLICIAL. Héctor Palacios caricaturizó al gobernardor Ramón Ortega y a su ministro de Gobierno Falú.

Reunión clave

Los problemas entre el “Malevo” y los otros oficiales se iniciaron en marzo de 1990, durante un autoacuartelamiento de la fuerza, una de las últimas grandes huelgas de la policía. “Me puse a la cabeza por la falta de conducción”, aclaró en su momento. Nadie le dijo nada y mucho menos le cuestionó algo porque sabían que nadie del poder político movería un dedo por el miedo que le tenían. El ex jefe de la Brigada de Investigaciones era un líder indiscutido dentro de la fuerza. Cada vez que él estornudaba, toda la tropa se abrigaba.

Pero el gran conflicto se desató en el despacho del titular de la fuerza, Víctor Rubén Lazarte. Del encuentro participaron toda la cúpula de la fuerza. Sus compañeros no dieron demasiadas vueltas: le exigieron que se integrara al resto de la fuerza y respetara la verticalidad de los mandos. “Ferreyra era demasiado independiente y fueron cuestionados los métodos utilizados por sus hombres y el uso casi folclórico del sombrero”, publicó LA GACETA en su edición del martes 3 de diciembre. Meses después, el mismo Ferreyra confirmó esa charla que, por supuesto, fue bien subida de tono.

DENUNCIANTE. El ex comisario Víctor Aráoz  aportó varias pruebas contra el “Malevo”. DENUNCIANTE. El ex comisario Víctor Aráoz aportó varias pruebas contra el “Malevo”.

Lo que parecía ser una conversación “picante” en la que se aspiraba a acercar posiciones, terminó siendo una bomba que nadie pudo desactivar. Sin medir el peso de sus palabras, después del encuentro, Ferreyra señaló: “Me llamó la atención que en el día de la Policía nadie de Investigaciones haya recibido distinción alguna. Parece ser que el jefe de Policía se olvidó de las bandas de asaltantes que se desbarataron, de los procedimientos que se hicieron por las maquinitas de carreras, juegos de azar, de los 20 seudopolicías (asaltantes que se vestían de policías, capturados en Banda del Río Salí), de los piratas del asfalto y otros”. Pero como nadie le prestó atención (muchos creían que era la típica reacción de un despechado) hizo la denuncia que generó un sacudón institucional que se sintió a lo largo y a lo ancho de la provincia.

El contraataque

La fiscala Silvana Sánchez Tardán actuó de oficio y comenzó a investigar la denuncia que realizó Ferreyra por enriquecimiento ilícito en contra de varios de sus camaradas. El mismo día en el que se hizo pública (el 1 de diciembre de 1991) convocó al ex comisario para que ratificara o rectificara sus dichos. “El Malevo” acató sin chistar la orden y con tono firme repitió cada una de las palabras que dio a conocer a través de las declaraciones que fueron publicadas por LA GACETA. Pero redobló la apuesta: le prometió a la funcionaria entregarle todas las pruebas para demostrar sus dichos. El 3 de diciembre, de manera sorpresiva, los demandados Aráoz, Julio Brito, Carlos Martínez, Camilo Orce, Raúl Miranda, Enrique Díaz, Mario Senco, Alberto Alcaraz, Néstor García y Ricardo Sánchez, se presentaron en Tribunales para ponerse a disposición de la justicia. Pero la investigadora los envió a sus casas porque todavía no había motivo alguno para su citación.

LA INVESTIGADORA. La fiscala Silvana Sánchez Tardán investigó la denuncia de Ferreyra. LA INVESTIGADORA. La fiscala Silvana Sánchez Tardán investigó la denuncia de Ferreyra.

Al mismo tiempo, enviaron una extensa nota al jefe de Policía informando sobre su presentación en la Justicia. “Nos pusimos a disposición para facilitar el pronto esclarecimiento de los hechos que agravian y agreden no sólo a nuestras personas sino a toda la institución”, señalaron en la misiva. “Este es un artero ataque a nuestras personas, al que sólo responderemos por los canales previstos por la ley”, añadieron.

Los oficiales agregaron: “esta es una muestra más de nuestra profunda convicción de que es en el marco legal donde debemos desenvolvernos en todo momento quienes desempeñamos tan dignas funciones. Este es un nuevo esfuerzo que hacemos, junto a nuestras familias, para que la institución se reencuentre con su debido funcionamiento, cumpliendo las órdenes impartidas por la superioridad”. Los comisarios eligieron un discurso para atacar a Ferreyra: cuestionar los excesos que había cometido a lo largo de su carrera. Y tenían un as bajo la manga para aplicarle el golpe de gracia.

En Tribunales la denuncia de Ferreyra generó un maremoto de preocupaciones en el Poder Judicial. El ministro fiscal interino de la Corte Suprema de Justicia, Alfredo Barrionuevo, decidió apoyar el trabajo de Sánchez Tardán con el nombramiento de dos pares para colaborar en la pesquisa. Eligió a Eudoro Albo, actual integrante del Colegio de Impugnación, y a la fallecida Joaquina de los Ángeles Vermal. El primer paso fue pedirle al ex hombre fuerte de la Brigada de Investigaciones que cumpliera con su promesa de entregar pruebas de sus dichos. “Si hubiera tenido tiempo, hubiera organizado procedimientos para investigar a cada uno, pero me apresuré a denunciarlo públicamente cuando advertí que sería removido de mi cargo”, explicó el “Malevo” cuando ya estaba fuera de la fuerza y, reconociendo de alguna manera que había cometido un grosero error que no podía corregir para tratar de revertir un final cantado.

El golpe de gracia

Con el correr de los días, los funcionarios policiales fueron aportando pruebas para demostrar que Ferreyra había mentido sobre su patrimonio. Por ejemplo, el comisario al que señaló tener grandes campos con hacienda en el este de la provincia, llevó documentación para demostrar que lo había recibido de una herencia. El supuesto dueño de una lujosa casa comprobó que en realidad la alquilaba. Así los denunciados fueron defendiéndose hasta que la Justicia decidió archivar la causa por falta de evidencias.

Pero faltaba algo más. El golpe de gracia o el “vuelto”, si se prefiere, para el hombre que había truncado sus carreras. Alcaraz se presentó en la Justicia y pidió que se investigue a Ferreyra por el supuesto enfrentamiento que se había registrado en Laguna de Robles el 10 de octubre de 1991. Y aportó el nombre del agente Luis Dino Miranda como el hombre que podía aportar las pruebas necesarias para demostrar que los tres delincuentes habían sido ejecutados.

Oficialmente se dijo que personal de la Brigada de Investigaciones había recibido un dato -esos que nunca se llegan a confirmar- de que la banda que había cometido varios resonantes asaltos en la provincia iba a regresar de Salta por una ruta alternativa. Los policías, al descubrir que los sospechosos cruzaban el puente sobre el río Urueña, le dieron la voz de alto. Los ocupantes del Fiat 125, lejos de acatar la orden, comenzaron a disparar en contra de los hombres de Ferreyra. Los efectivos respondieron e hirieron mortalmente a José Adolfo “Coco” Menéndez y a Hugo José “Yegua Verde” Vera. También se especulaba que un tercer hombre había escapado herido. El cuerpo de Ricardo “Pelao” Andrada fue encontrado tres días después, a unos 500 metros del lugar donde se informó que se había producido la balacera.

La denuncia de Alcaraz, que se conoció a los tres días que estallara la bomba encendida por el “Malevo”, generó más conmoción en la provincia. Antes de que se acabara el año, el jefe de Policía pasó a retiro a ambos comisarios. Ferreyra terminó tras las rejas y Alcaraz, además de transformarse en un importante empresario de la seguridad privada, llegó a ser titular de la fuerza.

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