La caída de “El Malevo”: una denuncia, el principio del fin

Primera parte.

ATRAPADO. Mario Oscar Ferreyra fue detenido el 3 de marzo de 1992 en Zorro Muerto. ATRAPADO. Mario Oscar Ferreyra fue detenido el 3 de marzo de 1992 en Zorro Muerto.

El 3 de marzo de 1992, hace exactamente 30 años, un alarido quedó grabado a fuego en la historia de la provincia. “¡Entregate, Mario!”, fue el grito de la joven María de los Ángeles Núñez, que hizo retumbar el desolado paraje de Zorro Muerto donde se había ocultado Mario Oscar “El Malevo” Ferreyra, después de haber protagonizado una histórica fuga. Herido en uno de sus hombros, el ex comisario que juró morir antes que entregarse a las autoridades, luego de que fuera condenado a prisión perpetua por el triple crimen de Laguna de Robles, no hizo ni un disparo. El ex jefe de la Brigada de Investigaciones, acostumbrado a infundir terror con su novelesco atuendo de camisa negra, sombrero blanco tipo Panamá, arma en la cintura y látigo en la mano, se rindió después de escuchar el desesperado pedido de esa mujer que tenía cara de niña. Le hizo caso y, a partir de ese momento, comenzó a vivir los años más grises de su vida.

El principio del fin del hombre duro de la fuerza policial comenzó el 1 de diciembre de 1991. Ese día LA GACETA publicó un duro comunicado de prensa que generó un enorme sacudón institucional. “Ha llegado el momento de decir que estamos hartos de contar en nuestras filas con elementos de altas jerarquías que abandonaron totalmente los apostolados de brindar seguridad a las personas y sus bienes, garantizar el orden para llevar paz a los hogares y, aún a costa de nuestro propio riesgo de vida, hacer respetar las leyes vigentes en aras del cumplimiento de nuestro deber”, decía el comunicado.

“El Malevo” dijo que hacía un año había prometido que daría nombres y “al no haberse logrado la rectificación de rumbos equivocados” cumplió con su palabra. Apuntó a los comisarios Julio José Brito (segundo jefe de la Unidad Regional Capital), Ricardo Oscar Sánchez (jefe del Departamento Logística), Víctor Rubén Aráoz (segundo jefe de la Unidad Regional Norte), Juan Carlos Martínez (jefe de la Zona A de la URC), Mario Ernesto Senco (jefe de la seccional 6ª), Raúl Eduardo Miranda (jefe del departamento de Informaciones Policiales), Alberto Ignacio Alcaraz (jefe de Comunicaciones Policiales), Enrique Díaz (jefe de la División de Toxicomanía y Narcotráfico) y al subcomisario Francisco Camilo Orce (titular de la comisaría de Los Aguirre).

Ferreyra los acusó abiertamente de satisfacer “ambiciones desmedidas y de enriquecimientos ilícitos”. “Están procurando por todos los medios producir fracturas en las filas policiales, muy especialmente desde la crítica desleal a sus pares y aventando supuestos deslices de subalternos. Sólo atienden al reducido grupo de cómplices que los secundan”.

Y el ex comisario redobló la acusación al señalar: “tienen en mente procurar ubicaciones estratégicas en la conducción de la fuerza, para plasmar sus ambiciones económicas desmedidas. Se están enquistando en las comisarías, donde se responde a las víctimas que no se puede actuar por falta de personal, medios en general. Ya ni siquiera hacen que se reciba denuncias”.

EXCLUSIVA. “El Malevo”, el día que hizo la explosiva denuncia contra sus compañeros. EXCLUSIVA. “El Malevo”, el día que hizo la explosiva denuncia contra sus compañeros.

“Han entornado al jefe de Policía, presionándolo para que tome medidas en su favor, especialmente para desmembrar la Dirección General de Investigaciones en procura de despejar el camino y llevar a la práctica sus aviesas intenciones”, sostuvo. “Jamás se los ve -dijo- especialmente los fines de semana, conduciendo operativos en función de prevenir el delito, dejando que los subalternos carguen con todas las responsabilidades. Hago notar que no se pemitirá más que a la institución se la siga usando como una empresa financiera”, finalizó.

Las palabras del comisario hicieron estallar una bomba en la provincia. Ese mismo día, la ex fiscala Silvana Sánchez Tardán actuó de oficio y citó a Ferreyra para que ratifique o rectifique la denuncia que había publicado LA GACETA. Ferreyra se presentó ante los investigadores y puso en máxima velocidad el ventilador de denuncias. Aseguró que Díaz apoyó policialmente a un tratante de personas de apellido Martínez que tenía un motel en Jujuy al 1.400. “El tal Martínez lo buscó en una oportunidad para que le autorizara la apertura de un prostíbulo en calle Avellaneda y que la negativa de Ferreyra generó la reacción de Díaz. En una reciente reunión de mando -agregó- Díaz lo acusó de ser obsecuente con la ex intervención federal, a cuyos funcionarios -y al mismo Ferreyra- calificó de “zurdos”, publicó nuestro diario.

“El Malevo” no paró más. Ratificó todas las acusaciones en contra los demás jefes y fue analizando la situación de cada uno de ellos. Por ejemplo, denunció que Alcaraz era dueño de una agencia privada de seguridad (se habría llamado Azul) y dos automóviles nuevos, una casa de grandes dimensiones en Banda del Río Salí y un departamento en Mendoza al 400.

Sobre Brito dijo que tenía “más bienes de que los que podría adquirir con el cargo que posee: una valiosa casa de dos pisos, administra o adquirió una finca en Leales, donde posee entre 500 y 1.000 cabezas de ganado”. Aclaró que esto podría estar a nombre de su hermano Miguel Brito, carnicero de la zona. Y también anunció que oportunamente daría precisiones sobre los restantes involucrados en su denuncia.

FIRME. El ex jefe de Policía Víctor Lazarte puso en disponibilidad a Ferreyra por la denuncia que realizó. FIRME. El ex jefe de Policía Víctor Lazarte puso en disponibilidad a Ferreyra por la denuncia que realizó.

El jefe de Policía, Víctor Lazarte, después de haber leído el diario el domingo a la mañana, decidió separar a Ferreyra como director de la ex Brigada de Investigaciones y lo puso en disponibilidad. “Esta jefatura en ningún momento tuvo intención de alguna de desmembrar a investigaciones. En lo que se respecta a su denuncia -añadió- hay que esperar la tarea de la Justicia, que será la encargada de dilucidar la cuestión”, indicó luego de confirmar que se había iniciado un trámite administrativo en la fuerza en contra de los denunciados.

“Existe una total subordinación a los mandos naturales y hasta el momento no hubo ningún tipo de novedad en toda la provincia en lo que a la fuerza se refiere”, agregó, tratando de llevar algo de tranquilidad a la sociedad, que veía esta disputa como un nuevo riesgo de autoacuartelamiento de la fuerza, al caer en desgracia el titular de la Brigada.

La gran pregunta es por qué el hombre más poderoso de la Policía de esos tiempos se animó a realizar semejante denuncia. También sorprendió que la haya hecho en contra de personas que en algún momento estuvieron a su lado. Con Orce, por ejemplo, habría integrado un grupo de tareas durante la última dictadura. También acusó a Aráoz, el comisario que habría hecho la vista gorda en varios de los excesos que cometió, entre ellos, la ejecución que sufrió Enrique “Prode” Correa.

Han pasado más de 30 años de ese planteo y las dudas aún persisten. El columnista de LA GACETA Juan Manuel Asís, en un Panorama Tucumano publicado el 3 de diciembre de 1991 lo explicó. “¿Por qué Ferreyra actuó como actuó? Nadie tiene la respuesta exacta. Algunos sugieren que quiso oponerse a una posible división de la Dirección de Investigaciones, pero el ministro de Gobierno José Ricardo Falú aseguró que no se desmembrará. Lo que sí se puede afirmar es que dio un paso temerario cuyo final no se vislumbra. Tal vez su actitud respondió a un mensaje de Lazarte, con motivo de la Semana de la Policía”, indicó.

“¿Qué dijo el jefe de la fuerza? Destacó que se restableció el orden interno optimizando los servicios a la comunidad, ‘esto atiende a eliminar las actitudes individualistas -señaló- que se contraponen a los lineamientos del contexto y de la conducción ilegítima. Tenemos que poner fin a la cultura de la anarquía en los cuadros policiales, las intrigas, y los grupúsculos que invocan poderes paralelos’. Lazarte salió fortalecido en esta especia de interna, si así se le puede llamar, ya que cuenta con el total respaldo de los miembros del Poder Ejecutivo para accionar libremente en la fuerza, aunque muy de cerca es seguido por el ojo atento de Falú, que por todos los medios quiere evitar un problema mayúsculo en este sector, responsable de la seguridad pública”, escribió Asis.

El mimado

Ferreyra estaba acostumbrado a hacer lo que quería en la fuerza. Los gobernadores Fernando Riera y José Domato le temían, y mucho. Él era el líder natural de la Policía y toda la tropa lo seguía. “El Malevo” estuvo al frente de todos los levantamientos que sacudieron la paz institucional de la provincia. El interventor de la provincia Julio César “Chiche” Aráoz cambió de estrategia. No lo vio como un enemigo, sino como un aliado que ascendió de manera irregular. Aráoz hizo la vista gorda sobre todos los excesos que cometían el “Malevo” y su gente, muchos de los cuales habrían formado parte del Comando Atila y a los que el ex jefe de la fuerza Lazarte calificó como “grupúsculos”. No advirtió -o no quiso darse cuenta- de que estaba alimentando una figura indomable que no tenía problemas en actuar fuera de la ley.

UN ACTO. El cordobés Ronal Bradis Troncoso entregando una distinción al jefe de la Brigada. UN ACTO. El cordobés Ronal Bradis Troncoso entregando una distinción al jefe de la Brigada.

Hubo una situación que terminó de fortalecer la relación entre los funcionarios y Ferreyra. Ex hombres de la fuerza contaron que el ex interventor lo convocó a una reunión en la Casa de Gobierno donde también estuvo presente el ministro de Gobierno, Ronal Bradis Troncoso. El encuentro no se había desarrollado para planificar o hablar de seguridad, sino que los cordobeses lo llamaron para pedirle una atención. Un empresario de Córdoba se dedicaba a la venta de automóviles 0 km con un sistema particular. Los clientes entregaban un anticipo mínimo y al resto lo financiaba en cuotas. El comerciante le envió una lista de morosos tucumanos a su amigo “Chiche” -otra versión indicaría que el demandante era en realidad cliente del estudio jurídico que ambos tenían en “La Docta”- para ver si podían regular su situación. “El Malevo” y su gente recibieron esa tarea. Los brigadistas fueron recorriendo casa por casa de los deudores y lograron que se pusieran al día ante el riesgo de que les quitaban los autos que estaban prendados. Así nació una amistad que quedó sellada cuando el comisario le regaló su sombrero blanco Panamá antes de que el interventor dejara su cargo.

“Venían en patota y te avisaban que que estabas debiendo plata. Te entregaban un plan de pago y daban unos días para que solucionaras. Si no lo hacías, te amenazaban hasta que les entregabas el auto. Era el plan perfecto porque sabía que le teníamos miedo y que nadie se atrevería a denunciarlo”, explicó Julio Gutiérrez, que sufrió en carne propia el novedoso e ilegal sistema de cobro.

“Por culpa del zángano de mi cuñado pasé por un pésimo momento. Le puse mi nombre para que se comprara un auto y lo trabajara como remise. Nunca pagó y después fueron a buscarme. Les expliqué cómo venía la mano y me obligaron con arma en mano, a llevarlos hasta la casa de mi pariente. Justo estaba descansando; los canas de la Brigada le quitaron el auto y cuando intentó resistirse, le pagaron dos chirlos y ahí se acabó todo. ‘El Malevo’ controlaba todo y no hizo nada. Así era el hombre que todos admiran: un apretador con chapa de policía”, resumió Esteban Saavedra.

Aráoz fue uno de los comisarios al que Ferreyra había denunciado. Antes de morir, el comisario le dijo a LA GACETA: “No hay que dar muchas vueltas para entender este asunto. ‘El Malevo’ nunca logró el ascenso por su carrera, sino que lo hizo a través de méritos extraordinarios. Y esos méritos fueron las personas que mató en supuestos enfrentamientos y por los que fue investigado en varias oportunidades”.

Su caída empezaba a producirse. Nunca se imaginó que su denuncia terminaría llevándolo al penal de Villa Urquiza.

Mañana, la segunda entrega: El "vuelto" contra el "Malevo" tardó muy poco en llegar.

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