

Carlos Duguech
Columnista invitado
Tanto le costó a nuestro país ingresar a Naciones Unidas como miembro fundador en los tiempos de la Conferencia de San Francisco (abril de 1945) que, ante la oposición de la URSS, por el neutralismo (o no beligerancia) en la II GM casi se queda afuera. Un sector de las fuerzas armadas argentinas de tinte nacionalista (GOU) se evidenciaba germanófilo, desde mucho antes de la II GM y de la Alemania nazi. En la Conferencia de San Francisco (abril-mayo 1945) se votó el 30 de abril la admisión de Argentina. Treinta países apoyaron la condición de miembro fundador con los votos en contra de la URSS, Yugoslavia, Checoslovaquia y Grecia, con dos abstenciones. El 30 de abril, la Argentina “filonazi” es aceptada (por 30 votos) en la ONU. Ese mismo día, se suicidaba Hitler en su bunker. Un fuerte simbolismo (el número 30) que se destaca a propósito y que remite casi con naturalidad a un dicho recurrente: muerto el führer se acabó el nazismo.
Solamente pudo aceptarse a nuestro país como miembro fundador a cambio de que se aceptara en igual medida a Ucrania que, si bien era un país ya integrante de la URSS, adquiría una individualidad ¡al estilo occidental! Nos debemos ese favor con Ucrania por consentirnos miembros fundadores simultáneos de la ONU. La desarticulación de ese complejo llamado URSS en 1991 implicó que sus 15 países se dispersaran a su turno. Ucrania se anticipó. Declaró su independencia de la URSS el 24 de agosto de 1991, meses antes de la renuncia de Gorbachov y el anuncio formal del fin del sistema de siete décadas de la Unión Soviética. La historia de Ucrania admite muchos accesos que, lejos de conformar una línea previsible, es como un diagrama en diente de sierra, por años. Un nacionalismo ucraniano que sobrellevó penurias, en tiempos de Stalin. Llegaron a prohibirse en sus escuelas los textos en ucraniano para imponer el ruso, entre otras medidas propias de una dictadura feroz de represión y muerte.
En la encrucijada
¿La invadirá Rusia, la de Putin? ¿Para eso tiene tanto despliegue de militares y equipos en la frontera? ¿EE.UU., capitaneando la OTAN y algunos miembros de la Europa Occidental le harán frente a Putin si invade Ucrania? La OTAN originaria “compensada” por el Pacto de Varsovia, caído en 1991 con el muro berlinés es otra OTAN, en otro tiempo ¿Será una guerra con escalamiento y llegará a parecerse a lo que se supone: ¿La III GM? Se puede adherir a un no, que no será del todo “no” porque será la consecuencia de nutridos intercambios de gestiones, amenazas, promesas e incumplimientos de cada parte. ¿Y si Rusia avanza con bases en países latinoamericanos o del Caribe para “empatar” con una Ucrania en la OTAN en las narices de Moscú? Se nos aparecen los días de la crisis de los misiles desde Cuba y el pugilato Kennedy-Kruschev (1962) que tanto atemorizó al mundo.
A eso juega Putin. Reconocer a repúblicas ucranianas separatistas Donetsk y Lugansk. Y envía “fuerzas de defensa” pidiendo al parlamento permiso para enviar tropas “al extranjero”. La OTAN, no toda, conforma el necesario bloque para afrontar la cuestión. España, Alemania e Italia dependen de Rusia. De su gas, nada menos. El punto más débil de la OTAN en su enfrentamiento con Rusia ¿Y Crimea? Fue hace ocho años, mucho tiempo para resolverlo ahora, como ejemplo. La diplomacia debe activarse para “aprender” de Putin, conocer a Putin. No invadirá Ucrania a menos que desde Ucrania y algún desorbitado de la OTAN ataque con la doctrina perversa de la “guerra preventiva” (¿Irak? Sí, Irak)
Los fuegos demorados de la guerra
A nadie le conviene. Menos a Rusia: demasiados adversarios, demasiado cerca como nunca antes en la Guerra Fría los ejércitos de la OTAN ahora más amplia que antes y ya sin en escudo del Pacto de Varsovia. Los que hasta hoy más ganaron con la guerra que no empezó fueron los promotores de las “hipótesis de conflicto”. Vienen equipando, con el apoyo de cierta prensa, a los países que necesitan armarse más. Casi un lugar común.
¿Tenía necesidad, Putin, de decirlo?
Lo dijo en una larga exposición. Habló de que a nadie le conviene la guerra. Pero mencionó el gran poder nuclear bélico de su país. Macron lo escuchaba.











