El arduo camino a la concreción de las obras

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 20 Febrero 2022

Una suerte de emoción se desparramó por la piel tucumana con la batería de anuncios de obras para hacer o estudiar y de problemas para resolver que se hicieron en los últimos días, y sobre todo en la semana que pasó. Autovía a Las Termas; ampliación de la nueva traza de la ruta 38 desde Famaillá a Monteros; iniciativa para estudiar y financiar la reformulación del Canal Sur, entusiasmo del Gobierno nacional y el de Catamarca -tras el viaje presidencial a China- para financiar la obra el Potrero del Clavillo y hasta la expectativa de que se van a hacer los arreglos del puente ferroviario sobre el río Salí para que pueda llegar el tren Buenos Aires-Tucumán a la estación de plaza Alberdi. Sin contar que el año pasado se anunció la reparación de la ultra agrietada ruta 307 desde El Infiernillo hasta Amaicha, obra que ya debe estar en ejecución. ¿No será mucho anuncio? En algunos casos se puede ver que hay bastante de ilusión pero en otros se puede prever la concreción: “esto lo podemos hacer porque tenemos un Presidente que obra con un total federalismo… y porque tenemos un jefe de Gabinete como Manzur que nos ayuda con todas las gestiones”, dijo, eufórico, el gobernador interino, Osvaldo Jaldo.

Por debajo de los elogios, una fuente explicó que se dio la oportunidad a proyectos que estaban en Buenos Aires desde hace años y a los que no se les daba importancia, pese a que forman parte de las expectativas añejas de los tucumanos.

Dos décadas de espera por la nueva 38

Por ejemplo, la nueva ruta 38, que hace poco fue objeto de análisis crítico por los empresarios del Sur, que dijeron que es insuficiente por el intenso tránsito y las necesidades de la población; y que ya ha sido escenario de accidentes. Ahora se dice que la nueva calzada Famaillá-Monteros se licitaría en junio. Y acá hay algo que decir: pasaron 18 años desde que se comenzó a ejecutar esta autopista (así se había anunciado en 2001) y aún no se han terminado los problemas del tramo Aguilares-Alberdi, inaugurado en 2015, que está cerrado por arreglos.

Se entiende que por la crisis de 2001 se decidió hacer sólo una calzada (la Nación decidió, así como ahora decide con su “total federalismo”) mientras Tucumán mantiene, a lo largo de las décadas, una característica de total dependencia de las decisiones del Gobierno central con respecto a las obras trascendentales para la provincia. ¿Cuántos años pasarán hasta que se termine la autopista nueva 38 hasta Alberdi? La primera calzada, hecha con imperfecciones que no han merecido sanciones, se hizo en 11 años. ¿La segunda insumirá igual tiempo y verá su final (ojalá que sin imperfecciones) en 2033?

Sobre la Autopista a Las Termas no hay objeciones: incluida en presupuesto nacional cada año desde 2013, parece necesario para superar el nivel extremo de accidentes que tiene aquí y en Santiago del Estero por el uso intenso de todo tipo de vehículos, desde camiones de zafra hasta carros tirados por caballos. En una nota de “Panorama Tucumano” de 2017, los vecinos pedían la obra y al mismo tiempo reclamaban que “estamos inmunizados ante las mentiras”. ¿El proyecto que se pone en marcha resolverá el nudo crítico del sector de ingreso a Tucumán por San Andrés, tal como se mostró en una producción de hace 10 días de LA GACETA? Ahí se vio una peligrosísima y caótica tierra de nadie en la que los funcionarios de tránsito culpaban a los automovilistas de hacer lo que quieren. Un lector, hace dos días, dijo en una carta que es más importante resolver este intríngulis que la autovía. En fin…

De la necesidad de reparar el Canal Sur no caben dudas: a 40 años de su construcción, está destruido por casi todas partes y recibe un caudal de agua agravado por el crecimiento urbano y por la decisión (de alguien en el gobierno tucumano) de no construir un canal derivador hacia El Manantial cuando se entubó el zanjón del canal 9 del Boulevard 9 de Julio. Y, obvio, porque no fue mantenido: las losas se cayeron y no se las reconstruyó. El Canal Sur es objeto de peleas entre Provincia y Municipalidad desde siempre. La obra, cuando se haga -si se hace- será costosísima. Tendrá encima el peso de la gigantesca urbanización de Yerba Buena, que ya está generando complicaciones a todos los canales, como el Caínzo-Las Piedras, que también tiene destruidas sus losas y que -casualmente- termina en el Canal Sur.

Grieta en el potrero

La ilusión de Potrero del Clavillo entra en una grieta compleja. Aparece como la gran solución a la necesidad de suministro eléctrico de Catamarca y de riego y provisión de agua para el sur tucumano. Ya en 2016 fue objeto de un amplio debate cuando fue presentado por el gobierno de Macri y se lo incluyó en el presupuesto nacional. El legislador radical José Ricardo Ascárate, que entonces estaba a cargo del Plan Belgrano, dice que el proyecto se cayó cuando el gobernador Manzur no quiso que se afectara el 15% del costo de la obra con la coparticipación. Ascárate dice que ahora la Nación quiere entregárselo a los capitales chinos que van a aprovechar la facturación de 31 millones de dólares al año por los 310 gigas de energía que producirá. “Tucumán se negó y en esa época se comenzaron del mismo modo el dique Cruz bajada en Santiago del Estero y ya se terminó el dique El Bolsón, entre Santiago del Estero y Catamarca, al sur de Frías”, dice Ascárate. ¿Se intenta ahora reparar una mala decisión de hace seis años? Hay que verlo.

En 2016 ya hubo polémicas por la necesidad y utilidad de Potrero del Clavillo y su incidencia sobre el proyecto del cercano dique El Naranjal, que se ubicaría en la zona de Alpachiri. El ingeniero Franklin Adler, que participó en los 70 en los estudios sobre Potrero del Clavillo, dice que es una obra innecesaria y contraproducente, producto de un “comportamiento pueblerino”. “Los 310 Gw-h anuales ascienden a apenas el 10% del consumo actual de la provincia de Tucumán, el 15% del de Catamarca y 6,5% del conjunto de ambas. Los requerimientos de Tucumán y el NOA frente al sistema eléctrico nacional son ínfimos y pueden ser fácilmente abastecidos desde el SADI (Sistema Argentino de Interconexión) ya que son, en conjunto, menos del 4% del mercado eléctrico nacional”, dice.

Añade que no se justifica semejante inversión en Catamarca en un dique que, por razones naturales, va a proveer agua a Tucumán, no a Catamarca. Agrega que las obras hidroeléctricas del Clavillo afectarían la capacidad de El Naranjal, que sí sería importante para Tucumán, porque condicionarían su volumen acumulable de agua. A su juicio, es más importante acondicionar la red de canales de riego en Tucumán, por la que se pierde la gran mayoría del agua, y que para la definición y análisis de proyectos debería crearse un organismo de “Desarrollo agroindustrial del sur”, con jurisdicción y cabecera en el área Concepción-Aguilares-Río Chico, sobre cuya naturaleza debería debatirse desde ya. ¿Y las obras que se prometen para la compleja y enrulada ruta 65, como salida hacia el paso San Francisco? “La incorrecta difusión realizada sobre las características de la obra a licitar, más la antigua y acendrada expectativa en su población por contar con una conexión vial hacia el Paso de San Francisco a Chile, hicieron que exista en esa provincia una falsa convicción de que Potrero del Clavillo incluye la nueva traza de la ruta nacional 65”, analiza Adler. Otra mirada.

Otros expertos, como Eduardo Martel y Claudio Bravo, elogiaron la obra porque -dicen- unificaría el sistema de riego, ayudaría a mitigar inundaciones y establecería un eje geopolítico nuevo. Los lectores quedan con la duda: ¿hace falta el Potrero del Clavillo? ¿Habrá debate hasta que se llegue a cercanías con los interesados chinos?

Nulo mantenimiento

Lo mismo va a pasar con las grandes expectativas que se generan con obras futuras que vienen desde largo arrastre en el pasado, como la ruta de la Quebrada del Portugués, por la cual Monteros viene empujando fuerte y acaso algún día se la den. Cuando LA GACETA hizo una nota sobre este tema, en agosto de 2020, el director de Vialidad provincial, Ricardo Abad, desestimó el proyecto porque, dijo, “no se pueden destinar a una ruta turística los recursos que se necesitan para los caminos productivos”. Y reveló que Tucumán no tiene presupuesto para mantenimiento de la red vial, que está en un 70% regular, dijo). Explicó que los caminos se arreglan (no se arreglan, en realidad) con un exiguo 6% del impuesto a los combustibles. “Sin mayor financiamiento, ni siquiera se podrán mantener las rutas actuales”, dijo, lo cual condiciona a futuro todas las obras que se hagan, ya sea con fondos nacionales o provinciales. Si eso se aplica a otras áreas del Estado, se entiende la larga y añeja rotura de la ruta 307 en El Infiernillo-Amaicha y los destrozos en el Canal Sur.

Prioridades en inversión

Precisamente a propósito de la visita a China del presidente Alberto Fernández y su equipo, Alieto Guadagni planteó en una nota en “La Nación” del 10/02 que “en el caso de la inversión pública es necesario priorizar cuidadosamente eligiendo los mejores proyectos no solo en infraestructura como rutas, energía, transporte, saneamiento, sino también en inversiones de carácter social como educación y salud” y mencionó que la Cepal ha dado “técnicas requeridas para optimizar los procesos de inversión pública, procurando maximizar la contribución positiva de cada peso de gasto presupuestario”. “Que las inversiones públicas sean realmente productivas”, sentencia en el título. Buen consejo, para matizar con la ilusión que generan los anuncios sobre estas obras largamente esperadas.

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