ACAMPANDO. La camioneta de Juan Rojas Cornejo, con la carpa desplegada, en un camping en el sur del país, durante su larga travesía. GENTILEZA DE JUAN ROJAS CORNEJO

Hablando de las ventajas de viajar con un vehículo acondicionado para acampar, Juan Rojas Cornejo señala que otro punto a favor de este tipo de viaje es la proximidad que pudieron tener, él y su novia, Agustina Terán, con la vida silvestre y la naturaleza.
“Una vez dormimos en una playa virgen donde no había nadie. El campo daba al mar en la costa atlántica, dos horas al sur de Trelew. A la mañana nos levantamos y por la ventana de la carpa vimos que había un zorro caminando y oliendo el agua del mar. A ese nivel de conexión uno no lo consigue por las vías normales de turista”, ejemplifica.
De todas formas, el joven advierte que un viaje así no es para cualquiera. “Puede parecer muy folclórico, pero no es lo mismo que estar impecable en la ciudad, sin tierra, durmiendo con ventilador o con el aire acondicionado”, compara.
Recuerda que una noche de temperaturas bajo cero tuvieron que “pelearle” al frío en la carpa con tres colchas, dos bolsas de dormir, abrigos y dos bolsas de agua caliente que habían hervido en la cocina. Costó.
Presupuestos
En cuanto a presupuestos, Juan estima que para hacer una travesía similar habría que disponer de entre $ 180.000 y $ 250.000, incluyendo excursiones y visitas, pero sin tener en cuenta la puesta a punto de la camioneta. Al menos con los precios de noviembre/diciembre de 2021. Lo que más pesó en sus gastos, dice, fue el precio de los combustibles. Es que en campings, cuenta, llegaron a pagar una vez slo $ 600 por persona por noche.
Juan clasifica esos hospedajes en ´agrestes y organizados. A los primeros los describe como espacios al aire libre, con llanos y pasto poco cortados. “Podés estar a la orilla de un río, pero no tenés tantas instalaciones, no hay tanta intervención del hombre. No hay un asador, no hay un baño con agua caliente, no hay una proveeduría, no hay luz de noche”. Los segundos, dice, son los que más vio en el sur. En ese tipo se puede acceder a agua caliente y a todas las comodidades que no hay en los agrestes.
Calcula que en estos casos, en los que tenían hasta WiFi, llegaron a pagar entre $ 2.600 y $ 3.000. “Usamos mucho Google Maps para buscar campings, leer los comentarios de la gente y ver las puntuaciones. Si veíamos que los baños tenían buena crítica y ofrecían agua caliente, íbamos de una”, explica.
A tres meses de la fecha que fijaron para casarse, Juan y Agustina están analizando la posibilidad de viajar nuevamente, pero esta vez por tiempo indefinido.
Al posible nuevo destino no se puede ir en vehículo. Por eso la camioneta en la que viajaron ya no tiene el “poder” de casa rodante: fue desarmada y sus elementos de viaje, vendidos.
“Está la idea de ir a España a hacer lo mismo que hago acá con mi socio. Creo que es el momento (no tenemos hijos) y que laboralmente hay ahí mayor estabilidad, no hay tanta presión impositiva, las reglas de juego son más claras, no hay tanta inflación, cosas que en este país asustan. No digo que todo el mundo se está yendo ni que tengan que irse. Capaz me equivoco, pero es un desafío personal y quiero probar cómo es”, finaliza.






