¿Qué hago cuando mi hijo no quiere hablar conmigo?

La comunicación es un pilar fundamental dentro de cualquier relación, también entre padres e hijos. Recomendaciones y consejos.

CONFIANZA. Los padres deben dar los primeros pasos para generar una buena comunicación con sus hijos. CONFIANZA. Los padres deben dar los primeros pasos para generar una buena comunicación con sus hijos.
17 Febrero 2022

Todos tenemos secretos, cuestiones personales que muchas veces no queremos compartir. Y eso está bien. Pero cuando son nuestros hijos los que prefieren callar y no comunicarse, ¿qué podemos hacer al respecto?

¿Podemos ser amigos de nuestros hijos? ¿Cómo generamos un lazo de confianza y seguridad con ellos sin que se sientan invadidos?

Si queremos empezar a propiciar una comunicación segura, buena y leal debemos empezar por reconocer que uno de los desafíos de la crianza es precisamente lograr que nuestros hijos tengan un buen diálogo con nosotros.

Muchas veces, no nos observan como las personas más confiables, sobre todo cuando atraviesan la etapa de la adolescencia y hay temas que pueden llegar a incomodar o ser inquietantes.

Por lo tanto, para construir cimientos de fiabilidad tenemos que tener en cuenta ciertos factores determinantes.

Confianza y escucha

Lograr que predomine un clima de confianza es la clave para un desarrollo sano, para que el niño madure feliz y construya una personalidad segura. “Se construye desde la infancia. Por supuesto que no es lo mismo, la construcción de espacios de diálogo para un niño que para un púber o un adolescente. En la niñez lo más importantes es fortalecer el espacio de juego, eso da mucha vinculación”, explica la psicóloga María de los Ángeles Robinson.

Durante la pubertad y en la adolescencia se deben propiciar espacios de escucha. “Es fundamental permitir al adolescente tener un punto de vista diferente a los padres para que puedan apoyarlos en sus decisiones y acompañarlos en sus procesos. Mostrarles que somos su primer grupo de apoyo y contener desde ese lugar. Es una de las mejores formas de crear lazos de confianza”, dice Robinson.

Cuando el niño atraviesa la etapa de los “por qué” comienzan a surgir dudas y preguntas que como padres debemos respetar y ser capaces de responder sus inquietudes.

“Son espacios de exploración. En cambio en la adolescencia viene una etapa de confrontación, ya que se van nutriendo con un bagaje de otras realidades y empieza el cuestionamiento. Como adultos mayores debemos ser capaces de ofrecer ambientes de diálogos y reflexión”, asevera.

Tomar la posta

Para los padres es fundamental entender, que si el niño o adolescente no puede acercarse a hablar, las riendas de la situación las deben tomar los adultos. En ellos debe estar la iniciativa de crear lazos comunicativos. “Es necesario tener en cuenta la edad y singularidad de cada chico, sí como determinar el momento, el lugar, el contexto, etcétera, para poder relacionarnos empáticamente con ellos. ¿Acaso nosotros tenemos ganas de hablar de nuestros problemas cuando recién llegamos del trabajo? Sin embargo, los aturdimos con preguntas cuando llegan del colegio”, enfatiza Josefina Lai, psicóloga infantojuvenil.

Mi hijo tiene secretos

La psicóloga especialista en infancia Nancy Palomo explica que los hijos buscan que les den apoyo sin que los juzguen. Los padres deben escuchar sin sentenciar, ya que favorece muchísimo el acercamiento y la comunicación entre ambas partes. “Es importante tener en cuenta que a medida que los hijos van creciendo deben tener su espacio propio. Esto enriquece también el respeto a la intimidad, y es imprescindible para la confianza, aunque como padres creamos lo contrario”, dice la especialista.

“No compartir secretos está perfecto, pero debemos poder enseñarles qué es lo que está bien y qué no. En estos espacios de diálogo fluye la palabra, tanto los niños como adolescentes se sientan contenidos y seguros. Como padres, nuestro principal objetivo es lograr que pierdan los miedos. Los secretos muchas veces están relacionados con estos miedos”, comenta María de los Ángeles.

Contexto respetuoso

Por un lado, no nos tenemos que olvidar del respeto. Hay que entender que los hijos son seres independientes con elecciones y sentimientos; con su forma particular de ver y experimentar el mundo. “Hay que apoyar las decisiones de nuestros hijos y permitirles que se equivoquen porque los ayuda con el aprendizaje”, detalla Robinson.

Para mejorar la comunicación y que no se transforme en un tema que nos genere ansiedades o enojos, la psicóloga Mariana Aguirre nos da estas recomendaciones:

1. Entrar en su mundo. Si nos tomamos en serio a los hijos, ¿por qué no entrar en su mundo y verlo con sus ojos? Esto no significa que nos identifiquemos con él, “ponernos en sus zapatos” y ver el mundo desde ahí. Si para hablar con ellos esperamos a que lleguen grandes momentos, graves e importantes se nos pasará la vida sin saber que hemos desperdiciado buenas conversaciones

2. Consultarles cosas. De vez en cuando hacer preguntas sobre el trabajo de uno o pedir algún consejo, te sorprenderá su juicio y su discreción. Lo entenderán como una confidencia, que como sabes es la base toda buena comunicación.

3. Pensar siempre que es responsable. Si siempre pensás que es responsable, responderá mejor con su libertad que si les manifiestas desconfianza. La confianza genera confianza. En esto no hay término medio o le das credibilidad o no se la das.

4 Escuchar, no oír. Es importante que dediquemos un tiempo para darles a nuestros hijos toda nuestra atención. Ya sabemos que quién sabe escuchar sabe comunicar. Escuchar es dar sentido a lo que oímos, es un acto de la voluntad. En otras palabras, para escuchar hay que saber pararse, detenerse, dominarse. Requiere práctica y no es fácil.

Ayuda profesional

Según la especialista Aguirre en los casos que la comunicación o relación de padres e hijos esté afectando el funcionamiento dinámico familiar, se puede buscar asesoramiento de un profesional psicólogo especializado en el área de familia, niños y terapia cognitiva logrando resultados beneficioso para el contexto familiar. En caso de llegar a problemáticas más severa se recomienda programas de intervención con los padres, como la Terapia de Interacción Padres-Hijos (PCIT). “El PCIT es una terapia breve dirigida a tratar problemas de conducta o comunicación, que tiene una duración aproximada de ocho a doce sesiones, a través de las cuales se pretende conseguir crear o re-establecer una interacción entre padres e hijos saludable y asertiva, con un estilo de comunicación claro y marcando límites en la educación”, cierra. (Producción periodística: Gianna Camarda)

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