El caso Berardi: personalidades de película

PELIGROSO. El “Malevo” Ferreyra y sus hombres lo trasladaron desde Córdoba. Uno de ellos aparece con una granada. PELIGROSO. El “Malevo” Ferreyra y sus hombres lo trasladaron desde Córdoba. Uno de ellos aparece con una granada.
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 11 Febrero 2022

Sobre el final de la película “El Clan”, dirigida por Pablo Trapero y estrenada en 2015, que habla sobre la familia que cometió al menos cuatro secuestros extorsivos, Arquímedes Puccio (interpretado por Guillermo Francella), después de haber escuchado las acusaciones en su contra por parte de un juez, empezó a relatar una increíble versión para terminar jurando por su inocencia. Ni siquiera se preocupó en salvar a su familia, especialmente a sus hijos Alejandro y Daniel. Con muy pocas diferencias, Jorge Munir “El Turco” Saade hizo exactamente lo mismo cada vez que enfrentó a un magistrado por cada uno de los casos de los que había sido acusado, incluido el de Rafael Berardi. Por supuesto que nadie creyó sus versiones y ambos pasaron casi 30 años en la cárcel por sus delitos.

En la vida real, hubo características que unieron a ambos condenados. Y es muy probable que las hayan adquirido por haber sido preparados para formar parte de los “grupos de tareas” que se encargaron de secuestrar, torturar y matar durante la última dictadura. Arquímedes Puccio fue hombre del Servicio de Inteligencia del Estado y miembro muy activo del Batallón 601 del Ejército en los años de plomo. Saade fue un soldado del ejército en los años más duros y reconoció haber participado en la llamada “guerra sucia” cuando se desarrollaba en nuestra provincia el Operativo Independencia. Ambos se quedaron sin trabajo con la llegada de la democracia. El líder de la familia que tenía aires de aristocrática de San Isidro se refugió en su casa, el “Turco”, desertó cuando todo parecía indicar que lo llevarían a la cárcel por todos los delitos que cometió cuando usaba el uniforme. “Tenía muy malos antecedentes. Un tipo rebelde que no respetaba las órdenes y hacía lo que quería. Era más peligroso que mono con navaja”, recordó un ex camarada que no quiso dar a conocer su nombre por temer a sufrir represalias, ya que amparado en la “Obediencia debida”, nunca fue acusado.

Tanto Puccio como Saade eran dueños de una personalidad con la que podrían haber movido montañas. El porteño involucró a sus seres queridos en los delitos que cometía, ya que escondía a sus víctimas en la vivienda donde residía. Hasta el día de hoy, muchos se preguntan cómo hizo para ganarse el silencio de sus seres queridos por las aberraciones que había cometido. Guillermo Puccio fue el único que no aceptó la situación y aprovechándose de una gira que hizo con su club de rugby, huyó del hogar y no volvió nunca más. Su paradero sigue siendo aún un misterio.

Saade era un extraño encantador de voluntades para cometer delitos. Entre sus víctimas aparecen: Jorge Barquero, un frustrado empresario que alquiló la casa en Santa Fe que utilizó para mantener secuestrado al empresario textil José Maslub; Demetria Helena “Elenita” Sarmiento, la que entregó a Berardi; el empresario Victorio Enrique Curi, a quien también secuestró y el que le entregó una importante suma de dinero para comprar juguetes y donarlos entre los hijos de los compañeros de encierro de Santiago del Estero; y su defensora, María Raquel Llobet, con la que terminó enamorándose y casándose en una modesta ceremonia realizada en un penal de Santiago del Estero, a fines de 1989.

Otro engranaje

Barquero también fue noticia en varias oportunidades. Al principio era un hombre de negocios. En un primer momento se dedicó a la venta de whisky importado. Después probó suerte como fabricante de pelotas de cuero número cinco. Por último, se dedicó a la compra y venta de oro y de joyas. Entre, sus clientes aparecían desconocidos e ilustres como el técnico César Luis Menotti. Su vida cayó en desgracia cuando asesinaron a su esposa y a un conocido suyo en una casa de Sante Fe, la misma donde estuvo escondido Maslub. “Yo sólo la alquilé. Nunca tuve nada que ver con esa banda”, repitió una y otra vez en cada entrevista que le hicieron. Y los reportajes no estaban motivados por ese caso en particular, sino por su creación literaria. Detrás de las rejas se dedicó a escribir libros. Entre otros, se editaron “La ley y la memoria” (novela, 1999) y “Sabihondos y suicidas” (cuentos, 2003).

Este hombre, de un increíble parecido físico con el papel que interpretó Jorge Porcel en el filme “Carlito’s Way”, de Brian De Palma, protagonizó un insólito incidente con el empresario. “Hola Turquito”, le dijo Barquero a Maslud cuando se lo encontró en un vuelo que regresaba de Europa. Al escuchar la voz de su captor, el empresario armó un verdadero escándalo. No fue tan grande como el que se volvió a producir años después cuando el condenado visitó Córdoba para presentar una de sus creaciones literarias y lo llamó por teléfono para “invitarlo a tomar un café”. “No he dormido anoche. Me puse loco al ver salir en la sección Cultura a este tipo que reúne todas las condiciones de mala persona. ¿Qué puede transmitir en su libro un secuestrador, un asesino, un delincuente como Barquero, al que le mataron la mujer y a un colaborador en un crimen mafioso?”, señaló la víctima del secuestro en una nota que le hizo Miguel Durán y que se publicó en “La Voz del Interior” el 15 de mayo de 2009.

El secuestro que sufrió el empresario textil e histórico dirigente de Talleres le dejó una marca que cargó sobre sus espaldas hasta su muerte, ocurrida en marzo de 2020. Permanecer encapuchado durante 75 días le permitió sensibilizar el reconocimiento de la voz de las personas que hablaron con él. Por eso identificó en el acto a Barquero cuando compartió el vuelo.

Por esa razón también generó una incómoda situación cuando se desarrollaba el juicio contra los acusados de haberlo raptado. Cuando estaba declarando, se quedó en silencio cuando comenzó a ser interrogado por Llobet, la defensora de Saade. El tribunal, se tomó el tiempo necesario. Como no respondía, le preguntaron en más de una oportunidad si estaba bien, si necesitaba más tiempo. Maslub seguía en silencio y nadie sabía por qué. El testigo rompió el silencio: “la voz de la doctora es la misma de la única mujer que escuché cuando estuve secuestrado”. El comentario desató una serie de discusiones y planteos que no prosperaron. “Esa fue la segunda vez que la abogada quedó involucrada con los acusados. En un allanamiento a la casa de Saade encontramos una tarjeta personal suya, aunque eso no constituía ningún delito”, explicó el comisario Elcides Bresso.

Pesado

“El Turco” Saade era considerado un pesado por algunos y un desfachatado por otros. No le temía a nadie. Ni siquiera a los jueces. “En medio de la declaración indagatoria, se detuvo y me amenazó de muerte”, reconoció el camarista Ricardo Sanjuán, que investigó el secuestro de Berardi. A fines de los 80 y a principios de los 90 deambuló por los penales de Córdoba y de Santiago del Estero, ya que allí debía dar cuenta por los cuatro secuestros extorsivos de los que había sido acusado. Cada vez que era requerido en nuestra provincia, era trasladado bajo un fuerte operativo de seguridad.

El fiscal federal Carlos Brito indicó que, al parecer, el ex sargento del ejército, gustaba de hacer gala de su fama de pesado. “Contó por todas las cárceles por donde pasó las muertes que le habían adjudicado y las fugas que había protagonizado. Obviamente que todo eso lo decía para impresionar”, explicó en una entrevista con LA GACETA.

La tarea del último traslado fue encomendada a Mario Oscar “Malevo” Ferreyra, en esos días, jefe de la Brigada de Investigaciones. En la prensa no se había dicho nada, pero tanto el acusado como el custodio habían tenido una participación como miembros de grupos de tarea durante el Operativo Independencia. Quizás, en algún momento del traslado, hablaron del tema.

Un periodista de LA GACETA relató cómo fue el traslado del “Turco”: “la comisión policial, fuertemente armada (en una foto se puede observar a un efectivo con una pistola y una granada), llegó a nuestra capital a las 19.15 y Saade fue alojado inicialmente en la Brigada, pero en las próximas horas, luego de un examen médico, será derivado la penitenciaría de Villa Urquiza”. También indicó: “los policías revelaron que el sospechoso les dijo que había perdido cerca de 14 kilos de peso por el ayuno voluntario que realizaba en la cárcel cordobesa, disconforme con las sanciones disciplinarias que le aplicaron”.

Fue el mismísimo “Malevo” Ferreyra quien dio precisiones del operativo de traslado. “Si existió algún plan para intentar liberar a Saade, lo tuvieron que descartar porque tomamos todas las prevenciones del caso”, explicó. El comisario encabezó en un Ford Sierra blanco la marcha de los tres vehículos utilizados para el procedimiento. El acusado ocupó un Fiat Regatta, seguido por un Peugeot 504, separados por 100 metros. Los efectivos policiales iban armados hasta los dientes.

Insólitas situaciones

En la reconstrucción del hecho, que se realizó en la escena donde Berardi fue ejecutado de un disparo en la nuca, se produjo un tenso cruce entre el magistrado y el sospechoso:

- Saade: no quiero verificar nada porque no tengo nada que ver en este hecho.

- Sanjuán: está bien, está en todo su derecho…

- Saade: usted, doctor me trajo de prepo a este lugar. No tengo por qué estar en un lugar que no conozco.

- Sanjuán: está bien.

- Saade: Jamás en mi vida estuve en este lugar, doctor. Me trajo a una escena de un crimen en la que no estuve.

- Sanjuán: ¿Y cómo sabe usted que esta es la escena del crimen?

- Saade: Y, este… Y porque están haciendo la reconstrucción del crimen…

- Sanjuán: perfecto.

La estrategia del “Turco” siempre fue la misma. Negar el hecho y declararse inocente. Primero responsabilizó a Roque Di Paoli, el cómplice que fue abatido en un operativo, como el autor del secuestro y posterior homicidio de Berardi cuando declaró en Córdoba. Ante Sanjuán dijo que él no tenía nada que ver en el caso. Pero su cómplice, Giorgio López, el santiagueño que también participó en el secuestro de Curi, en la reconstrucción y en su declaración indagatoria dijo que Saade lo había matado.

En el juicio por el caso Curi, también se ventilaron algunos detalles del homicidio del empresario radicado en nuestra provincia. “No participé, ni Giorgio López me vio matar a ese señor (refiriéndose a Berardi). Sus manifestaciones (las del cómplice) se hacen a través del odio y del rencor que siente por mí, por cuanto se vio involucrado en forma engañosa en el secuestro de Curi”, declaró el “Turco” en plena audiencia. López dijo que ni él ni Saade tenían nada que ver en el crimen. “Lo que declaré fue bajo amenazas y por bronca”, señaló. Y para refrendar el odio que le tenía al ex militar dijo en la sala de juicio que estaba ubicado en el primer piso: “si pudiera agarrarlo, lo tiraría por la ventana”.

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