Desde hace añares, las redes sociales manejan un registro claroscuro en lo que respecta a la censura o habilitación de publicaciones en las que aparecen pechos femeninos. Para no variar, esta historia también los involucra, pero desde otra perspectiva.
Hace unas semanas, la actriz Juana Repetto compartió en su cuenta de Instagram el postre que elaboró para ayudar a su hijo Belisario (de seis meses) con la dentición. La receta se trató de un helado hecho con leche materna y junto a las imágenes de la paleta no pararon de llegar los comentarios curiosos o críticas por parte de los cibernautas.
En este nuevo capítulo de desinformación digital y opinología, la situación sirve de gancho para esclarecer algunos datos.
“Lo ideal es que la lactancia materna sea exclusiva hasta los seis meses. A partir de esa edad, los bebés incorporan una alimentación complementaria. Sin embargo, la cosa no termina acá porque se recomienda seguir dando la teta hasta los dos años”, explica la pediatra Claudia Quinteros, de la Unidad de Lactancia de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes.
Sobre la situación mediática, la profesional enfatiza que resulta súper recomendable que -cuando el niño empieza a comer otras cosas- se emplee leche materna en los platos. “Esta instancia se caracteriza por las nuevas texturas que descubren nuestros hijos. Lo interesante es que el aroma de los alimentos pasa por la leche y el niño es capaz de reconocer a través de ella los diversos sabores de lo que su mamá ingiere. Por ende, sumar leche materna a sus comidas complementarias facilita su aceptación, una mejor acogida de las nuevas texturas que se abren ante él y hace que los pequeños se familiaricen mejor con el menú”, comenta la neonatóloga.
Claro que para llevar adelante la propuesta se debe contar con las circunstancias y espacios adecuados. “Existen muchas dudas sobre cómo continuar con la lactancia una vez que la madre regresa a trabajar. Esta estrategia surge de una mujer que debe salir de casa, se saca leche y empieza a formar su propio stock que sobrepasa las necesidades esenciales. Es una cuestión de información y de posibilidades”, agrega.
Preparaciones
La leche materna puede incorporarse al hacer puré, polenta y papillas con carnes y/o verduras. En las colaciones dulces tenemos por igual las galletas, masas suaves, flanes, muffins o bizcochos blanditos.
“El principal consejo es utilizar lo menos posible recetas en las cuales la leche pase por un proceso de calor porque -al hervir- pierde muchas de sus proteínas. Además, es aconsejable mezclarla con frutas o cereales que no requieran cocción”, especifica Quinteros.
En el caso de los helados está científicamente comprobado que el alimento este alimento natural posee compuestos antiinflamatorios. Sumado al efecto físico del frío si son capaces de desinflamar las encías y mitigar las molestias por la erupción de los primeros dientes.
Para promover su almacenamiento, la leche es capaz de freezarse hasta por seis meses. “El proceso no destruye sus proteínas y al descongelarla en la heladera tampoco se pierde inmunoglobulinas”, detalla.
Lactancia prolongada
A partir de los dos años, los caminos se bifurcan entre quienes deciden cortar o proseguir amamantando a sus hijos. La última alternativa es uno de los pilares de las crianzas respetuosas y las crianzas con apego.
La única aclaración es que la práctica no le causa ningún daño ni al bebé ni a la madre. “Durante el segundo año de vida (pese a que la lactancia no es exclusiva y se consumen todas las comidas diarias) la leche humana aún cubre un porcentaje de vitaminas y continúa aportando -mediante sus células vivas- componentes importantes para la inmunidad y desarrollo del niño”, aclara.
Además, debemos tener en cuenta que este alimento varía su composición a medida que el lactante crece. Por el resto, elegir o no la lactancia prolongada se trata de una elección personal/familiar.
Existe un mito que tilda de sobreprotegidos a los niños que son amamantados después de los dos años o les atribuye problemas psicológicos. ¿Es cierto? “Al contrario, la evidencia científica demuestra que los pequeños que son amamantados se vuelven más independientes e inteligentes. En diversos estudios se comprobó que el coeficiente intelectual de los bebés alimentados con lactancia exclusiva era mayor al de aquellos que consumieron fórmulas”, infiere Quinteros.
Propiedades
Sea desde el seno o en un plato, la leche humana tiene beneficios innegables para la salud de los bebés y los niños. Al margen de considerarse una fuente de nutrientes, proteínas y hierro, su consumo disminuye las posibilidades de que los recién nacidos adquieran infecciones.
Además colabora con el desarrollo de la microbiota intestinal infantil y fortalece el sistema inmunitario. “A largo plazo, sus componentes disminuyen las probabilidades de padecer en la adultez enfermedades como la hipertensión, problemas cardiovasculares o la diabetes tipo 2”, acota la especialista en leche materna.
Tampoco hay que olvidar los efectos emocionales y psicológicos: amamantar favorece el vínculo y la relación afectiva entre madre e hijo (por el contacto “piel a piel”).
Igual de valiosa que una joya
La riqueza de la leche materna no solo se aprecia en sus propiedades para la salud. Al menos en un sentido metafórico, ya que desde hace alrededor de dos décadas existe joyería (pulseras, aros, dijes, anillos, etcétera) fabricada con este alimento. Conocidos alrededor del mundo como accesorios maternales, estos productos poseen una fuerte carga emocional y pueden crearse a partir de pedazos de placenta, dientes de leche, el cordón umbilical o cabellos.
En el caso de la leche, esta se somete a una transformación química a través de la cual se solidifica y pule para ofrecernos a cambio “momentos en forma de gemas”. Aunque quizás nos resulte lejano o costoso (al punto de ser objetos dignos de excéntricos o millonarios) la creación de estas joyas es sencilla y en Argentina existen varios emprendimientos que lo hacen posible. Incluso, con una oferta desde Mercado Libre.
El valor de amamantar
En una rueda de amor y compromiso, amamantar trae diversos beneficios a la madres:
- Disminuye el riesgo de presentar depresión y hemorragias postparto.
- Mejora la recuperación física tras el embarazo.
- Permite recuperar el peso que se poseía antes del embarazo.
- Colabora a prevenir el cáncer premenopáusico de mamas y ovario, la anemia y la osteoporosis.








