La educación como demanda de la sociedad

Días atrás el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, publicó un informe que pasó desapercibido pero debería encender las alertas en Educación. A un mes de iniciar un nuevo ciclo lectivo en Argentina y de cumplir dos años marcados por la pandemia de la covid-19 en todo el mundo, UNICEF presentó el siguiente dato: 616 millones de estudiantes siguen afectados por el cierre total o parcial de escuelas.

“Si bien las interrupciones en el aprendizaje deben terminar, la simple reapertura de las escuelas no es suficiente. Los estudiantes necesitan un apoyo intensivo para recuperar la educación perdida. Las escuelas también deben ir más allá de los lugares de aprendizaje para reconstruir la salud mental y física, el desarrollo social y la nutrición de los niños”, dijo Robert Jenkins, jefe de Educación de UNICEF. Los estudiantes han perdido habilidades básicas de aritmética y alfabetización.

A nivel mundial, la interrupción de la educación ha significado que millones de niños se hayan perdido significativamente el aprendizaje académico que habrían adquirido si hubieran estado en el aula, y los niños más pequeños y marginados enfrentan la mayor pérdida. países de ingresos bajos y medianos, las pérdidas de aprendizaje por el cierre de las escuelas han dejado hasta el 70 % de los niños de 10 años sin poder leer o comprender un texto simple, frente al 53 % antes de la pandemia.

Los datos brindan un mapa desolador con respecto al aprendizaje, pero también de oportunidades. Mientras que en Etiopía se estima que los niños de primaria han aprendido entre el 30 y el 40 por ciento de las matemáticas que habrían aprendido si hubiera sido un año escolar normal; en los EE. UU., se han observado pérdidas de aprendizaje en muchos estados, incluidos Texas, California, Colorado, Tennessee, Carolina del Norte, Ohio, Virginia y Maryland. “En Texas, por ejemplo, dos tercios de los niños en el grado 3 obtuvieron resultados inferiores a su nivel de grado en matemáticas en 2021, en comparación con la mitad de los niños en 2019”, indica el informe que da cuenta de que no es cuestión del PBI de cada país.

La frase de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, quien observó que “hoy es muy tarde para salir a buscarlos” a los chicos que habían abandonado la escuela porque “seguramente ya están perdidos en el pasillo de una villa o cayeron en actividades de narcotráfico”, no solo no suma, sino que evade el gran problema de la educación en argentina y la falta de un serio debate sobre el hacia dónde vamos en cuestiones educativas.

Mientras tanto, profesionales y académicos analizan la situación y aportan propuestas: jornada extendida, mejoras en las condiciones laborales y edilicias o la propuesta de Buenos Aires de que la secundaria sea un escalón más hacia el mundo laboral. “Se aprenden muchas cosas trabajando. Las prácticas profesionales, son eso, instancias de aprendizaje”, dijo el ex ministro de Educación la provincia de Buenos Aires, Gabriel Sánchez Zinny.

La discusión debería darse sin ideologías ni prejuicios para pensar siempre en el objetivo común que es formar ciudadanos curiosos, críticos, reflexivos y técnicamente capacitados. Las reformas educativas deberían ser generadas en consenso con actores claves y sectores políticos involucrados para que los cambios se sostengan gobierno tras gobierno. Esta debería ser una demanda de la sociedad en su conjunto.

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