Algo más de lo mejor de 2021 para volver a leer

Reproducimos fragmentos de textos publicados en este suplemento durante el año pasado.

09 Ene 2022
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Una educación defectuosa*

Por César Aira

Una educación es un proceso temporal. Una buena educación pone al tiempo de su parte, para lo cual lo ordena comedidamente en paralelo a su experiencia. No fue mi caso: por una decisión que escapó a mi control, tuve una educación defectuosa. Lo supe ya mientras se realizaba, me daba cuenta de que estaba experimentando una intermitencia de desapariciones, cuando lo propio de una educación adecuada era una acumulación de apariciones. No pude evitarlo. Una megalomaníaca convicción infantil de mi superioridad mental hizo que rechazara todas las insinuaciones del sentido común, con una positiva distracción que ya empezaba a parecerse a la literatura. Y, una vez adulto, frente a desafíos que debía enfrentar con los ojos cerrados, recurrí para explicármelo a la fórmula con la que titulé todo lo que escribí: una educación defectuosa.

¿Cómo pudo ser? ¿Fue de verdad, o un sueño? De un modo u otro, todos los hombres completan su educación y se lanzan a practicar lo aprendido como mejor pueden. Todos la completan a la medida de sus necesidades. En todo caso, van agregando interpolaciones de experiencia al dictado de los hechos y su correspondiente percepción. En mi caso, el proceso del aprendizaje se cerró pronto, no solo por el motivo más extendido, que es el temor de caer en la trampa de una educación crónica, sino por la prisa de empezar a ejercitar mis imperfecciones como otras tantas elegancias literarias. Sí, a veces pienso que fue un sueño, que todos los libros que leí en mi infancia fueron otros tantos sueños. Más allá, un cielo de nubes oscuras caía sobre el horizonte.  Se recurre al sueño cuando no hay otra explicación. Hace muchos años que tengo un solo sueño, quiero decir sueños que son variaciones del mismo sueño, cuyo argumento puede resumirse como la necesidad de llegar a tiempo, o la imposibilidad de llegar a tiempo, ya sea a una partida en avión o en tren, a una reunión, a una cena, a un sitio donde me esperan.... Las variaciones de escenarios, de personajes, de dificultades y escollos o demoras son innumerables, la necesidad de llegar a tiempo siempre está presente. También varía el tono, desde la más angustiada pesadilla a una casi indiferencia, aunque por supuesto nunca es un sueño agradable. He debido conformarme. Mi inconsciente no tiene la obligación de proveerme sueños agradables. Aparentemente sí existe la obligación de que haya sueños, para proteger la saludable operación de dormir, o por un requisito neuronal, o lo que sea. Y este recurso a un mismo asunto se revela como un modo de economizar el gasto narrativo. Sobre todo que sea este asunto, «llegar a tiempo», y no otro, porque su amplitud ceñida (que no es un oxímoron) permite insertar todos los restos diurnos y los deseos ocultos en un relato fluido. Lo que he observado es que dentro del tiempo de la demora en llegar a tiempo hay otros tiempos, globos de tiempo en los que, justamente, me demoro, globos narrativos, que hacen a mi profesión.

El miedo a las palabras

Por Sergio Ramírez

Soy un escritor que traslado mi laptop de una frontera a otra para seguir haciendo lo que se hacer, escribir con una palabra libre, que no pierda filo. La rebelión siempre empieza por las palabras. Las dictaduras les temen. Las dictaduras quieren un país inmovilizado por el miedo.

En Nicaragua la historia tiene un mecanismo vicioso que la hace repetirse. Es una anomalía fatal que aún no se corrige. Una dictadura provoca una revolución para derrocar a un dictador y esta revolución crea un nuevo dictador que a la vez inicia un nuevo ciclo de opresión.

Somoza engendra a Ortega y, el dictador ofendido por la palabra libre, cierra y ocupa los medios de comunicación, encarcela a los periodistas y los fuerza al exilio. Es la historia mordiéndose la cola.

Como en la Nicaragua de finales de Anastasio Somoza, los periodistas generaron una forma de comunicar los desmanes de la dictadura. Fue novedosa, se hizo dentro de las iglesias. Desde el altar mayor, a veces sin luz eléctrica y a la luz de una vela, los locutores leían los boletines mientras la gente se agolpaba en la nave para escuchar. A ese periodismo se le llamó periodismo de las catacumbas.

Otra vez tenemos un periodismo de catacumbas, solo que ahora no en las iglesias a la luz de las velas sino a través de las redes sociales, desde la clandestinidad, dentro de Nicaragua o desde el exilio, los periodistas, auxiliados por corresponsales anónimos, lo hacen a través de emisiones en Youtube, en Facebook Live, a través de podcast o en blogspot.

Periodistas se hayan entre los cerca de 150 presos políticos, siete de ellos candidatos presidenciales, dirigentes políticos y de organizaciones cívicas y de derechos humanos, dirigentes campesinos, estudiantes, empresarios y banqueros, sin juicios o con juicios amañados, sin el debido proceso, sin derecho a la defensa, sin abogado, sin asistencia médica y bajo condiciones inhumanas. Les pido que no los olviden. Los medios no deben olvidar el caso de Nicaragua. La comunidad internacional tiene la responsabilidad de no olvidar. Ortega convirtió a Nicaragua en una gran cárcel.

Como nunca el periodismo de las catacumbas es dueño de las palabras que la dictadura no puede quitar de la boca de quienes, entre las penurias del exilio o los riesgos de la clandestinidad, defienden la libertad de expresión y el derecho de informar.

El populismo hoy

Natalio Botana

El populismo se identifica con el principio mayoritario y hace de este principio un medio para perpetuarse en el poder. Siempre el populismo considera que el pueblo soberano no es un conjunto de ciudadanos dotado de autonomía individual, por lo tanto cambiante, sino una masa homogénea que constantemente presta asentimiento al líder que la representa. Esta masa es “el pueblo verdadero, auténtico” que no reconoce frente a él minorías ni disidencias. Pero si bien este atributo recorre gran parte de la historia del populismo, no representa del todo este fenómeno tal cual se presenta en la actualidad. Se impone, pues, circunscribir el tema.

El populismo es un fenómeno mundial que ha dejado de estar acantonado en las márgenes del subdesarrollo, como aconteció con la incorporación inclusiva generada por los populismos latinoamericanos en el último siglo -Vargas en Brasil, Perón en Argentina, Víctor Paz Estenssoro en Bolivia-. Al día de hoy, el populismo está golpeando con saña en el corazón de democracias altamente desarrolladas. Me atrevería a decir que este es el gran cisne negro de la segunda década de este siglo.

En segundo lugar, me parece importante destacar que el populismo conforma una transición que, al menos, puede desembocar en dos escenarios. Cuando el populismo se consolida, y logra instaurar una forma de gobierno permanente, el populismo se fusiona con una tradición histórica en América latina que llega hasta el presente. El populismo, entonces, es la antesala de la autocracia, expresión típica, con rasgos antiguos y modernos, de lo que la teoría política clásica llamó tiranía…

La relación entre humanos y tecnología

Yuval Noah Harari

Una cuestión central de nuestro tiempo es cómo entendemos la relación entre tecnología y seres humanos. Una posibilidad es que empecemos por asumir que los humanos son consumidores pasivos y que la tecnología puede ser usada para controlarlos. En este caso, la tecnología que producimos tendería a esclavizar a la gente y a limitar el potencial humano. También podemos partir de la idea de que los humanos son creadores activos y que la tecnología puede ser usada para empoderarlos. En este segundo caso, la tecnología que producimos tendería a liberar a la gente y a expandir su potencial. Esto suena como una idea complicada y abstracta, así que déjenme darles unos pocos ejemplos tomados de la historia.

Una de las más importantes invenciones de toda la historia fue también una de las más simples. 5.000 años atrás, en la Antigua Mesopotamia, se inventó la escritura. Fue una tecnología extremadamente simple. Todo lo que uno necesitaba para empezar a escribir era un pequeño palo y un poco de barro. Algún geek mesopotámico genial, quizás inspirado al ver pájaros dejando sus huellos en barro húmedo, tuvo la idea de usar un palo para imprimir signos en una tabla de arcilla. Esta simple invención cambió la historia. Antes de la invención de la escritura los humanos eran incapaces de establecer grandes ciudades, reinos o imperios. Porque para mantenerlos uno necesita cobrar impuestos y para esto se necesita tener registros. Esto era algo que los humanos no podían hacer en sus mentes. Nadie podía memorizar el cobro de impuestos de todo un reino. La evolución adaptó la mente humana para mantener mucha información. Sobre relaciones sociales, animales, plantas pero no respecto del registro de impuestos. Hoy a la gente le encanta recordar rumores pero a nadie le gusta recitar aburridas listas de impuestos. A la mente humana le gustan las historias narrativas pero no le gustan los números. La escritura permitió hacer lo que la mente humana no podía. Tercerizó el difícil trabajo de recordar números.

Para las personas ordinarias de la Mesopotamia, la escritura significó pesados impuestos que no eran usados para pagar educación o salud sino para pagar tropas y construir palacios y fortalezas. Los impuestos eran usados para sostener regímenes autocráticos que controlaban y esclavizaban a la gente. Los signos eran usados para contar bienes, personas y cargas.

Hoy, al pensar en la escritura, lo primero que viene a nuestras mentes no es el registro impositivo sino la literatura. Por supuesto hubo quienes compusieron poemas hace 5.000 años, incluso hace 15.000 años, pero estas eran creaciones orales. Pasaron siglos para que se inventaran más signos que eventualmente hicieron posible la escritura de cartas, poemas y relatos históricos. El primer poeta de la historia que conocemos fue una mujer llamada Enheduanna, que vivió en el siglo 23 a.c. Arqueólogos encontraron muchos de sus poemas escritos en tablas de arcilla. Sus poemas fueron copiados en toda la Mesopotamia. Incluso algunos pasajes de la biblia hebrea, escritos 1.000 años más tarde, parecen influidos por Endehuanna.

Hoy me cuesta imaginar mi vida sin escribir y leer. Es lo que hago la mayor parte de mi día. Es la avenida principal de mi creatividad. Es notable que quienes crearon la escritura no fueran conscientes de su potencial y que hicieran imposible usar la escritura para cualquier otro propósito que no fuera el registro impositivo. Eso es porque los burócratas de ese tiempo tenían una visión muy estrecha de los humanos. Los primeros escritores trataban a los humanos como consumidores pasivos de bienes y el propósito de la escritura era controlarlos. Pasaron siglos para que la escritura empoderara a los humanos para ampliar su potencial.

Todo el tiempo en la universidad

Leila Guerriero

“No tengo días de descanso. No está bien, pero desde hace años vivo así. En la semana, aunque soy free lance, me organizo bastante para el laburo. El caudal del trabajo siempre es mucho. La cabeza es algo que se pone en marcha solo: tengo el radar muy encendido todo el tiempo. A veces me impongo una idea pero no sale. Y otras veces hay que dejar todo, salir a dar una vuelta, a correr, y a las dos o tres horas viene una idea u otra cosa. La cabeza nunca te deja sola. Con el trabajo algo decanta y queda como un aprendizaje. Ser periodista es estar todo el tiempo en la universidad. Todos los años cambiás de universidad. Un año te especializás en música clásica, al otro en malambo y al otro en Malvinas. Aprendés muchas cosas que tal vez no estaban en tu horizonte.”

* Entrevista de Alejandro Duchini publicada el 7 de noviembre.

Pandemia y medio ambiente

Samanta Schweblin

“Puede que, en algún aspecto, por un breve lapso de tiempo, la pandemia haya sido buena para el medio ambiente, pero basta caminar por cualquier bosque o reserva ecológica y ver decenas de barbijos en el piso para entender que eso es solo una pista de cómo lo importante sigue escapándosenos. Creo que la pandemia fue algo terrible, y uso el pasado solo para las primeras potencias, porque nuestros países latinoamericanos no van a recuperarse por décadas de esta crisis. Pero la crisis medioambiental es un monstruo todavía más grande. Me pregunto qué idea tienen sobre este monstruo, la gente que no entiende este problema. Quizá creen que estamos preocupados por la desaparición de alguna especie, o porque el agua está un poco sucia. La realidad es que nuestra humanidad, tal como la conocemos, tiene los días contados.”

* Entrevista de Hernán Carbonel publicada el 24 de octubre.

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