Verano caliente, con viajes y con rumores incómodos

 la gaceta / foto de Archivo la gaceta / foto de Archivo

Los veranos son calientes en Tucumán. Es una obviedad decirlo, porque es propio de nuestro clima subtropical con estación seca, como nos enseñaron en la primaria. Esta temporada, sin embargo, el termómetro marca temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados y a la vez eleva el candor de las decisiones políticas e institucionales.

El calor impactó en la provisión de energía eléctrica, por ejemplo. Y en este caso el agua sobrecalentó más el ambiente: una obra de la SAT causó un desperfecto en la provisión hogareña y los tucumanos no paran de renegar contra EDET, aunque los improperios y el descontento apunta directamente hacia la Casa de Gobierno. Se explique lo que se explique, las soluciones se las exigen al Poder Ejecutivo y las quejas impactan contra la empresa distribuidora de energía. Es un dolor de cabeza inesperado para la gestión de Osvaldo Jaldo, en tiempos donde los ánimos están caldeados por la interminable pandemia, la suba sin freno de los precios, el desempleo....¡Y el calor! Un combo social explosivo.

De ahí el apuro oficial en buscar soluciones y culpables para la gestión energética, que devino en cuestión de Estado. El mal trago pasará posiblemente en pocos días, pero las temperaturas seguirán elevadas en cuanto a lo institucional.

El doble comando en la conducción provincial hace transpirar al oficialismo y a la oposición provincial. Porque aunque Jaldo y Juan Manzur intenten desesperadamente disimular sus diferencias, el quiebre se hace sentir hasta con lo más nimio. A modo de ejemplo basta mencionar tibios rumores de peleas entre el jefe de Gabinete con Alberto Fernández para que algunos se hicieran los rulos y otros se quedaran lacios ante la posibilidad de que el gobernador en uso de licencia vuelva a sentarse en el sillón de Lucas Córdoba. En Buenos Aires trascendió -con sendos artículos periodísticos en el diario Perfil- que Manzur estaría en medio de una suerte de batalla con el albertismo por su alto perfil en la negociación con el FMI, con los gobernadores y con empresarios diversos de gran peso específico. Se dice que los ministros nacionales no gustan de las formas del tucumano que, como en Tucumán, exige mucho y explica poco. También incomodaría que sea esa suerte de vocero de los gobernadores y que maneje la lapicera del Presupuesto nacional, otorgando obras y por ende centralizando el poder en su figura.

Esos trascendidos periodísticos fueron suficientes para que en Tucumán se alterara el jaldismo y se entusiasmara el manzurismo. Esas facciones persisten por separado aunque se diga lo contrario. Arreciaron los últimos días del año pasado las preguntas y las charlas respecto de qué podría pasar con Manzur. “Es verdad que vuelve”, preguntaron varios. Los más racionales -del manzurismo- analizan que esa chance es lejana. Hoy el gobernador interino maneja gran parte del poder nacional, con el apoyo de los gobernadores, de empresarios y de sindicalistas. Quitarlo del puesto podría significar un problema no menor para Alberto, que ya lidia con el cristinismo en contra. Si preocupa a los hombres del Presidente que ese manejo institucional que ejerce Manzur desdibuje cada vez más la posibilidad del jefe de Estado de una reelección en 2023 y que mejore las chances del tucumano para pugnar por ese espacio. O al menos para tener voz y voto en la decisión que se tome al momento de definir quién será la espada del peronismo para luchar por mantener el poder el año próximo.

En el jaldismo entienden que la posibilidad de un regreso pronto del mandatario “natural” es efímera, pero por las dudas el gobernador a cargo no se quita la número 10 y trata de gambetear crisis y trabas burocráticas para mostrar gestión lo antes posible. Como bien graficó en este mismo espacio ayer el columnista Marcelo Aguaysol, quiere que el equipo del Poder Ejecutivo se mueva por toda la cancha y haga goles ya. No mañana ni pasado, sino ahora. Exige carpetas, planes y propuestas para que se ejecuten cuanto antes. Sea como sea, lo que se vaya ejecutando quedará como parte de la gestión Jaldo, regreso más temprano o nunca Manzur al sillón principal de la Casa de Gobierno. El vicegobernador a cargo del Ejecutivo se siente cómodo en el rol actual y está convencido que será muy difícil que alguien le quite la chance de ser el candidato de su espacio político el año próximo. En eso trabaja.

Sin embargo, bajo sonrisas forzadas y convivencias incómodas, un grupo fiel a Manzur continúa con su plan para que sea uno de ellos el que ocupe el lugar que le dieron las urnas al hoy jefe de Gabinete. Pablo Yedlin, en ese “proyecto”, está seguro que corre con ventaja. En definitiva, los que se calzaban ya en 2020 con la casaca de “candidatos a senador” como paso previo a la de “candidato a gobernador” se quedaron apenas en la distribución de rumores sobre que iban a recibir esa gracia de Manzur. Yedlin terminó siendo el postulante y ganando bien las elecciones. Se vinculó con efectividad con políticos de distinta alcurnia desde su cargo de diputado y presidente de la Comisión de Salud, y el jefe de Gabinete de la Nación confía en él. No es un dato menor, porque si Manzur naufraga con sus planes presidenciales, la imposibilidad de ser candidato a gobernador lo pone en la posición de ungir un sucesor que no lo traicione. Y la historia reciente de Tucumán está plagada de cuervos que le picaron los ojos a quienes lo criaron.

Varios intendentes, ministros y legisladores integran ese grupo de manzuristas duros que sonríen junto a Jaldo, pero que en realidad esperan con paciencia felina, agazapados, el momento en que den el salto y saquen las uñas. La convivencia entre unos y otros no es sencilla en el oficialismo.

La oposición también observa con mucha atención qué puede pasar con Manzur. El rumor porteño sobre sus peleas con el albertismo los puso eufóricos. El mejor escenario para el paradójicamente separatista “Juntos por el Cambio” es el del gobernador en licencia retornando a Tucumán. El quiebre entre Manzur y Jaldo les dio resultados alentadores en los comicios de medio término y sueñan con que esa pelea se reedite el año próximo. Se embelesan con la posibilidad de que el peronismo presente dos listas y que eso les permita llegar al poder provincial.

Sin embargo, en la oposición tucumana padecen de miopía interna: proyectan en base a lo que pueden hacer los ajenos, pero obvian que internamente están más separados que la dupla oficialista. Hablan poco entre los integrantes de la alianza y son varios los que se anotan en la carrera gubernamental, con posiciones rígidas que hacen que se desdibuje la posibilidad de que el espacio sea gobierno pase lo que pase entre quienes hoy ocupan la Casa de Gobierno.

Entre los viajes de verano, los rumores y la temperatura ambiente, varios parecen estar atontados por un “golpe de calor” que los desvían de lo que sucede en este tiempo y espacio de descalabros económicos y sanitarios que mantienen a una sociedad alterada y poco receptiva a cualquier decisión que no tenga que ver con la solución de sus problemas cotidianos.

Comentarios