
La esquina quedó vacía. Mi amigo, su dueño natural de tantas décadas, la dejó huérfana. Él ya no llegará hasta nuestros umbrales con las noticias. Ya no habrá desayuno con el diario de nuestro “Gacetero”. El amanecer se quedó sin tus pasos firmes y tu voz de mando al ayudante. Ya no tendrás que madrugar para buscar la edición, ya no habrá lluvia inclemente ni frío lacerante que soportar. Le ganaste al tiempo y a la vida cruel que nunca pudo doblegarte ni quitarte el dominio de la ochava. Ya no escucharemos tu radio, compañera fiel de la soledad en la alborada, que cada mañana encendías al terminar el reparto. Ya no habrá agua caliente para el mate que alguna vecina amable, afectuosa te hacía llegar cada mañana y tampoco aquel brasero casero de hojalata que a tus pies, calentó tantos inviernos. Ya no recurrirás a los brazos y manos de tu fiel acompañante para hacer lo que no podías. “Cachito” fue nuestro repartidor de diarios desde que su papá lo trajo al kiosco en plena juventud ya hace una pila de años. Trabajó a su lado. Con el tiempo y con mucho esfuerzo hizo suya la parada. Nuestro “servidor” tenía una particularidad, hacía su actividad diaria sin tener sus brazos, los había perdido en un desgraciado accidente en el cañaveral cuándo era un niño. Felipe Víctor Raúl Delgado, para todo el barrio “Cachito”, tuvo una vida difícil, muy dura a causa de su discapacidad pero nada ni nadie le pudo quitar el derecho a ser libre y valerse por sí mismo. Su fortaleza mental y física, su fe y el apoyo familiar lo convirtieron en ejemplo de vida, de esposo, padre y amigo. La esquina de 24 y Alberdi está triste. Ha muerto el Rey de ese pequeño dominio. Descansa en paz querido amigo y que la luz que hicisteis brillar en tu hogar y en tu trabajo permanezca eternamente. Los vecinos agradecemos a Dios la posibilidad de haberte conocido, compartir tu amistad y vivir tu ejemplo.
Lorenzo S. Marcos
José Colombres 86
San Miguel de Tucumán







