La economía argentina recibe 2022 con varias materias pendientes no sólo del año que se fue, sino de una combinación de atrasos que pueden llevar al Gobierno a un programa de ajuste para corregir el rumbo, un término que causa escozor en el poder político. Sin embargo, Fernando Marengo, socio y economista jefe de Arriazu Macroanalistas, afirma que, frente a las urgencias y a la acumulación de problemas, inexorablemente el país debe ir hacia un plan que implique corregir los desequilibrios fiscales, sin apelar a la emisión monetaria que, a su vez, alimenta a la inflación. En una entrevista con LA GACETA, el experto tucumano plantea los tres desafíos económicos del nuevo año, bajo la impronta de una medida que, a todas luces, asoma como fundamental para encarrilar el rumbo: “desindexar la economía argentina”
-¿Por qué el ajuste es inevitable y cuánto tiempo demandará aplicarlo para que los efectos no sean tan nocivos?
-El ajuste fiscal es inevitable porque la Argentina no tiene todavía acceso a los mercados de capitales internacionales y el mercado domestico es muy limitado. Cualquier desequilibrio entre los ingresos y los gastos que te generen un déficit lo tienes que financiar vía emisión monetaria, una emisión monetaria que no es demandada por el público. La gente sabe que un billete de $ 1.000 que lo tenés a la noche en el bolsillo, a la mañana siguiente tiene menos poder de compra. Por eso digo que no hay demanda por esos pesos y eso es lo que causan los desequilibrios que, a su vez, generan deterioro de las cuentas externas porque ahora hay más incentivos para comprar bienes importados y menos exportar, pérdida de reservas internacionales del Banco Central, la reaparición de la brecha cambiaria. Todo esto, asimismo, causa pérdida de reservas del Central porque el exportador no tiene incentivos a liquidar y el importador tiene incentivos para adelantar pagos de exportaciones y, finalmente, todo esto termina acelerándote el proceso inflacionario. Para que los efectos de este ajuste sean lo menos nocivo posible, hay que aplicar medidas de shock, inmediatamente. El principal déficit que tiene la economía argentina es el de la confianza y lo que tenés que hacer rápidamente es revertir la desconfianza, dando señales claras de que se va a acabar con el financiamiento del déficit fiscal a través de la emisión monetaria y, básicamente, como no tenés mercado de capitales, la única forma de hacerlo es mostrar que estás dispuesto a acabar con el déficit fiscal.
-Plantea que si ese ajuste no se hace mediante un programa, el desequilibrio fiscal se financiará vía impuesto inflacionario. ¿Quiénes serán los más perjudicados y por qué?
-Cuando uno ve la composición del gasto a nivel nacional, tenés prácticamente 4 puntos del Producto Bruto Interno (PBI) que se te van en subsidios económicos y déficit operativo de empresas públicas, con lo cual si querés hacer algún ajuste tienes espacio para realizar algún tipo de recorte porque el déficit del año que pasó ronda los 3 puntos del PBI, es decir, más chico de lo que has gastado entre los subsidios económicos y el financiamiento del déficit operativo de aquellas empresas públicas. Si se quiere hacer algún programa, pueden decir “vamos a subir las tarifas para bajar el gasto en subsidios y ajustar las empresas públicas”, porque no se puede financiar sus déficits operativos con emisión monetaria. Eso es tener un programa. No tenerlo es lo que está pasando, financiar con emisión, con un impuesto inflacionario que lo terminan pagando aquellos que no ajustan su ingreso inmediatamente contra la inflación que, básicamente, son los jubilados y los beneficiarios de planes sociales. Entonces la pregunta que surge es: ¿hacemos un programa y que paguen lo que más tienen o no hacemos el ajuste y al costo lo terminan pagando aquellos que tienen menos ingresos?
-Este 2022 se viene con varios vencimientos de deuda. Todos ellos obligan al país no sólo a juntar los dólares, sino a cerrar el acuerdo con el FMI y reconstruir reputación. ¿Cuánto tiempo demandará ese proceso?
-La Argentina tiene tres desafíos para el año que se inicia. El primero es cómo reducir el déficit para evitar la monetización de ese rojo fiscal. El segundo es hacer una corrección de los precios relativos. Lo que pasa con los cortes del servicio de electricidad en Tucumán o en otros puntos del país no es casualidad. Básicamente una política entre comillas antiinflacionaria basada en el retraso del tipo de cambio y de las tarifas y en el congelamiento de precios está fracasando. Entonces esa política para combatir la inflación, el tercer desafío del país, tiene que basarse en la reducción del déficit fiscal y bajar el financiamiento para generar confianza. Hasta ahora el Fondo Monetario no apareció. ¿Por qué es importante un acuerdo con ese organismo? Le permitiría a la Argentina refinanciar los vencimientos por unos U$S 19.000 millones con el FMI previstos para este año que arranca, el principal vencimiento o casi todo el compromiso en dólares que tiene el país en este 2022. Si no logras refinanciarlo, tendremos un default con el Fondo que nos pondrá, definitivamente, en la categoría de países como Zimbabwe, para dejar de recibir los pocos dólares que ingresan por el aporte de organismos como el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Entonces por lo único que quiere un acuerdo con el FMI es para no caer en aquella cesación de pagos con ese organismo y ser más paria de lo que somos hoy en los mercados de capitales.
- ¿Se terminó el viento de cola exterior? ¿Cuál es la Argentina que se viene en materia económica?
-El desafío más claro que tiene la economía internacional hoy se llama inflación que, hace décadas, el mundo no convivía con este flagelo. Hoy el problema es inflacionario, fundamentalmente los Estados Unidos, pero con la fuerte recuperación que se está evidenciando en el planeta causó una suba de precios fundamentalmente en cuestiones energéticas que hizo que se propague en el resto del mundo. En consecuencia, el escenario internacional se presenta en un fuerte combate con la inflación. Más temprano que tarde, la Reserva Federal de EEUU va a tener que subir la tasa de interés para desacelerar actividad económica. Hay tres mecanismos por los cuales la Argentina y los países emergentes van a estar afectados. Lo primero cuando sube la tasa de EEUU para desacelerar actividad económica, y tomando en cuenta que ese representa un cuarto del PBI global, afectará el crecimiento a nivel mundial. Se crecerá menos. Lo segundo: cuando sube la tasa de interés de EEUU aumenta el costo de oportunidad para todo el mundo. Aquellos países que recurran al mercado de capitales para obtener financiamiento, lo harán con tasas más altas. La Argentina está fuera de ese mercado, con lo cual directamente no le impacta, pero sí indirectamente a través de sus socios comerciales. Y el tercer punto es que cuando suben las tasas también se reajusta el costo de oportunidad del acopio, de demandar materias primas, con lo cual es probable que los precios tiendan a la baja, independientemente de lo que pase con otras cuestiones estructurales que toma en cuenta el mercado para definirlo, como las sequías, oferta, demanda o inundaciones en Brasil. Pero solamente por el tema de la lucha de la inflación en Estados Unidos llevaría los precios a la baja. Con esa tendencia, claramente no es el escenario más favorables para las economías emergentes, en general, y para la Argentina, en particular.
-¿Cuál es la situación real de las reservas? ¿Hay neto negativo? ¿El Banco Central se está desprendiendo del oro?
-Cuando uno observa las reservas brutas del Banco Central, están por debajo de los U$S 40.000 millones después del último pago que se hizo al Fondo, pero esas reservas no son del Central, porque tiene compromisos en dólares. Cuando uno empieza a netearlas, todos los pasivos en dólares que tiene la entidad monetaria argentina llega a un nivel de reservas netas en torno de los U$S 3.000 millones. Pero si te ponés más estricto, haciendo una prueba ácida de esas reservas, son negativas en torno de unos U$S 2.000 millones o U$S 3.000 millones. Si a esto le sacas las tenencias en oro, resulta que las reservas netas líquidas del BCRA son negativas en casi U$S 5.000 millones. A estas alturas, uno se podrá preguntar cómo puede ocurrir esto. Básicamente sucede porque el Banco Central está usando liquidez en dólares no propias para intervenir en el mercado de cambio y, así, evitar una depreciación, al menos de corto plazo, del tipo de cambio oficial, fundamentalmente por el impacto inflacionario y, por ende, social para evitar turbulencias. Respecto de un eventual desprendimiento de las reservas en oro, creo que es difícil que el Central lo haga; tal vez lo esté usando para realizar algún tipo de operación colateral para hacerse de una mayor liquidez.
-Si tuviera la posibilidad de sugerir cinco medidas al Gobierno para encarrilar el rumbo o elaborar el plan plurianual, ¿cuáles serían?
-Cualquier medida que tome este o cualquier otro gobierno en los próximos años pasa inicialmente por revertir la desconfianza que genera el Estado o el Gobierno no solo en el exterior, sino también entre los argentinos. La poca demanda de pesos que hay es consecuencia de la desconfianza de los argentinos. Es una desconfianza basada en 70 años de historia, en un período en el que los tenedores de pesos siempre terminaron sintiéndose estafados por el gobierno, ya sea a través de devaluaciones, de la inflación, de licuaciones, de corralitos y corralones, default o lo que fuere. La Argentina sabe que tiene que tener una escasa cantidad de pesos por temas transaccionales y para todo el resto hay que tratar de evitar la tenencia en pesos. ¿Qué hay que hacer? Revertir la desconfianza. ¿Cómo lo hacemos? Lo que tiene que hacer el Gobierno es atacar la inflación. ¿Cómo se la ataca? Reduciendo el financiamiento monetario al déficit fiscal, porque no tiene acceso al mercado de capitales. Para reducir el déficit fiscal y generar confianza tenés que tener un programa económico y volvemos al principio: ¿cómo reduciremos el déficit fiscal? ¿Se hará vía programa o lo hará el mercado vía licuación e impuesto inflacionario? Indudablemente que la Argentina requiere no sólo fijar las pautas del programa económico, sino que también sea creíble, que sea sostenible y que no genere más presión sobre los contribuyentes. Al final del día, esos contribuyentes son los que tienen que confiar y sentirse cómodos, demandando activos argentinos. Lo segundo que se necesita para reducir la inflación es estabilidad del tipo de cambio. En una economía como la de Argentina, donde todos pensamos en términos de dólares, aunque nunca hayamos visto un dólar, necesitas estabilizar el tipo de cambio. Cuando se mueve, aun los que no vieron un dólar, saben que es un termómetro de un futuro problema económico. La situación fiscal te ayudará para alcanzar aquella estabilidad. Lo tercero es flexibilidad de los precios a la baja. En la Argentina, cada vez que tenemos un problema, devaluamos la moneda y, como casi todos sabemos que eso pasará, no tenemos pesos y, en consecuencia, el impacto de esa devaluación puede ser menor. La pandemia demostró que hay sindicatos que, con tal de no tener una destrucción de empleo entre sus beneficiarios, están dispuestos a firmar acuerdos con reducción de salarios en términos nominales. Y, finalmente, lo que hace falta es desindexar la economía argentina. No podemos seguir con este ritmo de indexación. Si uno trata de hacer un plan antiinflacionario exitoso, no podemos seguir con ese ritmo. La Argentina demostró en los últimos 70 años que, cuando encolumna las variables macroeconómicas, el sector privado se alinea con eso y es competitivo y, además se puede bajar la tasa de inflación, se puede crecer y también exportar. Se puede hacer todo lo que un país puede aspirar. Pero hace falta la voluntad para enfrentar el cambio y entender que para redistribuir el ingreso lo primero que hay que hacer es generar ingresos. De otro modo, sólo estamos ante una torta cada vez más chica cortándola en cada vez más cantidad de porciones. Con lo que, al final del día, todo está peor que antes.








