Se cumplen dos años de la creación de la Estación Biológica Batiruana

En la estación hacen base para estudiar la inmensa biodiversidad de la zona.

Alumnos del último año de secundaria del Instituto Sarmiento (Juan B. Alberdi), reunidos con biólogos durante un curso de Cladística dictado por Pablo Goloboff en Villa Batiruana (gentileza Alejandra Molina). Alumnos del último año de secundaria del Instituto Sarmiento (Juan B. Alberdi), reunidos con biólogos durante un curso de Cladística dictado por Pablo Goloboff en Villa Batiruana (gentileza Alejandra Molina).
29 Diciembre 2021

Desde diciembre de 2019 que funciona la Estación Biológica Batiruana,

Villa Batiruana es un paraje montañoso, de naturaleza abundante y paisajes inmejorables; está en el sur de la provincia, precisamente en la Comuna de Yánima, Departamento de La Cocha. Allí funciona desde hace dos años la estación en una casa cedida en comodato por la Hidroeléctrica Tucumán S.A. Esa sede, que permite a los científicos alojarse y tener un primer laboratorio muy “a mano”, formó parte del complejo habitacional que fue utilizado hace más de 60 años por trabajadores de la construcción del dique Escaba.

“Sabíamos que una estación biológica en un lugar que está muy bien conservado y muy poco explorado daría soluciones logísticas a investigadores, becarios y biólogos para estudiar la biodiversidad de nuestra provincia, y hacer así que esa información sea accesible a toda la comunidad”, explica Claudia Szumik, entomóloga (especialista en insectos) y directora de la Unidad Ejecutora Lillo (UEL), de doble dependencia CONICET - Fundación Lillo. “La Estación Biológica Batiruana (EBB) logró instalarse gracias al esfuerzo de muchos biólogos, con el apoyo y el compromiso de la comunidad, y de las autoridades comunales de la zona, de la Fundación Miguel Lillo y del CCT NOA Sur”, remarca Gonzalo Castillo, administrador de la UEL.

Esfuerzos y resultados

El lugar donde la estación está instalada es inmejorable: ofrece serranías y zonas biogeográficas diversas, típicas de la provincia: yunga, bosque chaqueño y pastizales de altura. En estos dos años, y en contexto de pandemia, se puedo realizar un relevamiento de flora y de fauna, y estos fueron algunos de los resultados. “Si hablamos de vegetación, podemos decir que se analizaron 350 especies de ejemplares arbóreos de gran importancia, de los cuales tres no se sabía que estaban en la provincia”, cuenta la doctora Eva Bulacio, directora de Botánica de la Fundación Miguel Lillo, invitada al proyecto. Por otro lado, las doctoras María Laura Juárez y Dolores Casagranda comentan que, por la disminución del movimiento de las personas en las sendas, a causa de la pandemia, se pudieron observar muchas más especies de aves, reptiles, anfibios, artrópodos, mariposas, peces y micro mamíferos. De hecho, identificaron una lagartija de la que no se tenían registros en Tucumán.

Pero además, desde que surgió la posibilidad de llevar a cabo este proyecto, se pudo crear lazos con la comunidad, que se muestra muy comprometida en la conservación del ambiente. Como prueba de ello, en estos dos años se realizaron talleres con alumnos de escuelas de la zona, en los que, también, se presentaban los padres con mucho entusiasmo por participar. “Esto contribuye a lograr algunos de los objetivos más importantes de la EBB, además de identificar, describir, clasificar, agrupar y nominar la biodiversidad tucumana. Por un lado, despertar vocaciones de futuros biólogos, y por el otro, promover fuentes alternativas de trabajo a los lugareños, en actividades de ecoturismo; se busca que los habitantes de la comuna puedan ser guías en las sendas y muestren la flora y la fauna”, añade Szumik.

“Se dictaron cursos para biólogos en los que participaron no sólo los de la región, sino también de toda Argentina y de países vecinos. Estos se seguirán dictando, y se incluirán estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales, ya que hay muchos interesados en capacitarse en un ambiente natural, variado y bien conservado”, asegura el doctor Pablo Goloboff, Investigador Superior de la UEL.

“El trabajo de campo que se hace en Batiruana es maravilloso. Nada es más reconfortante que tener un laboratorio a cielo abierto”, asegura la doctora María Alejandra Molina, y destaca que el paso sigiloso del hombre, el respeto y la responsabilidad con el ambiente en su totalidad ayudan a que los biólogos puedan obtener mejores resultados en sus investigaciones.

Horizontes

“Entre los proyectos cercanos está armar un museo donde se puedan exponer los resultados de las investigaciones realizadas por los científicos que trabajamos en Batiruana”, cuenta el vicedirector de la UEL, doctor Gustavo Scrocchi, y destaca que con ello se podría sensibilizar a la comunidad y a los visitantes, para que entiendan la importancia del cuidado y de la conservación del ambiente. Asimismo, se busca realizar publicaciones científicas que sean relevantes para la salud, y armar libros donde queden registros de muestras de especies animales y vegetales.

Para ello, claro, la estación necesita recursos: hace falta equiparla y ponerla en óptimo funcionamiento tanto para tareas de investigación como para labores educativas de todo tipo: académicas y dirigidas a la comunidad en general. Por eso, este es tiempo de logros, y también de gestión.

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