Una Navidad con barbijo, ruegos y esperanzas

El Papa pide paz y concordia para sanar el mundo. Hubo cientos de vuelos cancelados y miles pasaron la noche a la intemperie.

Una Navidad con barbijo, ruegos y esperanzas
26 Diciembre 2021

La cancelación de miles de vuelos en todo el mundo durante el fin de semana de Navidad fue una muestra de la situación respecto de la pandemia de coronavirus y la propagación de la variante Ómicron, que ya es la prevaleciente en la mayoría de los países.

Las grandes ciudades cancelaron las celebraciones públicas y decenas de miles de viajeros tuvieron que pasar la festividad lejos de sus familias.

La buena noticia del fin de semana, una especie de milagro navideño, fue que el volcán de La Palma, la isla canaria de España que soportó casi 100 días de explosiones, cenizas, lava y humo tóxico, se fue a dormir. “La erupción ha terminado”, dijo el sábado de Navidad el consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, tras reunirse con el comité científico del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico de Canarias.

SIN PODER VIAJAR. Cientos de pasajeros se quedaron varados en el aeropuerto internacional JFK, de Nueva York, luego de que se cancelaron los vuelos justo el día de Navidad, en casi todo Estados Unidos, debido al coronavirus.  reuters SIN PODER VIAJAR. Cientos de pasajeros se quedaron varados en el aeropuerto internacional JFK, de Nueva York, luego de que se cancelaron los vuelos justo el día de Navidad, en casi todo Estados Unidos, debido al coronavirus. reuters

Los residentes de varios pueblos de Estados Unidos, en cambio, vivieron la Navidad en medio de la devastación dejada por una serie de tornados, que la semana pasada se llevaron pueblos enteros y dejaron a cientos sin casa.

Para miles de migrantes, la lejanía de sus hogares fue dramática. Decenas de centroamericanos pasaron la Navidad en la frontera en un parque de la ciudad mexicana de Tapachula, fronteriza con Estados Unidos, a la espera de recibir su documentación como refugiados o asilados.

Al otro lado del mundo, la costa de Libia se tiñó de muerte en el día de Navidad, cuando las aguas del mar Mediterráneo dejaron sobre la arena los cuerpos sin vida de 28 migrantes. El barco en el que viajaban había naufragado varios días antes. Este drama se produjo días después del anuncio del fallecimiento de 160 migrantes por el naufragio de sus embarcaciones, lo que eleva a 1.500 el número de fallecidos en esta ruta desde el inicio del año, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La necesidad de “sanar el mundo” de pobreza, divisiones y conflictos es urgente, dijo en la Misa de Navidad, el Papa Francisco.

“Paz y concordia” para el mundo y diálogo para resolver los conflictos fueron los pedidos del pontífice en su mensaje “Urbi et Orbi” (a la ciudad y al mundo), desde el balcón central de la Basílica de San Pedro en una Navidad lluviosa y ventosa en Roma.

Francisco, que cumplió 85 años la semana pasada, enumeró conflictos, tensiones o crisis en Siria, Yemen, Israel, los Territorios Palestinos, Afganistán, Myanmar, Ucrania, Sudán, Sudán del Sur y otros lugares.

“Nos hemos habituado de tal manera que inmensas tragedias ya se pasan por alto; corremos el riesgo de no escuchar los gritos de dolor y desesperación de muchos de nuestros hermanos y hermanas”, dijo, hablando a una multitud inusualmente pequeña debido a las restricciones de covid-19 y el clima.

“En este día de fiesta -agregó- imploramos que suscite en nuestros corazones anhelos de reconciliación y de fraternidad”, apuntó. (Reuters-Especial)

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