2001, radiografía de una fractura

Se cumplen 20 años de nuestra mayor crisis política, económica y social. El 19 de diciembre se desencadenó un inédito ciclo de aceleración histórica. Cinco presidentes se alternaron en el poder entre ese día y el 2 de enero de 2002.

19 Dic 2021 Por Daniel Dessein
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La pregunta inaugural de Mario Vargas Llosa en Conversación en la catedral, trasladada a nuestro país, retumba en la cabeza de los argentinos, y en la de no pocos extranjeros interesados en ese misterio, desde hace décadas. ¿Cuándo se jodió la Argentina? ¿Cuál es el momento en que un país gira en U y abandona el camino del desarrollo? Se lo pregunté al Nobel peruano en una entrevista publicada en este diario. Eludió la elección de un momento preciso. “Creo que es un proceso, pero es una pregunta que deben responderse los argentinos”, concluyó.

Los argentinos convivimos con múltiples respuestas. Algunos sitúan ese punto en 1930, otros en el 45, en el 55, en el 76, en el 89… De esa diversidad de respuestas se nutre nuestra incapacidad para consensuar un rumbo. Hay, eso sí, unanimidad a la hora de identificar el momento del crac. La Argentina se quebró en 2001.

Hagamos zoom en ese instante. Fue un 19 de diciembre como hoy. Fernando de la Rúa acaba de aparecer en cadena nacional con un discurso insulso de tres minutos y medio en el que decreta el estado de sitio. Casi todos los que hoy tenemos más de 40 recordamos dónde estábamos. Yo estaba en un piso 17, a treinta cuadras de la Casa Rosada, viendo el discurso por televisión. Termina la transmisión. Abro una ventana para tomar aire. Un silencio estremecedor domina la ciudad. Dura unos pocos segundos. Hasta que un desconocido en un balcón impreciso de la ciudad golpea una cuchara contra una cacerola. Inmediatamente se suma otro, luego otro, después cientos de miles. Un coro estruendoso de cacerolas anuncia el final de una era y el nacimiento de otra.

Hablé con muchos de los protagonistas de esas horas. Diez años atrás, estuve sentado toda una noche al lado de un De la Rúa que contestaba mis preguntas con monosílabos y una mirada perdida que delataba la depresión que lo dominaba y quizás un deterioro neurológico que algunos creen que comenzó a manifestarse durante su presidencia. Empleados de Casa Rosada cuentan que vieron a De la Rúa en silencio, ensimismado, con esa mirada perdida, durante varios minutos, el 20 de diciembre de 2001. La imagen es potente. La Argentina vive una de sus jornadas de mayor velocidad histórica mientras su presidente permanece estático.

Con algunos conversé antes de esa crisis. A Eduardo Duhalde lo encontré en un lugar insólito. En la planicie de Gizeh, en Egipto, en enero del año 2.000. “Desde lo alto de estas pirámides, 40 siglos los contemplan”, dijo Napoleón a sus soldados, en ese mismo lugar, 200 años antes. De viaje con su familia, después de haber perdido las elecciones presidenciales con De la Rúa, Duhalde lanzó una frase ambigua en la que insinuó que podía alejarse de la política después de haber cometido el pecado mortal para el peronismo de perder. Dos años después sería presidente.

La monumentalidad arquitectónica y la densidad histórica egipcias contrastan con la volatilidad de un país adolescente, que estuvo cerca del colapso durante el terremoto de 2001.

Nadie radiografió con mayor precisión esas jornadas que Ceferino Reato, en Doce noches. Habló a fondo con los protagonistas del momento. En este número reproducimos la entrevista que le hice cuando se editó el libro. Su investigación nos ayuda a descomponer el cóctel que generó el estallido. La crisis de la Alianza con la renuncia de Alvarez, el corte de financiamiento de Estados Unidos, la presión de la férula del 1 a 1, el precio de los commodities, las falencias de liderazgo, los saqueos, las muertes, las protestas, el rol del peronismo y el alfonsinismo.

La crisis de 2001 también nos ayuda a entender lo que ocurrió en las dos décadas posteriores. Esa crisis engendró al kirchnerismo y el macrismo. Del bolillero histórico, que giraba a toda velocidad en esos días, deriva una infinidad de escenarios contrafácticos. Hoy sabemos que la “Tierra firme” estaba en el segundo semestre de 2002, con el cambio de las variables económicas. ¿Qué país tendríamos hoy si salía otra bolilla? Si De la Rúa aguantaba el maremoto, si Puerta aceptaba liderar la transición o si Duhalde no adelantaba las elecciones. Si Reutemann no se asustaba o si De la Sota imponía su candidatura. Ucronías.

Hoy vivimos otro fin de año difícil. Otra vez se difumina el horizonte. Las últimas elecciones trajeron novedades relevantes al tablero político. Una derrota histórica de un peronismo que puede haber entrado en un proceso de metamorfosis; el resurgimiento -no exento de tensiones- de ese radicalismo que la crisis de 2001 había dejado moribundo; un equilibrio de fuerzas legislativas desconocido en este siglo y perspectivas para la alternancia. Mientras tanto, los argentinos nuevamente merodeamos el precipicio. Otra caída nos reintroduciría en ese bolillero de posibilidades que desdibuja los ecenarios conocidos y deja sorpresas en un territorio devastado. La alternativa es preservar una institucionalidad y una estabilidad que requieren un diagnóstico compartido, sacrificios, consensos. Y, desde esa base, la reconstrucción laboriosa de un futuro auspicioso.

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