Máximo, héroe o villano y pulgar abajo para Manzur

Por Hugo E.Grimaldi.

EN CASA ROSADA. Manzur y Kirchner se reunieron a principios de noviembre en el despacho del jefe de Gabinete. EN CASA ROSADA. Manzur y Kirchner se reunieron a principios de noviembre en el despacho del jefe de Gabinete. ARCHIVO / FOTO TOMADA DE TWITTER.COM/JUANMANZUROK
18 Diciembre 2021

El Frente de Todos ha recibido esta semana varios duros mandobles de la realidad que marcan cómo después de las elecciones de noviembre hay otro contexto político en la Argentina, algo que acaba de quedar muy en claro en el Congreso (y no en los actos de Plaza de Mayo): que el Frente de Todos ha perdido las elecciones y que cada día tiene menos margen para jugar al internismo. Sin embargo, desde adentro del kirchnerismo más duro se suceden los tics como si no hubiese pasado nada y siguen jugando a la interna, llevando a Máximo Kirchner a los altares o bajándole el pulgar al Jefe de Gabinete, Juan Manzur.

En primer término, fue la Corte Suprema quien cuestionó el jueves el fondo del diseño que Cristina Fernández hizo del Consejo de la Magistratura, tras el papelón del ministro de Justicia, Martín Soria, cuando pretendió condicionar a los jueces del Supremo. Ya no le va a ser tan sencillo al kirchnerismo nombrar jueces afines o desplazar a los que no se someten.

Otro tobogán se produjo por los desvaríos de los diputados K a la hora de tratar el Presupuesto 2022. En este terreno tampoco las tuvo todas para sí el jefe del bloque oficialista, Máximo Kirchner, cuando rompió lanzas con la oposición que le cuestionaba al Gobierno el mamarracho que había presentado Martín Guzmán con números al 15 de setiembre ya totalmente desactualizados y con las incorporaciones de partidas de ultimísimo momento, para conseguir los votos que finalmente no aparecieron. El Presupuesto fue rechazado porque el hijo de la vicepresidenta salió con los tapones de punta a criticar a los opositores por dos sucesos que lo han mostrado como de entendederas muy cortas en materia política.

Primero, porque sigue insistiendo en decir que el préstamo del FMI fue tomado graciosamente por el gobierno de Mauricio Macri como si la deuda hubiese nacido de un repollo y no de los sucesivos déficits que todos supieron acunar (kirchnerismo y Juntos por el Cambio) y segundo porque le enrostró agresivamente a los opositores que se habían agrandado porque ganaron una elección legislativa y que los que gobiernan son ellos, debido a los votos de 2019. “Aprendan a escuchar” les dijo ocho veces seguidas a los opositores, mientras se encerraba tozudamente en sus argumentos.

Lo concreto es que más allá de jugar a favor de los duros en la interna que se abrió en JxC, copada hasta entonces por los moderados, en un solo discurso Máximo se llevó tres materias a marzo: la de la negociación política, la de la deuda y la de la división de poderes. En tanto, sus compañeros de bancada lo ensalzan por lo bajo y dicen que en realidad lo que quería el Gobierno era que todo saliera mal, como salió, para poder seguir usando el Presupuesto actual vía Decretos presidenciales. Si todo fue una celada al sistema democrático, tampoco eso hablaría bien del hijo de la vicepresidenta.

Cuando durante la mañana del viernes, el presidente Alberto Fernández mandó a su ministro Gabriel Katopodis en plena sesión a negociar, muchos se preguntaron por qué no fue al Congreso el Jefe de Gabinete, Juan Manzur o gente de su área que es la que guarda la relación institucional entre el Ejecutivo y el Legislativo. Está bien que Katopodis es el alter ego de Sergio Massa en la Casa Rosada y que tiene la lapicera en materia de Obras Públicas, pero lo que ocurrió en verdad es que desde el Instituto Patria se vetó a Manzur, sobre todo por haber estado en una charla pública con Paolo Rocca, y por las cosas que dijo sobre el capitalismo, en contra del actual credo kirchnerista.

Cuando Manzur habló del Estado-presente, el titular de Techint lo cruzó: “estamos de acuerdo que necesitamos un estado presente, pero no podemos tener un sector privado ausente”. Y agregó que el crecimiento viene “de ese motor”. Ante la bajada de línea, no sólo Manzur no polemizó sobre el tema, sino que aseguró que “es correcto eso” y añadió que él es “defensor a ultranza del capitalismo”, aunque que el Estado debe ser “normativo, rector y conductor”. Sin embargo, para los más ultras del Patria (y en el léxico de Cristina) haber pronunciado la palabra capitalismo y frente a Rocca, nada menos, fue too much.

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