MATERIALES. En el desfile realizado en la hostería Atahualpa Yupanqui se presentaron diseños elaborados con cajas de jugo y de leche, chapitas metálicas de bebidas, plásticos, gomas de autos y cartones, entre otros reciclados. fotos Carla Cepeda - imágenes GENTILEZA UNIVERSIDAD SAN PABLO-T
La contaminación que enfrentamos a nivel global levanta la alerta con un montón de señales que se cuelan en la rutina. A veces, estas resultan perceptibles y otras aparecen atenuadas por nuestros hábitos y costumbres. Para salir de esta crisis ambiental, la única respuesta es apostar por una sustentabilidad integral que abarque desde las cosas que comemos o compramos hasta cómo nos vestimos.
En el rubro de la moda, la buena noticia es que Tucumán demostró -una vez más- que se puede cambiar de rumbo y encaminarnos hacia la indumentaria con conciencia ecológica. Las pruebas aparecen al ver las creaciones hechas por 13 alumnas de Diseño de Indumentaria de la Universidad San Pablo T. En el marco de un trabajo de Extensión junto al Centro de Interpretación Ambiental y Tecnológico (CIAT), el desafío para las estudiantes fue crear nuevas prendas a partir de diversos materiales reciclados.
“En la carrera tenemos una unidad específica dedicada a la moda sostenible y tras este convenio de colaboración, la idea fue trabajar con los residuos sólidos urbanos para darles -con gran inventiva- una segunda oportunidad de vida”, explica Marine Rivadeo, profesora de Textiles del NOA. El proyecto estuvo a cargo de la magister Silvia Martínez, en colaboración con la profesional de esta cátedra y el municipio de Tafí Viejo. “En las noticias y redes sociales cada día se escucha más cómo las grandes cadenas y marcas internacionales se suman al fashion revolution. Sin embargo, para dar espacio al cambio no es necesario que estemos en el extranjero o nos dediquemos a la alta costura. También es posible desde nuestra casa y con materiales de la región”, agrega la docente.
Al ver el resultado, lo que sorprende son las texturas, la intensidad de los tonos plateados y el brillo de la ropa. En una metamorfosis extrema, las bolsas, tetrabrik y los envoltorios de alfajores o caramelos renacen como vestidos dignos para pasar las Fiestas. En otros casos, las botellas de plástico se moldean para crear pétalos transparentes y un efecto etéreo.
Proceso
Este proyecto con perspectiva verde arrancó en agosto e incluyó la visita de los estudiantes a la planta de procesamiento para conocer cómo se trabaja con la basura sólida urbana. Además recibieron una capacitación sobre los diferentes tipos de residuos, su manipulación y propiedades.
El siguiente paso fue recorrer el establecimiento y armar un registro fotográfico para seleccionar luego los materiales reutilizables y arrancar con los diseños. ¿Lo curioso? Hasta los discos, burbujas (papel de polietileno), bolsas de arpillera, hojas A4 y tapitas pueden volverse en las manos correctas un outfit complejo.
“La experiencia fue apenas una muestra de cómo las pequeñas acciones pueden de verdad generar modificaciones sociales. Con la mirada correcta, lo que algunos consideran un residuo puede transformarse para otros en un tesoro”, afirma Rivadeo.
Tras meses de esfuerzo y traspasar ideas “del papel al maniquí”, la propuesta tuvo su broche de oro el martes pasado con un desfile eco en la hostería municipal Atahualpa Yupanqui, de Tafí Viejo.
Algunas piezas
Con el propósito de evitar picazón e incomodidad, las prendas poseen debajo una capa de microtul que las vuelve aptas para el uso. Cada una de las creaciones posee su propio nombre y nos enlazan con la naturaleza a través del “Resurgir”, “Renacer” y “Movimiento”.
Entre las opciones, un top de corte corazón, falda campana (con decenas de triángulos) y un collar a juego serpentean por la pasarela. Bajo la lupa, el look (titulado “Intermitente”) es un conjunto de cajas de leche, bidones de agua y pelotitas de plástico.
“El concepto de este diseño está inspirado en el universo, los planetas y partes de la naturaleza; con todo lo que me transmitía en el presente y lo que siento sobre el futuro”, detalla su autora, Ivvana Medina Navarro.
Ese mañana le pertenece a quienes levantan el estandarte de la preservación y las 3R. “La moda sustentable está pisando cada día más fuerte por todas las campañas de concientización y lo que normalmente podemos percibir de nuestra realidad. Resulta lamentable la contaminación que crece a diario, pero es posible innovar utilizando estos recursos y a la vez rescatar, reutilizar y lucir artículos sin dañar el lugar donde vivimos”, reflexiona.
Las apuestas textiles también suben hasta lo audaz con un top hecho con chapitas de latas de cerveza (unidas para formar una malla). Debajo, una falta estilo patchwork producida con ruedas de moto y bicis acompaña la estética. Con un guiño al famoso diseñador español, su nombre es “Eco Rabanne” y ofrece un juego de sentidos.
“Este atuendo representa una lucha. Para mi tesis estoy trabajando sobre la comunidad LGBT así que intento que los diseños que hago tengan algo de esa impronta. Me gusta representar a la comunidad como guerrera y por tal motivo la prenda tiene metal; un poco inspirado en los uniformes de los soldados romanos”, explica su creadora Ayelén Guzmán.
Con una vivencia previa en el upcycling de prendas vintage, la alumna coincide en que la tendencia está en alza. “Me alegra mucho que más gente se sume a la moda sustentable y espero que esto sirva para mostrar que con creatividad es posible hacer muchas cosas con aquello que percibíamos desecho”, agrega.








