UNA PUESTA KITSCH. Sonia García se desdobla en escena.
Hace dos décadas, Rafael Spregelburd asumió la tarea de volcar en escena su mirada sobre los siete pecados capitales actualizados, y construyó el corpus “La Heptalogía de Hieronymus Bosch”, a partir de la pintura de este artista. Uno de sus textos es “La extravagancia”, que hoy y mañana se presentará en Casa Luján (Saavedra 74), a las 22, por el grupo Al Filo.
En escena hay tres hermandas, dos de ellas de sangre y la restante adoptada, idénticas entre sí pero distintas en su interior, que vuelven a encontrarse luego de estar alejadas por un hecho que las compromete por igual y que afectará sus vidas. Están interpretadas por la misma actriz (Sonia García, dirigida por Martín Santillán), que despliega un monólogo tragicómico sobre los conflictos personales, lleno de humor negro, envidia, recelos y resentimientos.
“Es una obra de arte de la dramaturgia hispanoamericana, que habla de todo de lo argentino y lo universal sin fronteras, de todas las problemáticas de una familia tipo, sobre ese muerto o ese misil en el placar que todos guardan en cualquier parte del globo”, destaca el director a LA GACETA.
- ¿En qué genero lo trabajan?
- Es un absurdo; la dramaturgia de Rafael está signada por la comicidad, la mitología, la filosofía, la oncología o metafísica y, como dice en alguna biografía, la mutabilidad, el exceso, la interferencia, la proliferación y el humor estructural. En sus textos se deconstruyen las posiciones políticamente correctas. Después de eso las hermanas hablan de la identidad y, como dice el texto, “de la vida y la muerte”.
- Y el autor lo hace desde una familia disfuncional...
- El desafío más grande de los personajes es el querer pertenecer, la búsqueda de la verdad y de la identidad. El preferir morir al ser la adoptada. A partir de allí aparece una multiplicidad de formas de relacionarse y el ocultamiento como medio de comunicación, lo que se dice y lo que no, lo se puede y lo que no, cuántos árboles genealógicos podados incompletos con necesidad de sanar por algo que nos se dice dentro del núcleo... Pasa en la vida pasa en el teatro.
- ¿Cómo llegaron y abordaron la obra?
- El texto fue elegido de manera casi azarosa, al principio de un trabajo de investigación sobre la incomunicación y las nuevas formas virtuales de mostrar teatro. Nos encontramos con un título provisto por el autor sobre las obras on line: “No hay teatro sin convivio; lo otro deberá inventarse su propio nombre”. Fue nuestro disparador para ponernos en contacto con esta obra, que fue escrita a fines de los 90, una década signada por heridas narcisistas sociopolíticas de fines de siglo. Llevar acabo este proceso en medio de la cuarentena nos sirvió para percibir cierta relación del texto con la pandemia, ya que la historia nos permitía hacer más visibles problemáticas del día a día como el aislamiento de cada personaje, la relación humana con la enfermedad, la muerte como una constante y la necesidad de identidad o pertenecer, por nombrar en términos generales algunos de los aspectos que propone la obra con su dicotomía antagónicas.
- Es un unipersonal pero con tres personajes. ¿Decisión del grupo o del autor?
- El texto está planteado como un unipersonal, totalmente pensado por el autor para ser realizado de esa forma. Nuestra propuesta inicial fue hacer la obra con tres actrices, pero terminamos cumpliendo con las decisiones tajantes del autor.
- A partir de esas consignas, ¿qué se propusieron?
- Procuramos moldear las escenas con un cincel de punta aguda para ranurar la mirada del espectador y así deconstruir sus modelos vigentes de teatro, Rafael habla de una poética de la “desintegración”, que llene el espacio escénico de una puesta conformada principalmente por la comprometida actuación de la actriz. Utilizamos el espacio atravesado por la transversalidad, partiendo de una sugerencia del autor de poblar la división física con elementos kitsch, recreando una sala de estar común a las tres hermanas en distintos momentos y aspectos. Será el público quien se encargue de averiguar la semiótica. En el grupo estamos pasados de línea mirando el vacío para crear. La mejor forma de encontrarse con la creatividad es tirarse al vacío, como con un papel en blanco, para llenarlo de forma desmesurada.








