Una acción por el ambiente digna de ser imitada

Acaba de concluir, el domingo pasado, el programa Conscientes que llevaron a cabo empresas y organizaciones comprometidas con el planeta y que fue impulsado por Damián Rivadeneira, gerente de una de esas firmas. El programa ha sido un ejemplo de acciones a favor del medio ambiente, algo digno de ser replicado y, lo que es más importante, fácil de poner en práctica. Demanda poco dinero y muchos voluntarios. 

Que los hay, sobre todo entre los jóvenes y niños tucumanos, que se vienen mostrando más dispuestos que los adultos para emprender actividades de protección de nuestro hábitat. El programa Conscientes nace de una inquietud de Rivadeneira –según él mismo comentó a LA GACETA en diversas ocasiones-: la importancia de los bosques para la salud del planeta y para regular el calentamiento global. Los bosques juegan un papel central debido al secuestro natural que hacen del carbono, porque ellos extraen el dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacenan en su masa, a la vez que liberan oxígeno, al hacer la fotosíntesis. Se sabe que por año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques nativos en todo el mundo. 

Esto equivale a cuatro veces la superficie de San Miguel de Tucumán por día. Y esta es una de las causas del calentamiento global. Alrededor del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero se deben a la pérdida de los bosques nativos. Lo más interesante del proyecto Conscientes es el modo en que fue armado, ya que se basó en cuatro pilares: educar, limpiar, restaurar y sembrar. Con esa consigna se elaboró un programa de formación sobre la problemática ambiental destinado a docentes, a niños y a adolescentes, y ese programa fue llevado a diferentes escuelas y colegios. Participaron en la elaboración la licenciada Teresita Lomáscolo, bióloga y especialista en gestión educativa y la doctora en Biología Martita Ayup. Así, se trasladó a los establecimientos el debate sobre ecología y sustentabilidad. 

Y como la acción es importante, se les propuso a los chicos que armen bombas de semillas de árboles nativos. Con mucho entusiasmo se armaron miles de estas bombas que llevaban dentro semillas de árboles autóctonos como cedro, laurel, horco molle, lapacho rosado, tipa, nogal criollo y cebil. A comienzos de noviembre se cumplió con el segundo pilar, y se hizo una limpieza del cerro San Javier, ocasión en que se juntaron dos camiones y dos camionetas llenos de basura. Más de 400 voluntarios participaron de esa actividad. La basura recogida, además, fue separada y clasificada y la llevaron a un punto verde para que sea reciclada. Una semana después se puso en práctica el cuarto pilar: restaurar la parte del bosque afectada por un incendio en septiembre pasado. 

El fuego había sido provocado por cazadores furtivos, y que había destruido media hectárea del Parque Sierra de San Javier. Después de cuatro horas de caminatas, porque había que meterse en las zonas menos accesibles del cerro, una cincuentena de voluntarios llegaron a plantar 120 ejemplares de árboles nativos. Y el domingo se puso en marcha el último pilar, con el que se cerró el proyecto: la siembra de aquellas bombas de semillas que habían hecho los chicos en la escuela. Para ello contaron con la colaboración desinteresada de todo el equipo de Loma Bola y de los parapentistas, ya que la siembra se hizo desde las alturas por toda la ladera del San Javier. Es de esperar que esta acción de Conscientes se repita y que sea replicada por otras organizaciones y también, por qué no, por el propio Estado.

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