LA ESCENA DEL CRIMEN. El doble filicidio se registró en una vieja casona de la localidad de San José, La Cocha.
Era un atardecer del 1 de mayo de 2018. Los festejos del Día del Trabajador se iban enfriando al mismo ritmo que la carne seca que aún quedaba en la parrilla o el locro en una olla que ya había sido sacada del fuego que se alimentaba por esos troncos gruesos cuidadosamente seleccionados de los montes de la zona. Y como no podía faltar, los habitantes de la localidad de San José, de La Cocha, disfrutaban del tradicional picadito de fútbol, donde los jugadores apenas podían moverse por la comida y bebida que habían ingerido. De pronto, los griteríos y los llantos de las vecinas y los hombres que corrían de un lado a otro llamando a la Policía dieron cuenta del horror. En el techo de una vieja vivienda se encontraba María José Álvarez (20), que lloraba desconsoladamente y, mientras amenazaba con tirarse al vacío, gritaba: “¡Me mandé una locura!”. Y esa locura fue haber asesinado a sus dos hijos. Con los uniformados corriendo de un lado a otro y los bomberos ayudando con un colchón viejo, la joven cumplió con su anuncio. Se tiró, pero la pericia de los servidores públicos logró salvarle la vida. Decenas de curiosos se presentaron a ver lo que estaba ocurriendo. A los pocos minutos se desató un aguacero. Los vecinos, aferrándose a viejas creencias, comentaron que lo que caía del cielo no eran lluvias, sino lágrimas de ángeles.
Fue un caso que tuvo un efímero paso por los medios locales y nacionales que, por la distancia y el hermetismo judicial, no se conocieron más detalles de la pesadilla que vivió una joven del interior, que no tenía la más mínima idea de que todos sus derechos se vulneraron una y otra vez. Una causa que tuvo varias sorpresas en medio de la investigación. Además, la condena que le aplicaron hace casi nueve meses no fue difundida, pese a que el fallo genera una importante jurisprudencia a nivel local y, posiblemente, nacional. Por primera vez en un filicidio se utilizó la perspectiva de género a través de un juicio abreviado, otra de las herramientas que otorga el nuevo Código Procesal Penal.
En esa fatídica tarde, mientras todo el mundo celebraba, José Pedraza llegaba a la casa de sus padres a saludarlos. Antes de cruzar la entrada, observó que Álvarez estaba subida en el techo de la vivienda ubicada al frente del domicilio de sus progenitores, llorando desconsoladamente y gritando que se tiraría al vacío. Desesperado por intentar frenarla, ingresó a la vivienda y se dio con la terrible escena. En una de las habitaciones, se encontró con Nicole Álvarez (de 3 años) y con Máximo Gómez Álvarez (de seis meses) sin vida. El testigo declaró que ingresó a la pieza, los tocó y se dio cuenta de que estaban fríos. Dijo además que el más pequeño tenía el chupete en su boca. El hombre relató que después de haber descubierto los cuerpos de los niños fue en ayuda de la joven. Pero nada pudo hacer. La autora del doble crimen terminó arrojándose y sufrió heridas leves. Fue trasladada al hospital de Concepción donde informaron que su vida no corría peligro y que estaba esperando un tercer hijo. Ella siempre aseguró que se enteró de su embarazo por los médicos que la atendieron en ese momento.
El fiscal Miguel Varela estuvo al frente de la investigación. Nunca pudo precisar en qué momento cometió el doble homicidio. Estimó que fue entre las 8 y las 17.30, por el testimonio de un niño de 9 años, que es primo de la acusada de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por alevosía. El pequeño, a través de una entrevista en cámara Gesell relató que él siempre pasaba a buscar a Nicole para jugar. Pero en esta oportunidad, Álvarez le dijo tres veces que no podía salir por diferentes razones. La última vez que la vio contó que la vio llorando. Luego, los informes de la autopsia determinaron que los niños habían fallecido por una asfixia mecánica por sofocación, es decir, les taparon el rostro con algún elemento (siempre se sospechó que fueron las almohadas encontradas en la habitación) para impedir que respiraran.
Otra teoría
Nueve días después de haber cometido el crimen de sus hijos, la acusada se presentó a declarar ante Varela. Sorpresivamente, las palabras de la joven abrieron una nueva hipótesis. La participación de un tercero. Álvarez, sin dudarlo, acusó a su ex pareja Diego Espíndola como el responsable de la muerte de sus dos pequeños. “Él me dijo que iba a terminar con los problemas. Me empujó y se fue de la casa. Cuando entré a la pieza estaban los dos chicos acostados en la cama, pero no los podía despertar. Entonces, lo acosté a mi bebé al lado de mi hija. Me senté en la cama donde estaban ellos y ahí me quedé por horas mirándolos y no podía hacer nada”, declaró.
Espíndola conoció a la víctima cuando ella tenía 15 años y él 29. Iniciaron una relación y ella quedó embarazada de Nicole. Después de que naciera la niña, se enteró de que su novio estaba en pareja con otra mujer desde hacía 12 años. Ahí se produjo la ruptura. La joven inició otra relación con Mariano Josué Gómez, otro joven de la zona; y al poco tiempo nació Máximo, el menor de sus hijos. “Diego me pedía que le dijera al padre de mi hijo que no lo vaya a buscar más porque no quería que viniera a mi casa. Yo le dije que no. Él se enojó. Al otro día se levantó temprano y se fue”, aseguró. “No maté a mis hijos. Ellos eran toda mi vida. Nunca me despegaba de ellos; siempre los tenía conmigo. Él los mató”, afirmó.
La defensora oficial. Carolina Ballesteros -que actualmente es integrante del Colegio de Jueces del Centro Judicial Capital-, aclaró que la nueva hipótesis que incrimina al hombre va tomando fuerza. “Ella declaró que él fue el autor de la muerte de los dos pequeños, no que colaboró en el crimen. Espíndola mantenía una relación desde hace varios años con la joven y nunca toleró que el padre de Máximo tuviera una buena relación con ella. Ese habría sido el desencadenante de la tragedia”, explicó.
La profesional indicó además que trabajaba para que se sepa la verdad de lo que pasó. “Ella está en estado de shock desde el mismo día que ocurrió el hecho. Hemos pedido asistencia psicológica y una serie de medidas puntuales para que se confirme la versión que dio ante el fiscal Varela”, concluyó. El representante del Ministerio Público Fiscal se mostró inflexible y logró que a ambos se le dictara la prisión preventiva por seis meses. Pero el caso aún no estaba resuelto, quedaban algunos giros inesperados.
Una carta
Se dice que las comparaciones son odiosas, pero en materia de investigación, son obligatorias para esclarecer un hecho. El doble filicidio de La Cocha se produjo siete meses después de que Nadia Fucilieri matara a sus dos hijos. Hubo algunas similitudes en ambos casos. Incluso, algunos pensaron que Álvarez podría haberse inspirado en ese caso para cometer el hecho por el que estaba acusada. Y esa hipótesis surgió luego de que hallaran una carta escrita por Álvarez antes de que se desencadenara el doble crimen. Lo mismo hizo la madre de Marceliano y Pía del Rosario Martínez Fucilieri. Y hubo grandes diferencias. Primero, cómo la encontraron. Y después el peso legal que tuvieron. Para la joven de la capital fue la prueba clave para condenarla. En tanto que a la sureña le abrió la puerta para que recibiera una pena atenuada.
Cuando los investigadores ingresaron a la casa de Fucilieri encontraron la misiva sobre una mesa e inmediatamente la secuestraron. En el caso de La Cocha fue completamente distinto. María Esther Álvarez, pariente de la acusada, dos días después de haberse registrado el doble filicidio, renegó porque un perro había desparramado el contenido de una bolsa de residuos que había “robado” de la casa de la acusada. Mientras la juntaba encontró un papel escrito con la letra de la sospechosa. Después otro y otro más. Los juntó a todos y descubrió que era una misiva que había escrito para Espíndola y se lo entregó a la Policía.
“Yo ya no puedo seguir así, mi cabeza anda a mil por hora recordando todo lo que pasó, todas tus palabras y no le hallo salida a este laberinto que me está matando poco a poco. Ya no tengo más fuerzas para seguir con esto y solo encuentro la única salida que para mí existe para poder descansar en paz y que mis bebés sean siempre mis angelitos”, escribió Álvarez. “Muchos dirán que estoy equivocada y que la vida sigue, pero nadie sabe en realidad lo que he vivido y he tenido que pasar y no aguanto más. Me duele en el alma saber que no podré festejar ni un cumpleaños más con mis bebés o el primer día de clases de mi princesa, su primer diente flojo, su sonrisa y sus travesuras”, añadió.
“Mi vida llegó a tal límite que no puedo ver que mi princesa también sufra por tu culpa, que llore diciendo que ‘mi papá no me quiere, por eso se va’. Es como si me clavaran un cuchillo en el corazón cuando tengo que escuchar eso y sin embargo no te importa. Sinceramente hubiera querido que nunca hables con mi mamá y no hubiera pasado nada de lo que pasó, pero no podemos volver el tiempo atrás”, se pudo leer en la carta.
“Te mando lo que olvidaste y la plata que me mandaste con Sebastián porque a donde voy ya no va a ser necesario. Quizás no lo recuerdes porque no te importa, pero un día como hoy hace cuatro años fue la primera vez que estuvimos juntos cuando me hablaste por primera vez. Un día como hoy hace cuatro años comenzó una historia que llega a su fin. No de la mejor manera, pero cuando el reloj dé las 21:30, como esa noche, terminará la historia como aquel día que comenzó todo”, escribió.
La carta terminó siendo una prueba clave. No quedaban dudas de que Álvarez había sido la autora del hecho. Pero después fueron surgieron indicios que terminaron beneficiando a la acusada. Y uno de ellos fue el informe psicológico que se le realizó. Si bien es cierto que esa prueba confirmó que era perfectamente punible por haber comprendido la criminalidad de sus actos, también mostró la otra cara del caso. Pía Florencia Papa, perteneciente al Equipo Psicosocial del Ministerio Pupilar y de la Defensa fue la encargada de desarrollar la pericia. “Durante su adolescencia sostuvo experiencias amorosas frustrantes e inestables. En los aspectos emocionales se observa ansiedad, angustia contenida, bloqueo emocional y aplanamiento efectivo. Emplea mecanismos defensivos de represión y racionalización, a fin de mantener su yo organizado, pero son frágiles”, explicó la profesional. También indicó que la joven, durante los años 2017 y 2018, fue víctima de números sucesos de violencia física, sexual, moral y psicológica por parte de de Espíndola y de su pareja, Jorgelina Ruesjas, quien en varias sorprendió a la imputada en su vivienda amenazándola, confrontándola y dirigiéndose hacia ella con insultos. Todas esta cuestiones alimentaron una vida de pesadilla que se cobró la vida de dos inocentes.








