
Armando Pérez de Nucci
Doctor en Medicina
Con asombro y preocupación observo que muchas personas se niegan a ser vacunadas. La vacuna en general cubre en la actualidad a muchas personas y, en muchos casos casi han hecho desaparecer enfermedades que, al inicio de mis estudios médicos (1958), mataban millones de personas en el mundo y toda la ciencia médica hacía enormes esfuerzos para lograrlas y cumplir con nuestro primer deber de profesionales que era curar lo más pronto posible y, si fuera posible, sin secuelas o cargas orgánicas una vez vencido a la patología que aquejaba al paciente. Curar tiene como antecedente previo “pre- venir “, es decir evitar la llegada de la enfermedad. Por ejemplo, el cáncer de cuello uterino en la mujer, ha sido disminuido notablemente por la ejecución del método llamado “Papanicolaou” que lo detecta y nos permite detectar el problema a tiempo. Las vacunas preservan de la enfermedad y Jenner en 1796 aplicó la primera vacuna anti viruela que salvó a miles de pacientes en el mundo, abriendo un panorama esperanzador para la humanidad, al que siguieron. Muchas otras vacunas que han evitado al mundo su extinción. A los 17 años , ya cursando segundo año en la Facultad de Medicina, empecé a aplicar vacunas ofreciéndome como voluntario al gobierno con un amigo a colaborar a la difusión y colocación de las mismas contra la poliomielitis que asolaba al mundo con las muertes y secuelas, hoy reducida la enfermedad a bajos niveles por la vacunación. Nos tocó vacunar al viejo Colegio Santa Rosa en la calle 24 de Septiembre. Y allí conocí a la Hermana Hortensia, empezando una amistad de muchos años a pesar de la diferencia de edad, como una anécdota más, que hemos recordado en nuestros encuentros posteriores. El mundo cambió por nuevos descubrimientos y eso mejoró nuestra calidad de vida. Negarse a una vacuna es como tener una grave enfermedad y rechazar la cirugía que podría salvarlo y, aunque parezca una locura, algunos pacientes se niegan y mueren atrozmente por sus creencias religiosas, seculares, o creencias equivocadas. En 55 años he visto muchos casos así y el paso de una medicina que cuidaba con pocos recursos y ayudaba a bien morir, a una medicina que no solo cura eficientemente y previene con claridad y con muchas de las afecciones infecciosas las previene con reglas de vida y vacunas. Son muchos años de enfermedad y muertes y he sido muy feliz al lado de pacientes que pudieron superar su padecimiento. Al haberme desempeñado como profesor de Historia de la Medicina y Bioética, he logrado ver la evolución del hombre enfermo a un paciente prevenido contra la enfermedad, lo que me ha hecho muy feliz de ser un médico que ha podido ayudar a curar a través de una medicina clara y contundente y desprovista de construcciones mentales distorsionadas y ajenas a la realidad de la gente. ¿Vacunas? Sí.







