Crímenes de niños: las dos teorías del caso Fucilieri

DOLOROSA ESCENA. Con una carta se elaboró la hipótesis de que la acusada mató a sus hijos para vengarse de su ex. DOLOROSA ESCENA. Con una carta se elaboró la hipótesis de que la acusada mató a sus hijos para vengarse de su ex.
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 12 Diciembre 2021

Undécima parte

“No me cierra nada, ni nunca me va a cerrar nada”, señaló Nadia Fucilieri antes de escuchar la condena en su contra que le dictaron por haber asesinado a sus hijos Marceliano (4 años) y Pía del Rosario (3) en octubre de 2017. Fue el penúltimo doble filicidio que se cometió en nuestra provincia. Un caso lleno de polémicas y de dudas. Y los interrogantes se originaron en los por qué de este crimen. El dónde y cómo lo hizo quedaron debidamente aclarado en el juicio. No así el móvil. Si bien es cierto que el tribunal integrado por María Fernanda Bähler, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica entendieron que lo había hecho por venganza, hubo otras cuestiones que no quedaron del todo clara. Y fue así porque la joven prefirió mantenerse en silencio. Recién en la última parte del debate oral decidió hablar, pero no aportó ningún detalle que aclararan este punto.

Y ese silencio tuvo que ver con la estrategia que desplegó su defensor Gustavo Morales para que sea declarada inimputable por haber sufrido un brote psicótico. Fucilieri, al hablar por última vez ante los jueces, contó algunos detalles de su vida privada y defenestró a su ex pareja, Aldo Martínez. Entre otras cosas relató que fue abandonada por su padre cuando era muy pequeña y que su madre padeció una larga enfermedad durante años hasta que murió. “Lo único que quería cuando era niña era estar con mi madre a pesar de que estaba muerta. No me importaba la muerte, sólo quería estar con ella”, declaró. Y sus palabras que generaron más silencios fueron estas: “Lo único que pretendía era convivir con una persona con la que pensaba que podría tener una familia que no tuve. Fui mamá. Mis hijos eran la luz de mi vida, todos los que estaban a mi vuelta lo sabían. Jamás manifesté no tener a los niños a pesar de que no estaba casada. Siempre me hice cargo, dejé mis estudios por ellos”.

Pero hubo una prueba categórica en el caso. En la escena del crimen, los investigadores encontraron una carta que terminaría siendo clave en el expediente. “A vos hijo de mil puta, te hago responsable de cada gota de sangre que correrá de mis hijos...No vas a vivir tranquilo ni vos ni tu familia”, había escrito Fucilieri en un recetario de médico. Esa misiva inclinó la balanza hacia la culpabilidad. El fiscal Diego López Ávila la consideró casi como una confesión y por ese mismo motivo hizo una pericia caligráfica que confirmó que esas duras palabras las había escrito la acusada del doble filicidio.

Silvia Furque, que asumió la querella en representación del padre de las víctimas, por la experiencia de años, utilizó esa carta en los alegatos. “Señores jueces, vean las evidencias. La carta encontrada estaba húmeda porque seguro que estaba llorando cuando la escribió. Llorar y quererse matar son actos conscientes, no hubo ningún brote psicótico. Y sí lloró fue porque quería que Martínez sufriera”. “Es prototipo de perverso hacer y acusar a otro de un crimen. No quería que haya vínculos entre el padre y sus hijos. Fíjense en los verbos que utilizó en la carta con letra prolija y linda: dice ‘correrá sangre de tus hijos’. Dice que correrá porque ya tenía planeado todo”, añadió.

Temas candentes

EL LUGAR. El doble filicidio se registró en octubre de 2017 en esta vivienda de la capital tucumana. EL LUGAR. El doble filicidio se registró en octubre de 2017 en esta vivienda de la capital tucumana.

“Lo hizo solamente para generarle sufrimiento al padre de las criaturas. Eso está claro en la carta. Ella dijo que no los iba a ver nunca más. Pero aquí hay otra realidad: él se separa de sus hijos porque ella lo denuncia penalmente. El juez penal que interviene, sin preguntar que había pasado y constatar lo que había ocurrido y si realmente existía un peligro, le dicta una prohibición de acercamiento”, explicó Furque. “Tampoco se tuvo en cuenta si ella estaba en condiciones de estar a cargo de los pequeños”, agregó.

“Él se fue de su casa por una orden judicial. No tuvo derecho a defenderse. Después inició un largo recorrido judicial para poder reencontrarse con sus hijos. Fueron nueve meses de peregrinar por tribunales, de ir a audiencia tras audiencia”, relató Furque. “El problema estaba que cada vez que estábamos por llegar a un acuerdo, ella denunciaba a sus abogadas y empezábamos todo el proceso de nuevo. Cuando se le estaba por acordar un régimen comunicacional, ella los mató porque no quería que Martínez tuviera contacto con ellos”, añadió.

El juez en apelaciones Enrique Pedicone y el de familia Orlando Stoyanoff intervinieron en el caso. Los dos fueron destituidos, aunque ninguno por su actuación en este caso, pero sí tuvieron al expediente en sus manos. Por ese motivo, en tribunales hablan de que la causa Fucilieri se transformó en una especie de maldición. El penalista fue quién otorgó el arresto domiciliario de la imputada, el de civil, entendió sobre las cuestiones vinculadas a la denuncia por violencia de género y por el régimen de visitas. Cuando la sociedad tucumana estaba conmovida por el caso, ambos magistrados realizaron entrevistas para aclarar su situación.

La condenada denunció en enero de 2017 a Martínez por violencia de género. Ese mismo mes, un juez penal le dictó una prohibición de acercamiento a favor de la madre de los pequeños. El expediente llegó a manos de Stoyanoff en marzo, es decir, casi dos meses después de que se la radicara. “No tuvo actividad porque no hubo requerimiento alguno por parte de la señora. En junio, pidió la restricción, que ya estaba dictada y que fue sostenida. También se fijó provisoriamente una cuota alimentaria, como una medida cautelar como accesorio a la medida de protección”, explicó el magistrado de familia a los días que se registrara el doble filicidio.

El juez Stoyanoff también aportó dos elementos claves en la entrevista publicada por LA GACETA el 9 de octubre de 2017. El primero, y quizás más importante, es que todo ese tiempo, nunca se ordenó hacer una pericia psicológica a ninguno de los miembros de la familia. ¿Puede un magistrado resolver un caso sin tener mayores conocimientos de lo que ocurre en ese núcleo familiar? El segundo, y no menos destacable, aclaró: “él no tenía restricción hacia sus hijos. Las razones que hayan existido o cómo se hayan manejado los padres, escapan a mi conocimiento”. ¿Cómo hace un padre para visitar a su hijo si no puede acercarse a la madre que los tiene a su cargo? Ambas preguntas siguen sin tener respuestas y hay decenas de progenitores recorriendo los pasillos de tribunales buscando que alguien los ayude a resolver este conflicto. “A mí me pasó lo mismo, pero a mí no me importó nada. Hasta los llegué a buscar de una comisaría. Después me di cuenta que sufrían los chicos. Eso duró hasta que en una audiencia me paré ante una jueza y le dije todo lo que sentía y lo que sentían los chicos. Ahí cambiaron las cosas”, contó Pablo que prefirió no dar a conocer su apellido porque se encuentra en pleno litigio.

La defensa

Morales apostó todas sus fichas para que la acusada sea declarada inimputable. Primero cuestionó todos los informes que realizaron los profesionales de la salud mental que indicaron que Fucilieri entendía la criminalidad de sus actos. “Eso no es así, no se hizo ni siquiera una junta médica para analizar su situación. Directamente dos médicos diferentes, sin saber qué técnicas utilizaron, dieron ese diagnóstico. Sin contar que esos estudios se hicieron varios días después de que se cometiera el hecho”, opinó en una entrevista con LA GACETA.

El profesional ofreció como testigo a la licenciada en psicología Teresa Martínez. La profesional la atendió durante dos años y seis meses a Fucilieri. En el juicio informó que la imputada nunca pudo recordar el hecho. “Ella refirió que se recostó con los chicos y de allí pasó a estar atada a una cama. Su estado no era nada favorable”, explicó. Vale la pena aclarar que en la etapa de instrucción esta opinión nunca fue plasmada, se tomó conocimiento de esta situación en medio del debate, lo que generó cuestionamientos entre las partes acusadoras.

Morales, durante los alegatos, se basó en los dichos de la licenciada Martínez para elaborar su teoría del caso. “No hay dudas que Nadia sufrió un estrés postraumático por acumulación de hechos”, explicó el profesional. Y esos hechos, según lo planteó el abogado, tienen que ver con la violencia de género que sufría la joven. “Aquí se habló de todo tipo de violencia por parte de su pareja, sexual, física y económica. Por eso es imprescindible que el caso sea debatido, analizado y juzgado con perspectiva de género”, alegó el profesional.

“Con pruebas aportadas por la misma parte querellante se pudo determinar había burlas y celos por parte de Martínez. Apenas pudo terminar sus estudios es cierto, casi a hurtadillas porque no la dejaba estudiar. Lo dijo la psicóloga y José Sánchez, testigo estrella del Ministerio Público Fiscal”, señaló. “Justamente, el tío y su hija colaboraban con la crianza y alimentación de los niños porque ella tenía que estar todos los días en tribunales”, añadió.

“La licenciada Martínez, que la atendió durante más de dos años, indicó que había muchos actos de violencia muchos actos de violencia, de celos y que esto tiene efecto acumulativo. Cuando se le preguntó si advirtió rasgos fabuladores, dijo que no”, destacó Morales. “Con todos los estudios que le hizo, quedó en claro que ella no recordaba lo que había pasado. Y eso fue así porque ella sufrió ese estrés postraumático. Ese es un indicio que debe considerarse a favor de mi defendida no en contra”, añadió.

Las cartas estaban sobre la mesa. El caso estaba prácticamente cerrado. Quedaba escuchar la sentencia del tribunal de un debate al que le sobraron las emociones.

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