Vender a lo bestia

Novela ganadora del premio Planeta 2021. Por Juan ángel Cavaleiro para LA GACETA.

12 Diciembre 2021

Cuentan que los ganadores del premio Planeta de novela ya están elegidos (comprometidos, apalabrados) hasta el año 2027. Malas lenguas que con tal de decir la verdad ofenden sin empacho a los Grandes Grupos Editoriales. Lo cierto es que, tras tanta acumulación de compromisos, este año el Planeta despacha tres autores para una sola novela.

Carmen Mola es el pseudónimo de Antonio Mercero, Agustín Martínez y Jorge Díaz, gente curtida en el potrero televisivo que viene a la literatura a enseñarnos cómo se vende un libro, coño. Tres cabezas para pergeñar esa criatura literaria, La Bestia, que les ha deparado un millón de euros. Intriga, de verdad, saber quién de los tres la escribió, o cómo hicieron para parirla al unísono tres señores españoles hechos y derechos.

La Bestia, la novela, puro artefacto de mercadotecnia, combina los elementos del thriller con tópicos del melodrama en una escenografía histórica de cartón piedra, porque si una novela debe revelarnos un mundo o una verdad, La Bestia no nos revela nada del Madrid de 1834 en que transcurre, salvo humo y baratijas. ¿Es lo que el público reclama? ¿Tiene la culpa el chancho o quien le da de comer?

La novela se inicia con un perro jugando con la cabeza cercenada de una niña pobre, en el barro, una noche de lluvia, durante una epidemia de cólera. ¿No es demasiado? ¿Qué nos cabe esperar? La Hybris, la desmesura: más niñas muertas y mutiladas, más truculencia, y la incógnita de quién es el responsable (la Bestia). Un inicio así impacta, pero exige que la tensión no decaiga, y eso impone piruetas narrativas, fuegos de artificio, gritos histéricos y lagrimeos de la trama para que el asunto progrese, vaya a más. Pero es difícil ir a más cuando has jugado tu carta fuerte en la primera mano. Lo que la pornografía es al fino erotismo, eso es La Bestia a Crimen y castigo, por decir algo.

La obra no admite segundas lecturas, no solo por la chatura que impide profundizar en sentidos y mensajes, sino porque es de las que nadie en su sano juicio relee. Novela de un solo uso, donde la intriga se agota al resolverse, justo al final, y no hay más en el texto; no hay placer estético en la lectura, no hay ese deleite de la prosa bien llevada, el puro disfrute de las palabras y de las frases. Una prosa gris, sin guindas ni diamantes, sin grandes ideas, solo morbo y entretenimiento. Ideal para darle una leída y regalar después en estas fiestas. No para quedársela.

© LA GACETA

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