Monseñor Díaz: "nuestra Patria está herida por odios y discordias que necesitamos superar"

El obispo de "La Perla del Sur" formuló un duro reclamo durante la homilía por la Inmaculada Concepción.

08 Dic 2021
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RECLAMO RELIGIOSO. El obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz, pronunció una dura homilía en el marco de las celebraciones por la Inmaculada Concepción. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL.

En el marco de las celebraciones a la Virgen María, el obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz, pronunció una homilía durante la misa por la Inmaculada Concepción, que bien puede ser interpretada como un fuerte reclamo a la dirigencia política en general, sin distinciones de colores ideológicos.

Sobre el final de su discurso dedicó especial énfasis a desarrollar la visión que tiene la Iglesia Católica de la actual situación del país.

"Nuestra Patria esta herida por odios, divisiones y discordias, que necesitamos superar. Necesitamos reencontrarnos como hermanos para reconstruir con grandeza lo que nuestras pobrezas humanas nos hicieron perder. Necesitamos recuperar nuestros valores humanos y cristianos", dijo el religioso.

En especial, reprochó la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, y lanzó cuestionamientos hacia un proyecto de ley sobre la legalización de la eutanasia, que ingresó recientemente al Senado. "Ya ni siquiera respetamos los derechos fundamentales, como la vida humana consagrada por la Constitución Nacional desde el momento de la concepción hasta su termino natural", afirmó el obispo.

En el marco de un "diálogo" con la Virgen, convocó a la dirigencia política a que revise la legislación y las iniciativas. "Ayúdanos a tener la humildad para revisar nuestras decisiones equivocadas. No es posible que se siga desechando seres humanos en los tachos de basura. Y por si esto fuera poco, ahora quieren algunos introducir una ley que permita la eliminación de nuestros ancianos y enfermos, la ley de la eutanasia", criticó. Y subrayó: "no nos podemos reconstruir como Patria cargando sobre nuestras conciencias miles de crímenes de compatriotas indefensos".

Pero las interrupciones del embarazo y de la vida no fue lo único que cuestionó monseñor Díaz. También enfatizó sobre el crecimiento de la pobreza y de la droga. "No se puede reconstruir la Patria mientras avanza el número de excluidos y marginados, mientras crezca sin límites el avance del narcotráfico a la vista de todos dejando regados en nuestras calles a cientos de jóvenes con su vida destruida", puntualizó.

Consideró que la dirigencia política se está alejando de la fe, y que se trata de una decisión equivocada, en momentos en que cabe reconstruir el país. "Necesitamos construir nuestra Patria sobre los valores fundamentales que nos sirvieron de pilares. Excluir a Dios de este proceso es una muy mala idea. No solo porque nos quitaría fuerzas para trabajar por el bien, la verdad y la Justicia, sino también porque vaciaríamos de contenido el sentido de nuestras vidas como personas y como pueblo. Eso si sería perder el rumbo", advirtió.

A continuación, la homilía de monseñor Díaz:

Convocados por la Madre Inmaculada en el 167 aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción hecha por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, nos encontramos a sus pies. Ella nos reúne como madre, nos enseña como modelo y nos acompaña como discípula.
La Palabra de Dios nos invita a mirar el profundo contraste entre una humanidad oscurecida por el pecado y la humanidad de María Inmaculada.

María es iluminada por la Gracia. Es la llena de gracia. Llena de Dios.

Ella tiene su lugar en la Iglesia. Es ante todo madre de la Iglesia porque es madre del Salvador de quien la Iglesia es Cuerpo Místico. Es el modelo acabado de lo que Dios busca para nosotros, santa, inmaculada, en quien se restablece la gracia que perdió Eva. Es la llena de Gracia, por eso es toda santa. Por eso el principio mariano de la pastoral, precede al principio petrino como enseña uno de los mayores teólogos del siglo XX y es citado por San Juan Pablo II en un documento sobre la dignidad de la mujer.  La preeminencia de María brota de ser llena de Dios, Pura, Inmaculada y Madre del Salvador. En María se encuentra de un modo acabado todo lo que como Iglesia hacemos y procuramos mediante la evangelización.

Pero hoy también miramos el lugar que tiene María en el corazón de sus hijos. Las múltiples manifestaciones de fe mariana que hemos visto durante estos días nos hablan de que esa preeminencia en el orden de la gracia se convierte en modelo cercano, cargado de fervor y amor. María se hace peregrina con nosotros nos precede y acompaña. Nos precede porque ella ya alcanzó aquello que anhelamos. En Ella, nuestra humanidad llegó a su plenitud.

Dicen los Obispos en Aparecida: “Entre las expresiones de esta espiritualidad y mistica popular … Destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí, el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual”. (DA 259)
En este tiempo, acompañando a la Iglesia en uno de sus momentos más difíciles de su historia, María nos enseña a ser discipulos. Como indicando el camino trazado por Benedicto XVI en su discurso a los Obispos latinoamericanos en Aparecida en mayo de 2007: “hay que recomenzar desde Cristo”.

Algunos, buscando un nuevo orden mundial, usan la expresión: hay que resetear a la humanidad. No sabemos muy bien lo que quieren decir con esto. Nosotros decimos: hay que recomenzar desde Cristo” y por esto entendemos que, ante todo, debemos poner a Jesucristo como la piedra fundamental en la construcción de un nuevo orden basado en la Conversión de vida, es decir, un volver a Dios a un orden según la voluntad de Dios.

Lo nuevo que Dios está por hacer con nosotros es también puro y transparente como lo hizo con María.

Que nuestras fiestas en honor a nuestra Madre nos sirvan para empezar una vida nueva. Que nuestras expresiones de fe mariana sean el inicio de una sincera conversión.
Culminación del año dedicado a San José.

Culminamos hoy el año dedicado a San José. Un hombre justo y misericordioso. Prototipo del hombre creyente, confiado en los proyectos de Dios. Que respeta desde la fe los acontecimientos de la salvación que ocurren en el seno de María.

Un hombre de fe. Pone su confianza en Dios, y aunque no entiende suficientemente, los acepta. No se apropió de los planes de Dios. Los obedeció.

Un hombre que se hace cargo.

Un hombre sinodal. Camina junto a María y a Jesús. Se hizo compañero de camino. No impone su voluntad. Protege y acompaña a su familia.

Un hombre de trabajo y esfuerzo cotidiano. No esperaba que las cosas vinieran de arriba. Procuraba el pan cotidiano.
Un hombre de silencio y oración.

Iglesia Sinodal.

Como María y como José, queremos ser peregrinos siendo una Iglesia profundamente sinodal que viva fuertemente los pilares de una solida espiritualidad de comunión, una efectiva participación de todos, sin que nadie quede afuera, y una creativa misión que sepa responder a los nuevos desafíos desafíos culturales.

Nuestra patria

Querida Madre Inmaculada, queremos culminar nuestras fiestas en tu honor pidiéndote que nos ayudes a rezar por nuestra Patria.

Reconocemos que nuestra Patria esta herida por odios, divisiones y discordias que necesitamos superar.

ecesitamos reencontrarnos como hermanos para reconstruir con grandeza lo que nuestras pobrezas humanas nos hicieron perder.

Necesitamos recuperar nuestros valores humanos y cristianos. Ya ni siquiera respetamos los derechos fundamentales, como la vida humana consagrada por la Constitución Nacional desde el momento de la concepción hasta su termino natural. Ayúdanos a tener la humildad para revisar nuestras decisiones equivocadas. No es posible que se siga desechando seres humanos en los tachos de basura. Y por si esto fuera poco, ahora quieren algunos introducir una ley que permita la eliminación de nuestros ancianos y enfermos, la ley de la eutanasia.

No nos podemos reconstruir como Patria cargando sobre nuestras conciencias miles de crímenes de compatriotas indefensos.

No se puede reconstruir la Patria mientras avanza el número de excluidos y marginados, mientras crezca sin límites el avance del narcotráfico a la vista de todos dejando regados en nuestras calles a cientos de jóvenes con su vida destruida.
Necesitamos construir nuestra Patria sobre los valores fundamentales que nos sirvieron de pilares.

Excluir a Dios de este proceso es una muy mala idea. No solo porque nos quitaría fuerzas para trabajar por el bien, la verdad y la justicia sino también porque vaciaríamos de contenido el sentido de nuestras vidas como personas y como pueblo.

Eso si sería perder el rumbo.

Ayúdanos Madre a cuidarnos entre nosotros, no solo por la emergencia sanitaria y socioeconómica, también por los procesos de disolución familiar, la dictadura del relativismo, la confusión que genera un aceitado proceso de manipulación y la construcción de una cultura sin parámetros científicos y racionales sobre la base de ideologías que no respetan el orden natural.

Ayúdanos Madre a construir una Patria de hermanos donde haya lugar para todos y a nadie le falte lo necesario para vivir digna y plenamente.

Digamos juntos la oración por la Patria.
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Concédenos la sabiduría del diálogo
y la alegría de la esperanza que no defrauda.
Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,
cercanos a María, que desde Luján nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Amén.

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