“Estoy segura de que si no lo mataba, él me mataría”

La acusada dio detalles sobre el pacto que realizó para que asesinaran a su padre Carlos Guzmán. La joven denunció que el hombre abusaba de ella desde que era niña.

05 Dic 2021 Por Gustavo Rodríguez
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MOMENTO CLAVE. La acusada junto a su defensora Raquel Ferreira Asís momentos antes de que declarara en la audiencia.

No cambió ninguno de sus dichos. Los amplió cuando declaró oficialmente en medio de una causa que despertará polémicas en el sur de la provincia. “La situación había llegado a un punto límite. Estoy segura de que si no lo mataba, él me mataría”, esas fueron las palabras que utilizó Verónica Celeste Guzmán (20 años) que confesó haber pagado para que asesinaran a su padre Carlos Antonio Guzmán (46). “Fue por el infierno que viví durante mucho tiempo. Ya no aguantaba más”, indicó la joven al borde de las lágrimas.

El 12 de noviembre, la detenida había denunciado la desaparición de su padre. Le informó a la Policía que el hombre había cobrado casi $ 6 millones de un seguro por haber sufrido un accidente laboral cuando trabajaba como obrero golondrina y por el que terminó con una de sus manos inutilizadas. También informó que el último día que lo habían visto con vida, se dirigía a comprar una parcela de tierra que le habían ofertado a través de la página OLX. Dos días después, encontraron su cuerpo en un cañaveral de Campo de Herrera, Famaillá. Lo habían asesinado de un disparo en la cabeza.

En base al testimonio de varias personas, Guzmán se encontró con el supuesto vendedor y, en la moto de la víctima, se dirigieron hacia el campo que supuestamente iba a comprar y donde lo terminaron asesinando. Los investigadores, con esos elementos, manejaban la hipótesis de que se había tratado de un homicidio en ocasión de robo.

Personal de la Brigada Oeste, al mando de los comisarios Julio Concha, Pedro Gómez y Jorge Dib, junto a los investigadores del Equipo Científico de Investigación Fiscal, supervisado por el prosecretario Marcelo Sallas realizaron diferentes tareas para tratar de dar con el autor del hecho.

Analizaron el celular que normalmente utilizaba la víctima y constataron el número de teléfono del supuesto vendedor. Examinaron los movimientos de ese teléfono y descubrieron que estuvo por distintos lugares de Famaillá y por Bella Vista. Una compañía telefónica informó que ese aparato estaba a nombre de una persona domiciliada en la última de las ciudades mencionadas.

Otro dato importante: una persona llamó a la comisaría de Famaillá para informar dónde estaba el cuerpo de Guzmán. Los investigadores descubrieron que esa comunicación se había realizado con el teléfono del sospechoso. El miércoles, los investigadores detuvieron al dueño celular que fue identificado como Leonardo González Argañaraz (36) como autor del hecho.

Inesperado

En la audiencia que se realizó al sospechoso, la joven pidió la palabra y contó que ella había sido la autora intelectual. La fiscala Mónica García de Targa, secundado por el auxiliar Bernardo Sassi, ordenó que la aprehendiera, pero que no siguiera declarando porque no contaba con un defensor. Solicitó una audiencia para formular los cargos. La acusadora enumeró todas las pruebas que tenía en contra de la acusada. Pero no hizo falta. Por recomendación de la defensora Raquel Ferreyra Asís, la hija de la víctima contó cómo planeó el hecho.

“Desde los 11 años que él abusaba de mí. Todos estos años guardé silencio porque tenía miedo que no me creyeran. Desde esa fecha hasta los últimos días de su vida él me atacaba de mi familia”, comentó la joven. “Apenas si me dejó terminar la primaria. Quería seguir estudiando, pero no me dejó. Él estaba quería que fuera suyo por eso no quería que me relacione con nadie. Y todo eso generó en mi interior un odio en contra de él. Ya no aguantaba más. Tenía miedo de que me matara”, añadió.

La fiscala, a la hora de anunciar las pruebas que había en su contra, dijo que la acusada de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, se había comunicado antes de la desaparición de Guzmán y después de que se cometiera el crimen. “A Argañaraz lo conocí porque él era personal de seguridad de la Obra Social. Nos hicimos amigos y de a poco le fui contando los problemas que tenía. Un día le dije que no aguantaba más y que quería matarlo. Él me respondió que eso se podía hacer y que me ayudaría”, indicó

La sinceridad brutal de la acusada no se detuvo. “Acordamos la plata que me cobraría y que él se encargaría para que lo haga otra persona. Por eso lo hablé antes y después. No puedo decir quién lo mató porque no lo sé”, confirmó. Estas palabras complican a todos los mencionados en la causa, porque si se confirma la versión que dio, deberían ser acusados por homicidio agravado, la imputación que reciben las personas que comete un crimen a cambio de dinero.

A la hora de hacer uso de la palabra, la esposa de la víctima y madre de la acusada dijo: “no sabía nada de todo eso. Si lo hubiera sabido lo mandaba a la cárcel a ese hijo de puta. No puede ser que no hayas hablado”.

La investigación no ha terminado. La defensora de la acusada tendría planeado solicitar que se inicie una causa por supuesto abuso sexual. La fiscala, que también cuenta con la colaboración del auxiliar Ariel Zurita, espera los resultados de los informes bancarios sobre los movimientos en las cuentas de la víctima. Trascendió que la familia realizó una extracción de más de $2,5 millones para comprar una vivienda en otro lugar, muebles para condicionarla, televisores y motocicletas.

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