FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Por Hugo E.Grimaldi
Porque sabe que no tiene otra salida inmediata, sin prisa, pero también sin pausa, el gobierno nacional necesita lo antes que se pueda un arreglo con el Fondo Monetario Internacional si dentro de dos años quiere tener chances de seguir gobernando. Por eso, más que planes para comenzar a cerrar la peligrosa situación que tiene al país al borde del precipicio económico, su mayor preocupación actual es fabricar todos los días a un libreto lleno de dobleces para que el arreglo con el organismo no represente, sobre todo para el populismo y la izquierda que componen el núcleo más duro del Frente de Todos, la misma lápida que siempre el peronismo se empeñó en criticar.
Por eso, la cuestión que primero se observa es el nuevo relato que decora de modo altisonante todo lo que tenga que ver con el FMI, antes que plantear explicaciones sólidas o pistas sobre lo que se puede llegar a negociar. La elaboración de una épica no es ajena al kirchnerismo, ya lo hizo Néstor Kirchner cuando le pagó al mismo FMI en 2005, aunque a costa de endeudarse a tasas locas con la Venezuela de Hugo Chávez, “Si hay ajuste, que no se note” es el lema de la hora, aunque todos sepan que la inflación hará de las suyas y que los bolsillos seguirán más que flacos, sobre todo si no se cambian algunos parámetros de la política económica, la misma que 67 por ciento del electorado no avaló el domingo 14 de noviembre.
En los últimos días, casi todo el elenco oficial ha salido a exponer puntos que buscan poner al Gobierno frente a la opinión pública como un abanderado del anti-ajuste, tema que ante el Fondo podrá discutirse y moderarse, pero nunca eliminarse del todo:
- Juan Manzur (Jefe de Gabinete): “queremos un acuerdo pero no a costa del desarrollo y del crecimiento”.
- Cristina Fernández (vicepresidenta de la Nación): “desarrollo y crecimiento CON INCLUSION SOCIAL”.
- Oscar Parrilli (senador por Neuquén): “con mayores plazos y tasas menores queremos salir del verdadero cepo que tenemos que es la deuda con el FMI”.
- Miguel Pesce (presidente del BCRA): “Cambió la lógica de los 80. El Fondo ya solicita más recesión”.
- Martín Guzmán (ministro de Economía): “No habrá reforma laboral”.
- Gabriel Katopodis (ministro de Obras Públicas): “No viene un ajuste de las cuentas. No vamos a recorrer el mismo camino con el FMI”.
- Gabriela Cerrutti (portavoz presidencial): “este Gobierno no va a hacer un ajuste, sino que lleva adelante una política de crecimiento con inclusión. Eso se verá en el Presupuesto”.
En un momento de la historia reciente, el kirchnerismo decidió que una forma de justificar la emisión a la que apela a diario, la misma que le pone nafta a los precios, era decir que el endeudamiento era malo pero no porque no fuese una palanca más que necesaria para cualquier emprendimiento, sino porque de hacerlo se debía cumplir con el acreedor. Y aunque siempre prefirió tomar fondos en pesos y en la plaza local con un par de “ventajas” a favor (la licuación de las deudas si las tasas son menores a la inflación y legislación local para eludir los tribunales internacionales), el préstamo que recibió Mauricio Macri del Fondo le vino como anillo al dedo para extender políticamente la responsabilidad hacia el ex presidente. Demonización a dos puntas entonces: hacia el ajuste y hacia el ex presidente.
Pero a esta altura, cuando aún falta un buen rato para cerrar algo, el oficialismo no puede permitirse que alguien lo acuse de pactar términos que lleven a la sociedad a apretarse el cinturón y menos a los propios a tener que defenderlos. Por eso, el Gobierno hace lo que mejor sabe hacer, relato a full 7 x 24, un procedimiento que el propio ministro Guzmán alguna vez bautizó como “sarasa”.







