Un paso a paso que salva vidas: cómo hacer reanimación cardiopulmonar

Expertos del Siprosa coinciden que en todos deberíamos saber hacer masajes cardíacos.

02 Dic 2021
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LA IMPORTANCIA DE SABER RCP. Dos especialistas del Siprosa, expertos en reanimación, explican el paso a paso. LA GACETA

"Si somos testigos del colapso súbito de una persona, ya sea un adulto, un adolescente o un niño, es muy importante que actuemos rápido. Ayudar a salvar una vida es más sencillo de lo que creemos", dicen el doctor Francisco Barreiro -director de la Dirección de Emergencias Sanitarias del Siprosa (DES)- y la doctora Miriam Aramburu -secretaria del Comité de Docencia e Investigación de esa repartición-. Basta con aplicar las maniobras de reanimación cardiopulmonar, conocidas por las siglas RCP, prosiguen.

"En los niños pequeños, la frecuencia debería ser de 100 a 120 compresiones por minuto". Juan Palavecino, subdirector de la Dirección de Emergencias Sanitarias del Siprosa.

"En el caso de un adulto, primero hay que acostarlo sobre una superficie rígida. Tenemos que colocarnos a su costado y sujetarlo de los hombros. Si se encuentra en estado de inconsciencia, ordenamos a alguien que llame al 107 y que consiga, si puede, un desfibrilador externo automático (DEA, por sus siglas). Luego, tomamos el pulso de la arteria carótida, ubicada a ambos lados de la tráquea. Si con nuestros dedos índice y medio no logramos detectarlo y además advertimos que no hay expansión toráxica (que no respira), debemos iniciar las maniobras", explica Aramburu.

"Si con nuestros dedos índice y medio no logramos detectar el pulso, debemos iniciar las maniobras", Miriam Aramburu, Comité de Docencia e Investigación de la Dirección de Emergencias Sanitarias del Siprosa.

En ese momento -continúa la especialista-, ponemos la base de una mano en el centro del pecho. A la otra la colocamos por encima. Comprimimos fuerte y rápido hasta que llegue la ayuda. Tenemos que alcanzar los cinco centímetros de profundidad y la frecuencia debe ser de unas 120 a 240 compresiones. "La resucitación cardiopulmonar comprende el manejo de la vía aérea, de la ventilación, de la desfibrilación, de las compresiones torácicas y hasta de fármacos. Es compleja. Pero las compresiones pueden ser realizadas por la población en general", aprecia.

De hecho, destaca que es imprescindible que la gente aprenda a ejecutarlas puesto que la mayoría de los paros cardíacos ocurre fuera de los hospitales.  "Aumentar la cantidad de testigos entrenados para actuar desde el primer minuto incrementa las chances de sobrevida", añade Aramburu. Al punto que la Fundación Cardiológica Argentina promueve que toda la población esté capacitada en RCP con uso de DEA.

La muerte súbita en el deporte y la vía pública es de gran actualidad y continúan preocupando la aparición de nuevos casos. El 70% de los 40.000 casos estimados por año oficialmente ocurre delante de un testigo, según la Fundación Cardiológica Argentina. 

"Por eso, hay que saber hacer RCP. Cuanto más gente esté entrenada, será mejor. Son terapias que salvan vidas", añade el cardiólogo Facundo Risso Patrón

En el caso de un paciente pediátrico, de entre uno y cinco años, que haya sufrido un ahogamiento, lo primero que hay que hacer es sacar al niño del agua; ponerlo de costado sobre una superficie firme; quitarle el agua de la boca; hablarle fuertemente y sino respira, pedir que alguien llame al 107 y comenzar de inmediato las compresiones toráxicas, detalla el doctor Juan Palavecino, subdirector de la DES.

"En los niños pequeños, se coloca el talón de una sola mano para hacer las comprensiones. La frecuencia debería ser de 100 a 120 compresiones por minuto", especifica. Si conseguimos un desfibrilador, debemos encenderlo, colocar los parches en el pecho del menor y seguir las intrucciones consignadas en el aparato, agrega.

Se sabe que por cada minuto que el paciente está en parada cardiorrespiratoria sin maniobras de resucitación, las posibilidades de supervivencia se reducen un 10 % aproximadamente. Por eso, los especialistas consultados por LA GACETA hacen hincapié en que los socorristas deben actuar con prisa.

Prácticamente todos los veranos, nos enteramos de bebés y pequeños que mueren por inmersión luego de caer en alguna piscina o pileta de lona. Desgraciadamente, los ahogamientos constituyen unas de las primeras causas de muerte, por accidentes, en niños de uno a cinco años, según datos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Debido a que el niño no produce ningún ruido al sumergirse en el agua, el ahogamiento es conocido con un apelativo que eriza la piel: la muerte silenciosa.

Para peor, todo ocurre rapidísimo. Sólo tres minutos de inmersión pueden ser fatales o dejar secuelas permanentes, tras la falta de oxígeno cerebral. Además, de acuerdo a las mismas estadísticas de la SAP, en los varones el índice de mortalidad por ahogamiento duplica al de las mujeres puesto que suelen ser más inquietos y movedizos.

Por ello, Barreiro y Aramburu concluyen que en pediatría, el primer eslabón de la cadena de sobrevida es la prevención. "Si nosotros actuamos sobre ese eslabón quizás no haya que llegar a los próximos, que son pedir ayuda, dar masajes cardíacos con las manos y usar un desfibrilador", finalizan.



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