Alberto Ginastera, un músico que parecía un director de banco

Nacido hace 105 años, el autor de la “Danza de la moza donosa” fue el músico argentino de mayor proyección internacional. Los Cantos del Tucumán.

Un conato de melancolía está perforando la pampa. Una moza donosa ejercita su ternura en la tarde, mientras el viejo boyero desviste un malambo en el patio de los recuerdos. Por los párpados cerrados de ese hombre, bailotean ahora duendes de corcheas. Escenas de campo vuelven a posarse en sus sueños y se introducen bruscamente en soledades puneñas, donde un aire de quena despierta la tristeza. Ahora, sonríe y ve por un momento a los Reyes Magos ponerle una flauta en sus zapatos. El changuito intuye entonces que la vida será para él un largo camino de pentagramas.

1916, 11 de abril. Ese martes, nadie se entera en el barrio de Constitución que un murmullo de compositor está ronroneando. “La casa ya no existe porque la demolieron para hacer la estación de trenes. Mi papá era barraquero en lanas y trabajaba en Avellaneda, de manera que la familia se trasladó luego más al sur. Por allí estaba la casa de Amalia (la heroína de José Mármol). Había muchas casas con verjas por las que trepaban los jardines, un perfume muy dulce, muy porteño que nunca encontré en Europa”, dice.

Ese es el dilema

“Mientras tengas vida y salud, podrás estudiar lo que quieras”, sentencia su padre. Athos Palma es su maestro en el Conservatorio Nacional. ¿Músico o contador? Ese es el dilema. Tiene 21 años. Inesperadamente, su suite de ballet “Panambí” conquista al director Juan José Castro y la estrena en el Colón. Las puertas están abiertas; solo es cuestión de perseverar. Eric Kleiber pasea su música por Nueva York. Un amor se agita en las aulas del Conservatorio. Mercedes de Toro pronto lo hará padre de Georgina y Alex.

El American Ballet Caravan le encarga Estancia. La Fundación Guggenheim lo cuenta entre sus becarios. De la pluma no cesan de brotar negras y corcheas. 1952. La Sonata para piano se estrena en Pittsburgh. Ginastera (en catalán, yinestra significa retama) es ya uno de los 50 distinguidos compositores de la época. “Esta música nos hace creer en un nuevo mundo”, afirma Virgil Thompson.

Docencia, alumnos (Ástor Piazzolla, el primero, luego Gerardo Gandini, Antonio Tauriello, Armando Krieger), largas lecturas. “Piazzolla ha renovado el tango y ha hecho que esta música popular sea gustada por ciertas clases que preferían el rock. Además, cambia la fisonomía, lo que era simplemente una danza para bailar los sábados y domingos en una sociedad de fomento o de baile ha creado una música que hoy día se escucha sin ser bailada”, afirma.

El gran brasileño Heitor Villa-Lobos lo bautiza su hijo espiritual. “Mi obra es escasa, pero no se debe a que he gastado demasiado tiempo como profesor de composición, sino a que las trabajo mucho. Siendo yo un docente, no puedo cometer errores que mis alumnos me reprocharían… mis alumnos no podían empezar un curso conmigo, sin poseer una profunda base académica. Una vez que el compositor ha llegado a dominar su técnica, el segundo problema es encontrarse a sí mismo, tal como sucedía en la época medieval; había el oficio, el aprendiz y el maestro. Esto subsiste hoy: el aprendiz pasa a ser un oficial. Entonces, el oficial debe encontrarse”, explica.

Alejandro Casona le proporciona un libro y saca del horno Don Rodrigo, su primera ópera. Se estrena en el Colón; Nueva York también la aplaude. 1967. Primeros problemas. Lleva a escena Bomarzo, de Manuel Mujica Láinez. Washington convierte la ópera en un éxito, pero el Gobierno de Juan Carlos Onganía la acusa de “excesivo erotismo” y la censura. “Sufrí mucho dos veces. Una, cuando Perón me exoneró de mis cátedras por firmar un manifiesto sobre la libertad y la democracia y la segunda, cuando se prohibió en el país la exhibición de ‘Bomarzo’”, comenta.

Para el futuro

1972. Se levanta la interdicción. Aurora Nátola, chelista, es ya su segunda esposa. El cielo de Ginebra los cobija. “Sé que no tengo aspecto de músico. Un crítico del New York Times me dijo que parecía el director de un banco. Me gustó eso porque quiere decir que vivo dentro de la sociedad. Toda obra de arte tiene que buscar ser trascendente. El artista crea para el futuro. Ciertas obras que eran sensacionales en la década del 20 ahora nos parecen anticuadas. La moda no dictamina la vida de una pieza”, comenta.

Triunfos, premios, fama, tranquilidad helvética, fútbol televisivo. Obras maestras: Cantata para América Mágica, Variaciones concertantes, Popol Vuh, la creación del mundo maya; dos Pampeanas, un concierto para violín, dos para piano, uno para arpa; Glosas sobre temas de Pablo Casals, sonatas para guitarra, piano; tres cuartetos de cuerdas... Los poemas de nuestro comprovinciano Rafael Jijena Sánchez inspiran los Cantos del Tucumán Op. 4, resucitados recientemente por la soprano Annelise Skovmand y el guitarrista Pablo González.

Notas dodecafónicas sazonan sus pentagramas; sin embargo, el soplo nacional sigue latiendo en el carnavalito con que culmina una de sus obras para chelo. “Un compositor debería poder vivir de su trabajo en la Argentina. Pero el Estado no le otorga al artista la posición que le corresponde en la sociedad. He tenido que renunciar a mi secreta vocación de detective millonario, supongo que me detuvieron la música y la falta de millones”, manifiesta.

Le escribe a su hija: “con el arte no se puede amasar una fortuna, bien feliz está uno si puede vivir trabajando con el arte y más aún si se trata de la música. La música no te deja la puerta abierta como un best seller literario o un cuadro que te compran por inversión”.

Individual y universal

Los gatos maúllan con preocupación ese sábado. Un presentimiento aciago merodea por los ventanales suizos. “No me interesa que una obra sea alemana, francesa o sueca, sino que sea capaz de emocionar. A lo universal se llega por lo individual y lo nacional. No me gusta el término crisis porque la música siempre está en crisis. Tenemos que volver a una música expresiva que contenga todos los elementos que la han renovado… El arte es primero percibido por nuestros sentidos. Luego afecta nuestros sentimientos y al final, despierta nuestra inteligencia… una obra que habla solo a la inteligencia del hombre nunca llegará a su corazón”, piensa. En la hoja del destino, alguien ha escrito: el 25 de junio de 1983, día de la partida. Las flores amarillas de la retama derraman ahora gotas de tristeza en la tumba de Alberto Evaristo Ginastera.

Tamaño texto
Comentarios