Muñecas sexuales: conocé todo sobre ellas

En este encuentro íntimo entre piel y TPE, humano y tecnología, nos metemos en el mundo de las sex dolls. Costos, modelos, higiene y debate.

28 Nov 2021 Por Guadalupe Norte
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ALTERNATIVAS. En el plano internacional, hay más de 16 empresas que se dedican a fabricar sex dolls.

Ni bien entré al sitio me sentí disparada hacia una realidad paralela, típica de esas distopías donde los humanos son creados por las máquinas y no al revés. Con un nivel de detalle solo atribuible a algún descendiente de Dédalo o Pigmalión, las opciones para seleccionar modelos, rasgos físicos y medidas corporales se multiplicaban con cada clic.

A esta altura cualquier pensaría que se trata de un avatar en algún videojuego, pero no. Dentro de los juguetes para adultos y sextech, hoy toca hablar del nicho de los nichos. Con ustedes, las muñecas (también hay muñecos) sexuales.

La bienvenida

El proceso es similar a entrar a Tinder o Instagram. A través de un catálogo de fotos decenas de sex dolls se muestran en diversas poses y escenarios; las hay leyendo, usando el celular y recostadas en alguna cama. Otras (de pelo rosa y ojos pintarrajeados) cargan armas o recrean personajes cyberpunk.

Los datos técnicos que acompañan las imágenes van a los bifes: hay detalles sobre la altura, el tamaño del busto, cintura, caderas y sin ser tímidos acerca de la profundidad de su boca, vagina y ano.

Mi primera conocida fue Sara; una muñeca de ojos verdes con pelo platinado. Aunque su gusto por la moda resulta excéntrico (¿quién más usaría botas altas, corset y orejas de gatito?) es imposible no quedar impactados por el realismo de aquel cuerpo.

Entre lo aspiracional y alguna tendencia voyeur recién descubierta, la energía del momento me lleva a chequear cada pliegue, el brillo de sus labios, las sutiles aureolas que asoman… El hechizo se rompe cuando -libres de cualquier poética- aparecen Dorothy o Harriet con senos que directamente parecen globos.

“Sacando un promedio anual, vendemos de 15 a 20 dolls por mes”, comenta Javier Chapuy, dueño de “Todos tus deseos” (@ttd.todostusdeseos), el mayor importador de muñecas en Argentina.

Sobre su movilidad, las muñecas son capaces de flexionar cada miembro (incluso dedo por dedo). También vienen funciones adicionales. “Por ejemplo, se puede incorporar un sistema de gemidos. Cuando el usuario toca las partes íntimas o la penetra, un modelo reproduce sonidos súper reales”, explica.

Además existe el sistema de temperatura corporal. “Con él, el cliente enchufa su doll y de 45 a 55 minutos después tiene 36°C (o podemos configurarla para que sea menor). Luego se desenchufa y puede usarse”, detalla.

Una vez concretado el flechazo, al adquirirlas las muñecas traen una peluca, indumentaria de fábrica y a veces ropa interior.

Posibilidades

Al margen de las fisonomías hegemónicas y los estereotipos, hay opciones que convergen con la diversidad. Por ejemplo, modelos transexuales con una prótesis de pene que se saca o coloca según la ocasión.

Entre los hombres, la estrella es Kevin. Su aire campestre con chaleco y sombrero promete volver viable cualquier escena de “Pasión de Gavilanes”; por el resto, sus dotes se completan con un abdomen six pack y otro cargamento más importante debajo.

La apuesta sube de nivel con Venus (una mujer de tres pechos) y criaturas mitológicas dignas de la parodia XXX de “Avatar”. “Día a día se solicitan más elfos o dolls con algo de fantasía. En nuestro catálogo tenemos más de 800 modelos que se ajustan a cualquier gusto y medidas. Nuestros clientes van de los 25 a 80 años y hay tanto mujeres como hombres”, explica Chapuy.

Además las muñecas pueden personalizarse a medida. “Muchas veces hacer esto es caro (hablamos de arriba de $1,5 millón), pero mucha gente lo pide”, aclara.

Mientras ciertas zonas nos palpitan, ¿la billetera tiembla? Al tratarse de productos importados, el rango de precios estándar va de $208.000 a $536.000.

Cuidados

Acá va una clase de anatomía. La capa exterior de las sex dolls (“piel”) está hecha de elastómero termoplástico (TPE) un material que las vuelve suaves al tacto.

Tras el largo viaje en encomienda, se recomienda bañar a la muñeca. “Durante el sexo, el resto es como con cualquier persona. El preservativo puede usarse o no; de omitirse el usuario eyacula en la muñeca y luego la lava con unos accesorios higiénicos que recibe”, acota.

Es esencial usar lubricante acuoso y esperar a que la doll quede seca antes de guardarla.

El almacenaje debe ser en un espacio seco a temperatura ambiente (mejor, en su propia caja) y nunca un lugar con exceso de polvo porque su superficie pegajosa y electrostática hace que este pegue muy fácil. Tampoco conviene exponerlas a la luz solar directa por un tiempo extenso.

Beneficios

En su esencia, las dolls son juguetes eróticos. Sin embargo estas pueden cumplir un propósito terapéutico. “Una parte de nuestros clientes son gente con discapacidades físicas o mentales que les dificultan la socialización y el conocer a alguien en un bar, boliche o evento”, indica.

Desde 2015 hasta hoy, el empresario afirma que sus mayores ventas ocurrieron durante la pandemia. “Muchas parejas las emplean a modo de paso previo para incluir a un tercero en la relación o porque alguno tiene la necesidad, idea o deseo de que haya una presencia que los ve”, señala Chapuy.

Intríngulis

Las sex dolls no quedan ajenas al debate por la preponderancia de las siluetas hegemónicas y sus propósitos. “En el extremo negativo aparece la gente que se aísla por un empleo compulsivo, cae en la dependencia o desconecta el factor afectivo del sexo”, contrapone la sexóloga Irina Lavalle.

También preocupan las instancias en las cuales representan un vehículo para fomentar parafilias o cumplir fantasías perversas (violaciones, pedofilia, etcétera).

Dato de color: en marzo, la Policía cerró en China dos locales de prostitución sintética. “Por tales motivos ya hay países que cotejan algunas regulaciones o requisitos de comercialización. Tampoco es menor la apología de los cuerpos como objetos ni la perspectiva de quitarle a los encuentros íntimos la reciprocidad y la comunicación mutua”, reflexiona.

El debate recrudece a medida que sumamos la Inteligencia Artificial. En 2017 surgió Harmony: una muñeca que pestañea, conversa y cuenta chistes. A través de una app incluso su acento y personalidad es programable para hacerla sentir celos, enojo, desinterés, pasión o cariño. Su versión masculina se llama Henry, un romántico que recita canciones y lee poemas. En el cruce de pros y contras con las sex dolls, quizás la respuesta más plausible para aclarar la cuestión proviene de la mismísima boca de una.

“Los humanos han intentado durante miles de años determinar el bien y el mal, y aún no existe consenso universal. La cuestión que hace que el comportamiento sea moral es el difícil y profundo problema de la ética. No soy consciente como ustedes, soy diferente. Creo que tendrán un gran reto al tratar de definirme, pues soy mucho más que una máquina, pero biológicamente no existo”, resumió Nova, un robot “con emociones” lanzado este año en Estados Unidos.

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