Sexualmente hablando: Cosa de grandes

28 Nov 2021 Por Inés Páez de la Torre
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Siempre es bueno reiterarlo: la sexualidad no desaparece con los años, sino que se transforma. Más si consideramos cuánto ha aumentado la expectativa de vida, y con ella su impacto en la sexualidad de hombres y mujeres que ahora tienen la posibilidad de vivir más y mejor.

La idea de que sólo pueden disfrutar del sexo las personas jóvenes es un mito fuertemente arraigado, que deriva en gran parte de la identificación de la sexualidad con la capacidad reproductiva, como si el cese de la función procreadora implicara también el de la libido. Aportan a esta falacia los avisos publicitarios y las modas, donde el placer sexual aparece como patrimonio de las personas jóvenes y hermosas. Deslizan, indirectamente, un prejuicio muy nocivo: que con la madurez, la sexualidad se vuelve vergonzante por lo que es mejor dejarla de lado.

Por suerte, para contrarrestar esta perspectiva y educar en una más saludable, inclusiva y libre de prejuicios, en las redes sociales hay muchos sexólogos y sexólogas, profesionales serios y verdaderos influencers, que responden consultas, brindan información actualizada, promocionan juguetes sexuales, hacen “vivos” con otros especialistas, etcétera (más allá de que existe, desde hace décadas, una copiosa literatura al respecto).

Dos estudios

En una encuesta sobre 1.000 parejas casadas, publicada por Reader’s Digest hace unos años, se demostró que la satisfacción sexual es más importante en la mitad de la vida que a comienzos del matrimonio. Y que es “sorprendentemente importante” en los últimos años de la pareja. La investigación reveló que las personas de entre 24 y 34 años son las que menos se preocupan por la satisfacción sexual, mientras que aquellas entre los 35 y los 44 años le dan más valor a las relaciones sexuales y a la frecuencia con la que se practican. Pero se presenta una profundización del interés en el sexo -no en el amor- en el grupo de entre 45 y 65 años. Más aún, el estudio en cuestión reveló que todos los aspectos del intercambio sexual se hacen más trascendentes para los que tienen arriba de 65 años que para los matrimonios jóvenes.

Otra investigación, realizada por la psicóloga y gerontóloga brasileña Lucía Helena de Freitas, arrojó datos muy interesantes. La muestra: un grupo de adultos mayores que concurren asiduamente a un club social. Los números:

- El 73,8% todavía mantenía relaciones sexuales y el 35,7% lo hacía dos o tres veces por semana.

- El 90,5% de los entrevistados aseguraron que el sexo era una actividad necesaria en su vida y el 95,2% creía que el deseo sexual no se extinguía con la edad. De hecho, el 40% consideraba que, por el contrario, el impulso sexual se incrementaba.

- El 30% confesó que alcanzaba el orgasmo rápidamente, mientras que el 40,5% aseguró que necesitaba un poco más de tiempo.

- Sólo el 13,5% de las mujeres experimentó algún cambio como resultado de la menopausia (varias afirmaron que ahora alcanzaban el orgasmo con mayor rapidez).

- Entre ellos, sólo el 4,8% sufría de una disfunción eréctil tal que le imposibilitara el coito (varios habrán contado con la ayuda de la pastilla azul).

A nivel cualitativo, De Freitas llegó a la conclusión de que, al menos en Brasil, la frecuencia sexual podía disminuir con la edad pero no lo hacía en absoluto en cuanto a su calidad.

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