Cartas de lectores III: sin trabajo - LA GACETA Tucumán

Cartas de lectores III: sin trabajo

25 Nov 2021

El recordado lector Dante Diambra Caporaletti, autor de memorables cartas, nos deleitaba con su prosa y la profundidad de su contenido. Guardo con afecto las que escribió y me sorprende comprobar su vigencia. Aquí reproduzco una, de febrero de 2016: “Seguramente será muy difícil para el lenguaje humano expresar con menos palabras esta frase: ‘estoy sin trabajo’; el inmenso dolor que ellas encierran, sintetizado en la frase del gaucho Martín Fierro cuando afirma: ‘sangra mucho el corazón del que tiene que pedir’. Ya que fue por imperio de esta frase de implacable dureza lo que tuvieron que sufrir profesionales, empleados y obreros argentinos, que después de golpear todas las puertas, de apelar a la amistad, la bondad y la conciencia, siguieron y siguen sin ese lugar que les niega una sociedad irracional, que gastó tiempo y dinero en formarlos, para luego destituirlos, negándoles la posibilidad de trabajar. Diez millones de pobres, dos millones de indigentes y niños que mueren de hambre, nos ponen muy próximos a una anarquía que ya se manifiesta de distintas formas: delincuencia incontenible e impune; drogadicción generalizada; depresión moral y económica; resentimientos; hogares destruidos; suburbanismo incontrolable, etcétera. Y como responsable indiscutible de este siglo malogrado, que exige reflexión y no festejos, la transformación de la noble actividad política en una canallesca industria cuyos responsables, sin distinción de categorías, deben ser juzgados y severamente sancionados. En la trágica década del 30 yo era un niño de una familia de modestos empresarios, donde el diario fantasma del trabajo que se iba terminando era una terrible presencia que marcó mi alma para siempre. Hoy, al final de mi larga vida, veo con tristeza repetirse aquel cuadro, con el agravante de que aquella sociedad sabía que no es rico el que tiene mucho, sino el que se conforma con lo necesario, sin sentirse víctima del actual consumismo, que ofrece ‘todo ya’, sin recordarnos que si ganamos 10 y gastamos 15 vamos camino al manicomio o a la cárcel. Cuando Atropos, la Parca que corta los hilos de la vida, recuerde mis 91 años, me gustaría morir en ese país en serio, al que consagré los mejores años de mi vida, sin otra religión que mi honor ni otro culto que mi conducta y sin admitir otros jueces que mi conciencia, heredados de un hogar donde mis padres, y después mi esposa, manantiales inagotables de amor y conducta, siempre estaban donde y cuando debían estar”. ¡Qué nos diría hoy el arquitecto Diambra al ver cómo se agravaron los problemas de los que se lamentaba hace seis años!

Luis Salvador Gallucci l

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