17 Octubre 2004 Seguir en 
José María Blunda
Licenciado en Desarrollo de Recursos Humanos
"En esencia, una organización es el producto de cómo piensan e interactúan sus integrantes". Sin lugar a dudas, esta frase de unos de los principales referentes del aprendizaje organizacional, Peter Senge, resume ideas y juicios muy importantes a la hora de dar cuenta e intervenir en el mundo de las empresas.
Deja en claro que cuando hablamos de cualquier organización, nos referimos a cómo vende, compra, invierte, planifica, resuelve conflictos y mejora su gente. Más allá de la marca, los productos, servicios y dinero, las personas que la integran le dan vida a la organización y, cuando ellas se retiran, desaparece hasta el nuevo día.
Esto, que parece una obviedad, necesita que todo el personal que conforma una organización, se "entregue" al inmenso rol que le caben a los recursos humanos en el destino de las empresas. Ser coherentes con esta idea, implica comprometerse con desarrollarse permanentemente, cuidar el clima laboral, asumir responsabilidades, coordinar esfuerzos y alinearse con las metas, objetivos y misión organizacional.En estos puntos mencionados, las personas que ocupan posiciones de conducción -líderes, gerentes, supervisores, responsables de áreas, mandos medios- deben asumir el protagonismo que les cabe en temas trascendentales como: Estimular el alto desempeño y no castigar el error involuntario de sus colaboradores. Hay que propiciar que la gente se observe, para aprender de los fracasos; buscar crear vínculos (la psicología expresa, que las experiencias de emociones negativas son una gran oportunidad para afianzar relaciones).
Estar dispuesto a resolver los conflictos que la vida organizacional exige resolver, sintiendo siempre la urgencia de hacerlo e invitar a que la gente se comprometa con metas que la inspiren y le den sentido a su esfuerzo diario.
Para que esos propósitos tengan mayores posibilidades de ser alcanzados, es necesario que las personas que ocupan estas posiciones puedan tener actitudes y conductas como:
Clarificar los objetivos de la organización y planificar estratégicamente las metas.
Cuestionar la manera de hacer las cosas, cuando el grupo no consigue resultados esperados y mejorar la interacción entre las personas que trabajan en ella.
Promover la cultura del trabajo en equipo.
Es necesario hacer una reflexión particular a la promoción del trabajo en equipo. Esta es una filosofía laboral que se asienta sobre una base de confianza interpersonal a personas convocadas para un trabajo común. Este modelo privilegia la interdependencia activa y responsable de todos los integrantes del equipo de trabajo, privilegia la solidaridad y la cooperación y requiere que todos los miembros del grupo:
Asuman que la misión del equipo es la razón de ser de ese espacio y que entiendan que la planificación para el logro de los resultados previstos, es una tarea de todos.
Vean a la evaluación de los resultados y a la reflexión sobre ese análisis, como la disciplina necesaria para la mejora permanente.
Los equipos no se consolidan en días o meses, se van "madurando" a lo largo del tiempo. En este recorrido, el grupo atraviesa varias etapas:
Comprensión del proyecto: es necesario que todos miembros compartan el "para qué" se forma ese equipo y que se pretende lograr.
División de roles: delimitar las incumbencias para el posterior "toma de responsabilidades". El cumplimiento de los objetivos requiere amalgamar los esfuerzos individuales.
Conflictos: se manifiesta con conductas como la falta de asistencia, el desafío a la estructura jerárquica, la hostilidad, las competencia y los celos.
Etapa de las normas: los integrantes comienzan a aceptar que la existencia y el éxito de los grupos se sostiene en el cumplimiento de las reglas.
Etapa de la realización: donde la energía y el esfuerzo se ponen en las acciones que se planificaron como necesarias en el día a día.
El individualismo y las personalidades narcisistas, el autoritarismo, la falta de posturas responsables y de coherencia frente a las metas asumidas, representan algunos de los principales obstáculos que han hecho fracasar a grupos en el desarrollo de nuestras organizaciones. Debemos estar prevenidos y aprender de fracasos anteriores.
Licenciado en Desarrollo de Recursos Humanos
"En esencia, una organización es el producto de cómo piensan e interactúan sus integrantes". Sin lugar a dudas, esta frase de unos de los principales referentes del aprendizaje organizacional, Peter Senge, resume ideas y juicios muy importantes a la hora de dar cuenta e intervenir en el mundo de las empresas.
Deja en claro que cuando hablamos de cualquier organización, nos referimos a cómo vende, compra, invierte, planifica, resuelve conflictos y mejora su gente. Más allá de la marca, los productos, servicios y dinero, las personas que la integran le dan vida a la organización y, cuando ellas se retiran, desaparece hasta el nuevo día.
Esto, que parece una obviedad, necesita que todo el personal que conforma una organización, se "entregue" al inmenso rol que le caben a los recursos humanos en el destino de las empresas. Ser coherentes con esta idea, implica comprometerse con desarrollarse permanentemente, cuidar el clima laboral, asumir responsabilidades, coordinar esfuerzos y alinearse con las metas, objetivos y misión organizacional.En estos puntos mencionados, las personas que ocupan posiciones de conducción -líderes, gerentes, supervisores, responsables de áreas, mandos medios- deben asumir el protagonismo que les cabe en temas trascendentales como: Estimular el alto desempeño y no castigar el error involuntario de sus colaboradores. Hay que propiciar que la gente se observe, para aprender de los fracasos; buscar crear vínculos (la psicología expresa, que las experiencias de emociones negativas son una gran oportunidad para afianzar relaciones).
Estar dispuesto a resolver los conflictos que la vida organizacional exige resolver, sintiendo siempre la urgencia de hacerlo e invitar a que la gente se comprometa con metas que la inspiren y le den sentido a su esfuerzo diario.
Para que esos propósitos tengan mayores posibilidades de ser alcanzados, es necesario que las personas que ocupan estas posiciones puedan tener actitudes y conductas como:
Clarificar los objetivos de la organización y planificar estratégicamente las metas.
Cuestionar la manera de hacer las cosas, cuando el grupo no consigue resultados esperados y mejorar la interacción entre las personas que trabajan en ella.
Promover la cultura del trabajo en equipo.
Es necesario hacer una reflexión particular a la promoción del trabajo en equipo. Esta es una filosofía laboral que se asienta sobre una base de confianza interpersonal a personas convocadas para un trabajo común. Este modelo privilegia la interdependencia activa y responsable de todos los integrantes del equipo de trabajo, privilegia la solidaridad y la cooperación y requiere que todos los miembros del grupo:
Asuman que la misión del equipo es la razón de ser de ese espacio y que entiendan que la planificación para el logro de los resultados previstos, es una tarea de todos.
Vean a la evaluación de los resultados y a la reflexión sobre ese análisis, como la disciplina necesaria para la mejora permanente.
Los equipos no se consolidan en días o meses, se van "madurando" a lo largo del tiempo. En este recorrido, el grupo atraviesa varias etapas:
Comprensión del proyecto: es necesario que todos miembros compartan el "para qué" se forma ese equipo y que se pretende lograr.
División de roles: delimitar las incumbencias para el posterior "toma de responsabilidades". El cumplimiento de los objetivos requiere amalgamar los esfuerzos individuales.
Conflictos: se manifiesta con conductas como la falta de asistencia, el desafío a la estructura jerárquica, la hostilidad, las competencia y los celos.
Etapa de las normas: los integrantes comienzan a aceptar que la existencia y el éxito de los grupos se sostiene en el cumplimiento de las reglas.
Etapa de la realización: donde la energía y el esfuerzo se ponen en las acciones que se planificaron como necesarias en el día a día.
El individualismo y las personalidades narcisistas, el autoritarismo, la falta de posturas responsables y de coherencia frente a las metas asumidas, representan algunos de los principales obstáculos que han hecho fracasar a grupos en el desarrollo de nuestras organizaciones. Debemos estar prevenidos y aprender de fracasos anteriores.







