Amor y lujuria - LA GACETA Tucumán

21 Nov 2021

Un mito del que todavía nos cuesta desprendernos: cuando existe una gran pasión sexual, es señal inequívoca de que el amor y la intimidad vendrán por añadidura. Es bastante comprensible que así lo creamos. Una experiencia sexual intensa… ¡es tan intensa! ¿Cómo no sentir que tanta conexión es sin dudas también el reflejo de otras compatibilidades? Cuestionar esta idea -o esta falsa intuición- implica despojarnos del fuerte e histórico condicionamiento sociocultural que confunde lujuria con intimidad. Responsable de que las personas crean que disfrutar mucho el sexo con alguien significa “estar hechos el uno para el otro”, o que “prácticamente es señal de estar enamorados”.

Esta confusión con frecuencia acarrea sufrimiento, ya que puede conducir a reiteradas decepciones amorosas, al desconcierto y hasta a la depresión o al comportamiento sexual compulsivo.

Algunos se sienten abandonados cuando, después de experimentar una gran satisfacción sexual con un partener, descubren que no tienen la suficiente conexión íntima, emocional o intelectual que sirva de base para un vínculo profundo y con sentido. Por eso es crucial estar en sintonía con nosotros mismos y no engañarnos creyendo ver amor donde no lo hay. Y esto se complica por el hecho de que la mayoría de las parejas practican el sexo muy al principio de su relación. Por lo general antes del desarrollo de la intimidad emocional y ésta… no siempre se produce.

El patrón adictivo

Las parejas que se vinculan a través de un patrón “adictivo”, suelen ser las más negadas en admitir que la intensidad que experimentan -pasión obsesiva, actitud posesiva y alto grado de excitación física y mental- no es verdadero amor.

Al respecto, en un estudio realizado por los psicólogos estadounidenses Eileen Nelson, Debra Hill-Barlow y James Benedict, de la Universidad James Madison de Harrisonburg, Virginia, valoraron el nivel de intimidad de las relaciones de 40 parejas. Compararon aquellas cuyas relaciones eran maduras por oposición a las que eran adictivas. Aunque las parejas adictivas expresaban un obsesivo anhelo mutuo, declararon obtener menos satisfacción en sus relaciones, incluyendo menos satisfacción sexual. Sencillamente, la intensidad de sus encuentros sexuales no se traducía en mayor proximidad emocional ni, a la larga, les proporcionaba auténtica satisfacción sexual.

Sheree Conrad y Michael Milburn, quienes acuñaron el término “inteligencia sexual”, remarcan en esta cualidad la importancia de distinguir la lujuria de la intimidad, “lo cual implica compartir aspectos básicos y significativos de nuestra vida emocional e intelectual con otra persona”. Antes de hacer el amor, sostienen, “lo ideal sería estar plenamente conscientes de lo que realmente queremos -sexo visceral, una relación íntima o ambas cosas-. Si tenemos claro lo que honestamente queremos, es más fácil sentirnos en armonía con nuestras decisiones y evitar hacernos daño o hacérselo al otro”.

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