
Este viernes, luego de varias semanas agitadas, finalizará la campaña con miras a las elecciones generales del próximo domingo, en las cuales los tucumanos definirán la renovación de tres bancas a senador nacional –dos por la mayoría, una por la minoría- y de cuatro escaños en la Cámara de Diputados.
Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 12 de septiembre, en las cuales se dirimieron las listas de candidatos que competirán este fin de semana, parecen haber quedado muy atrás. Sin embargo, bien pueden ser tomadas como un ejemplo, tanto para sostener aquellas prácticas que resultaron saludables, como para corregir todas las acciones susceptibles de lesionar el espíritu democrático de la votación.
En las PASO, gran parte de los mensajes de los postulantes estuvieron cargados de críticas hacia los espacios y los dirigentes rivales, muchas veces con términos agresivos y despectivos. Hubo casos que rozaron el insulto, perdiendo de vista la enorme distancia entre la chicana política y la falta de respeto. Esto se profundizó sobre el cierre de las campañas.
Es probable que los dirigentes políticos comprendan tales posturas como parte de las reglas del juego. Incluso, la mayoría de ellos luego es capaz de intercambiar saludos de manera cordial, al encontrarse en algún evento público. Sin embargo, dichas manifestaciones no hacen más que agravar la famosa “grieta”, como se denominó hace ya varios años en la Argentina a ese abismo insalvable entre las posiciones políticas de la ciudadanía. Así, en lugar de buscar la construcción colectiva, la solidaridad y los lugares de encuentro –algo esencial en momentos de crisis, como el que atraviesan la provincia y el país-, se fomenta el rencor entre compatriotas, un sentimiento que llegó a separar familias y a romper añosas amistades.
Durante los debates convocados por LA GACETA, tanto en la antesala a las PASO como a las generales, los candidatos de todos los espacios políticos tuvieron la oportunidad de expresar sus iniciativas con relación a diversas temáticas, como seguridad, economía, empleo, políticas sociales y otros asuntos clave que preocupan a la población. Al margen de que algunos hayan demostrado mayor o menor capacidad de convencimiento, quedó claro que cada uno de ellos cuenta con elementos suficientes para brindar mensajes positivos, que conduzcan a los ciudadanos a elegir sus opciones sobre la base de las propuestas, y no por la búsqueda del “menos peor”.
Las primarias dejaron otras experiencias. Desde los cierres de campaña, e incluso durante el día de la votación, en las PASO se manifestaron acciones tendientes a seducir al electorado por la vía de la dádiva y del clientelismo. Estas conductas, además de estar penalizadas por el Código Nacional Electoral, transforman lo que debiera ser una jornada festiva para el pueblo en una cacería de votos, sin escrúpulos ni miramientos. Al margen de que los organismos competentes hayan tomado nota o no de dichas operaciones irregulares, en algún momento la clase política deberá dejar en manos de los dueños de los sufragios la libre voluntad de escoger entre unos u otros.
En estos últimos días de campaña, todavía es posible dar un paso más hacia adelante en la sana convivencia colectiva. Sería saludable que, quienes buscan representar a Tucumán en el Congreso de la Nación, sean quienes brinden el ejemplo para el fortalecimiento de la vida democrática de la provincia.







