Tucumán Rugby, rey del Anual 2021: un campeón de paladar verdinegro - LA GACETA Tucumán

Tucumán Rugby, rey del Anual 2021: un campeón de paladar verdinegro

Ideas claras, trabajo y mucha paciencia fueron tres de sus grandes virtudes.

09 Nov 2021 Por Federico Espósito
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SINERGIA. El staff técnico encabezado por José Macome logró desarrollar una gran sintonía entre piezas de diferentes generaciones. Los más jóvenes se acoplaron a un equipo liderado por referentes que tomaron protagonismo cuando la situación se complicó tras la derrota ante Natación. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI

Para el que no sabe adónde va, no hay viento favorable. Es decir, antes de ponerse manos a la obra en pos de un objetivo, primero se debe tener bien en claro cuál es ese objetivo. Y si hay una virtud que reconocerle a Tucumán Rugby, por encima de todas las que mostró a lo largo de esta temporada, es la tener muy en claro no sólo qué es lo que quería, sino fundamentalmente cómo quería alcanzarlo.

Porque no: al “Verdinegro” (sobre todo a este que conduce José Macome), no le da lo mismo llegar por un camino o por otro. Se podrá retrucar que esa filosofía de rugby champagne no le ha resultado tan redituable en materia de títulos en las últimas dos décadas (al menos en Primera) comparada con el pragmatismo de otros equipos, pero es que si se apartara de ella dejaría de ser Tucumán Rugby. La historia grande del club se ha construido sobre un estilo vistoso, dinámico y ofensivo.

De todos modos, cabe aclarar que este modelo 2021 estuvo lejos de basar su juego principalmente en la agilidad de sus tres cuartos. Por el contrario, apuntó hacia un juego más integral y equilibrado, en el que los forwards tuvieran igual protagonismo, dotándolo de mayor versatilidad para resolver de manera más eficaz los múltiples escenarios que pueden darse a lo largo de un torneo tan duro como el tucumano. Por su pasado de tercera línea y entrenador del pack del último Tucumán bicampeón argentino, “Homero” Macome conoce muy bien la importancia de dominar también el juego de forwards, más allá de que no sea con el que el paladar del club se sienta más identificado.

Como todo proceso, requiere paciencia. Tucumán Rugby fue creciendo en su juego, pero durante la construcción de sus bases en el Apertura le tocó sufrir un par de derrotas ante Natación, a la postre el único que pudo derrotarlo. Y el mérito fue creído en el trabajo que venía haciendo en lugar de cambiar a causa de un mal resultado, como lo fue la derrota en la final del Apertura.

Ya con el diario del lunes, se puede decir que haber perdido esa final fue lo mejor que le pudo haber pasado al conjunto de Yerba Buena. Porque fue un cachetazo a tiempo que lo obligó a despertarse y a corregir sus errores, sin dejar de creer en su idea. Quién sabe, tal vez de haber ganado esa final, no hubiese alcanzado el nivel superlativo que mostró durante el Clausura y el Reducido, llegando a la final anual precedido por seis victorias consecutivas (algunas con goleadas históricas) y un promedio de siete (sí, siete) tries por partido. Una locura.

Mirando la foto grande, el traje de campeón le queda pintado a Tucumán Rugby. Porque si bien durante la primera parte del torneo el más sólido fue Natación, el equipo de “Homero” Macome fue yendo de menor a mayor, sin perder el norte cuando algunas cosas no salían, bajo la convicción de que ya iban a salir. Solo era cuestión de bajar la cabeza y seguir trabajando. Así, con el tiempo logró convertirse en un equipo defensivamente impecable y ofensivamente implacable, capaz de romper ese maleficio que suele perseguir al “Verdinegro” en las instancias definitorias.

Lo mejor de todo, dicen puertas adentro, es que hay equipo para rato. Será cuestión de esperar hasta el año que viene, cuando vuelva el Regional, para comprobarlo.

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