Una historia de amor trágica: Ernestina, la elefanta que terminó sus días en La Plata

Llegó a Tucumán en 1916. Se fue en 1931 con el circo Berlín.

EN EL CIRCO. La elefanta tucumana ya siendo una estrella del circo tras el trágico final de King en tierras santiagueñas. EN EL CIRCO. La elefanta tucumana ya siendo una estrella del circo tras el trágico final de King en tierras santiagueñas.
Por Manuel Riva 09 Noviembre 2021

Hablar de nuestro jardín zoológico es hablar de su principal y más famosa habitante: la elefanta Ernestina, que fue el único paquidermo que tuvo residencia en el Jardín de la República. Hubo otros, pero sólo estuvieron de paso con compañías circenses que recorrían la provincia.

Ernestina fue un acontecimiento desde que llegó. Pese a todo, a inicios de 1920, el establecimiento comenzase a decaer. “Las deficitarias administraciones municipales no tenían tiempo ni fondos para ocuparse de esa atracción. Una nota de mayo de 1927 denunciaba la falta de cuidado del lugar, así como lo desvencijado de las jaulas”, recordó Carlos Páez de la Torre (h).

Allá por 1916 la elefanta Ernestina puso sus cuatro patas en Tucumán. Fue un regalo del entonces gobernador Ernesto Padilla, y pronto se “apropió” del zoológico que funcionaba al lado del Cementerio del Oeste, en el predio que luego ocupó el parque Avellaneda.

A comienzos de 1930, con el zoológico en retirada, las autoridades descubrieron que Ernestina no estaba dispuesta a moverse del lugar. “Ni por las buenas ni por la fuerza -inclusive intentaron tirarla con un camión- se la pudo sacar. Así, se quedó en una ruinosa choza, en la zona conocida como de los Viejos Mataderos y encadenada para evitar los destrozos”, relató Páez de la Torre (h).

En los inicios del parque, el diario “El Orden”, el 31 de octubre de 1907, convocaba a la población a hacer donaciones. “En Tucumán a nadie se le ocurre regalar ni una paloma al Jardín Zoológico, debiendo ser exclusivamente la Municipalidad la que adquiera los animales”, decía. Y como esas compras eran costosas, “la colección no aumenta sino tan paulatinamente, que casi se hace insensible para el público”. Mejorar el zoológico era un imperativo, ya que se proyectaba trasladarlo al parque 9 de Julio, entonces en plena construcción.

La fuerza del amor

En 1928, Nougués incluyó la construcción del parque, que abarcaba los terrenos del zoológico. Este debió ser trasladado y se decidió por el parque 9 de Julio. La medida se cumplió a comienzos de 1930. Pero Ernestina se negó a mudarse. Así que la elefanta se quedó viviendo en la zona conocida como “los viejos Mataderos”, es decir por los fondos del actual Vacunatorio de la Familia, donde se ubica ahora la Dirección Municipal de Obras Públicas. La tenían encadenada para que no causara daños.

Solamente el “amor” pudo sacarla de allí, cuando conoció a King, que trabajaba en un circo, y se fue con él.

La historia de Ernestina estuvo llena de sinsabores, que junto a las agresiones de algunos niños la hicieron muy huraña y antisocial. Ernestina, que había conocido los azúcares de la fama, pasó sus últimos meses tucumanos saltando de incidente en incidente. Una vez, en diciembre de 1930, casi aplasta con sus patas al niño Benigno Moreno, de seis años. Por lo demás, eran frecuentes sus 'travesuras' con la trompa.

EN LA PLATA. Sus últimos años los pasó en el zoo de la capital bonaerense. EN LA PLATA. Sus últimos años los pasó en el zoo de la capital bonaerense.

Una vez arrebató con la trompa una criatura de los brazos de la señora Rugeri. El paquidermo sólo parecía entenderse con su cuidador, Benito Delgado.

Tras infructuosos intentos de venta a otros zoológicos, el municipio cerró trato con los empresarios del circo Berlín, que buscaban una compañera para la estrella de la carpa, el elefante King.

Luna de miel

Aquel fue el inicio de la segunda etapa de la vida de nuestra Ernestina, dejando de lado que para las autoridades municipales de entonces consideraban que producía un importante gasto.

Cuando promediaba 1931, el circo “Berlín” la compró, aprovechando que su elefante, “King”, parecía enamorado perdidamente de Ernestina. Para sacar a la elefanta de la choza, tuvieron que traer a “King”. Pasaron la noche juntos y, a la mañana siguiente, ambos marcharon dócilmente para subir al tren en el que “Ernestina” se alejó de Tucumán después de 16 años. Era el 7 de agosto de 1931.

Una historia de amor trágica: Ernestina, la elefanta que terminó sus días en La Plata

Ambos animales recorrieron de madrugada las calles tucumanas con destino a la estación donde los esperaba el tren que los llevaría a Santiago del Estero. Tras un viaje de algunas horas llegaron a destino y Ernestina se incorporó a la troupe con alegría y buen talante.

Crisis de pareja

Pero las cosas se fueron deteriorando y la crisis de pareja terminó en forma trágica. Las crónicas que -entre serias y jocosas- le dedicaban los diarios, a las “coqueterías” de la elefanta fueron lentamente enloqueciendo a “King”, quien empezó a comportarse peligrosamente.

Debió ser encadenado y, ante un ataque de furia, cierta noche los propietarios del circo llamaron a la Policía de Santiago para que lo matase a tiros. Según los diarios, la cruel operación requirió varias decenas de balazos, el 10 de agosto de 1932.

Había pasado un año desde que la elefanta dejó Tucumán y comenzaba otra crisis. Las últimas fotos de “Ernestina” se publicaron meses después. Mostraban a la coqueta elefanta, ya amaestrada, convertida en estrella del circo “Berlín”, ignorante de la tragedia que había desencadenado.

En La Plata

Actuó un buen tiempo en ese circo, pero pasó sus últimos años en el Jardín Zoológico y Botánico de La Plata. Según la serie “Elefantes rioplatenses y zoológicos, la inecuación perfecta”, de Aldo Mario Giúdice y María Teresa Ferrero de Roqué, en su cuarta entrega “Historias elefantinas en la ciudad de La Plata”, la elefanta tucumana ingresó al zoo platense hacia 1931.

Sin embargo en 1932 todavía estaba en el circo Berlín, donde se encontró con otra elefanta de su misma estirpe, la india llamada Kendy; alojada allí desde 1911. Al parecer y por lo poco que se cuenta sobre Ernestina y Kendy, su relación fue bastante amistosa y sin contratiempos.

La elefanta tucumana falleció en 1938 dejando a Kendy como la única representante de Elephas maximus indicus en aquel parque. No se saben las causas de la muerte de Ernestina ni el destino de sus huesos.

Por su parte, Kendy tuvo una larga vida en La Plata donde era muy querida. Murió de causas naturales en 1970. En sus últimos días compartió residencia con la famosa Pelusa, otra de raza india venida desde Hamburgo donde había nacido, en 1968.

Pelusa fue hasta estrella de cine cuando protagonizó el film “Un elefante color ilusión” junto a Pablo Codevilla y las Trillizas de Oro. Murió en junio de 2018.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios