Crónica de un viaje de la autora de Frankenstein

Complemento y preludio del itinerario del monstruo.

07 Noviembre 2021

DIARIO

HISTORIA DE UNA EXCURSIÓN DE SEIS SEMANAS

MARY W. SHELLEY Y PERCY BYSSHE SHELLEY 

(TRADUCCIÓN DE LAURA CHALAR)

(Buena Vista  - Córdoba)

Todo relato interesante comienza con un periplo. En julio de 1814, con 17 años, Mary Godwin huye de Inglaterra con su amante Percy Bysshe Shelley, casado él, y Claire Clairmont, hermanastra de Mary, para viajar por partes de Francia, de Suiza, de Alemania y de Holanda.

Los jóvenes recorren valles verdes y neblinosos, montañas sublimes y bosques fascinantes. La naturaleza, una de las aficiones de los románticos, parece recibirlos de manera hospitalaria. Mary también dedica varias líneas al tórrido clima veraniego de Francia y a sus pobres hospedajes. Aunque el vegetariano Percy vivía casi exclusivamente a pan, la alimentación que reciben allí es precaria. Como es de esperar en una aventura romántica, el tramo francés les ofrece una miríada de sensaciones: odio, asco, amor, felicidad, cansancio…

Sobre las diferencias sociales entre su país y Francia, Mary señala que allí “las clases bajas tienen la naturalidad y cortesía de los ingleses más educados; tratan a uno sin afectación, como a un igual, y por lo tanto no hay margen para la insolencia.” Los franceses “son mucho más tolerantes con los caprichos de sus vecinos”, noción que es puesta a prueba cuando Percy invita a las mujeres a bañarse desnudas con él. En Suiza, Mary observa que una cultura protestante produce una sociedad más ordenada y limpia que una católica, hipótesis con la que podría coincidir Max Weber. Suiza también, según un cochero henchido de orgullo patriótico, es cuna de los mejores lácteos del mundo.

Este breve diario bien sirve como complemento (y preludio) para los viajes que realiza el monstruo de Frankenstein, quien en busca de su identidad como criatura de un padre que lo rechaza, atraviesa Suiza y se encuentra con una familia francesa exiliada, los De Lacey, de quienes obtiene gran parte de su educación.

© LA GACETA

Matías Carnevale

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