El acusado Ángel Cativa bajó varios kilos desde que se encuentra detenido.
A Ángel Cativa (27) se le notan los días de encierro que lleva luego de haber herido mortalmente de una patada voladora al arquitecto Julio Rubén Scida (63). El joven, que fue acusado el viernes de homicidio, bajó varios kilos desde que ocupa un calabozo en la comisaría de Yerba Buena. Ayer, al haberse enterado que podría afrontar una pena mucho más grave, en su rostro se dibujó un inconfundible gesto de angustia y preocupación.
El profesional murió después de haber peleado por su vida, internado en un sanatorio durante dos semanas. El sábado 16 de octubre recibió una patada en el rostro por parte del acusado. Patricio Scida (19), hijo de la víctima, protagonizó una discusión con Cativa que había pasado en rojo el semáforo de Las Rosas y Avenida Presidente Perón para esquivar un control vehicular que se realizaba en la zona. De las palabras pasaron a los golpes.
El auxiliar fiscal Juan Pablo Godoy señaló que el padre del joven fue en su ayuda y se produjo una pelea. Recalcó que los Scida la dieron por terminada y, cuando se dirigían a su vehículo, el imputado le pegó la pata en el rostro con la que cayó pesadamente al suelo. “Hay testimonios que nos indican que las personas que lo frenaron para que no siguiera pateándolo en el piso”, señaló el acusador en la audiencia.
Godoy también incorporó como prueba otro punto muy importante. Cativa era segundo dan de taekwondo y logró títulos nacionales e internacionales. Consideró que era un “profesional” en esa disciplina, por lo que sabía perfectamente el daño que podría haber provocado. El defensor Gustavo Estofán intentó introducir la teoría de que las lesiones que sufrió Scida fueron provocadas al dar su cabeza contra el pavimento y no por la patada, por lo que se debería acusado de homicidio preteritencional y no homicidio simple, como había propuesto el representante del MPF.
El juez Rafael Macoritto, que intervino en el caso, fue claro y contundente al explicar su fallo. El magistrado indicó que el imputado, por sus conocimientos en las técnicas de las artes marciales, se le debió representar por lo menos que pegarle una patada en la cabeza a una persona, que era mayor edad, era probable que le podía ocasionarle la muerte y aún así actuó como lo hizo.
En Yerba Buena el caso ha generado una enorme polémica. “No puede ser que haya personas como este señor. Mató a un profesional por nada. Por una discusión sin sentido. Es increíble que esto suceda. Pero no tanto si tenemos en cuenta la violencia que se vive en nuestra provincia”, señaló Juana de García.
“Acá se juntaron dos cosas. La primera, que estamos lleno de ‘loquitos’ que se creen amos y señores de la calle, que andan prometiendo cagadas a todos. Y después, como pasó en este caso, era un joven que sabía pelear. Ahora, la gran pregunta, alguien controla a estas personas”, se preguntó Esteban Ramírez.
El presidente de la Federación Tucumana de Taekwondo Adolfo Villanueva señaló que uno de los pilares de esta actividad es la disciplina. “Todos los instructores les enseñan a sus discípulos a no actuar de manera violenta. Que sus conocimientos no deben ser utilizados en una pelea fuera de un gimnasio. Por esa razón este deporte tuvo un enorme crecimiento a nivel mundial”, explicó.
El dirigente señaló que Cativa, según la información que brindó su instructor, practicó la disciplina a partir de los ocho años hasta los 14. “Dejó y no supimos nada de él hasta que hace un par de años se destacaron sus logros”, sostuvo.
Fuentes policiales señalaron que el joven tiene un buen comportamiento en el calabozo que ocupa, pero visiblemente afectado por la situación que está viviendo. Sólo recibe la visita de sus familiares, que le llevan la comida para que se alimente.








