Cartas de lectores IV: el último adiós a un argentino

06 Noviembre 2021

Mucha gente ha escrito, escribe y seguirá escribiendo acerca de la muerte. Ya sea para expresar su dolor, su preocupación, su temor por la misma, o por vincularla a la fe cristiana, etc. Yo también escribí acerca de mi último instante en esta vida, y expuse cómo quiero que sea mi velatorio, el acompañamiento, el momento de mi sepultura y el “después de”. Todo lo hice público, salvo pequeñeces que solamente guarda mi esposa entre sus pertenencias por ser la única destinataria de mi mensaje. Como buen argentino y tucumano nato, comprometido y testigo de los hechos de su tiempo, expuse también en un libro como deseo que sea el acompañamiento de mis restos hacia su última morada. El mismo está escrito a modo de cuentito para mi familia y para quien quiera compartir tanto la idea como el hecho relatado. Su título es “El acompañamiento”, y dice así: “Érase una vez un hombre que, cansado de ver y de padecer toda clase de robos en total indefensión, planeó su venganza para el día de su defunción. Organizó el cortejo de modo que una torta gigante de utilería, fuera adornando el coche fúnebre que sus restos trasladaría. Detrás de éste, iría una camioneta con parlantes que durante todo el recorrido desde la sala del velatorio hasta el cementerio, haría sonar estridentemente la conocida canción que dice: ‘Vamos de paseo, pi, pi, pi, en un auto feo, pi, pi, pi, pero no me importa, pi, pi, pi, porque como torta, pi, pi, pi…’. Y todos los automovilistas que participaran del cortejo, harían sonar sus bocinas tantas veces como el “pi, pi, pi” de la canción lo indicara. Cada tanto, también, bajando previamente el volumen de la música, un anunciante diría por los altavoces: ‘Ahora pasaremos por un lugar donde abunda el ‘choreo’… cuidarse los bolsillos, cuidar las carteras, asegurar las puertas del auto que no se abran desde afuera y cuidar los utensilios (celulares y demás yerbas)’. Llegado el día del fallecimiento del susodicho, todo se hizo como él quiso. Y fue el acompañamiento más feliz que en ese pueblo se haya visto”.

Daniel E. Chavez

Pasaje Benjamín Paz 308

San Miguel de Tucumán

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