DIFERENCIAS. De acuerdo a la Bolsa de Comercio de Rosario, se ve una gran heterogeneidad en la región núcleo.

De acuerdo al informe climático de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), publicado la semana que se despide, después del alivio de las lluvias, el pulso de calor detuvo la siembra de soja en la región núcleo en un 12%.
La siembra ha comenzado con menos agua que hace un año: la última semana de octubre del año pasado se producía una lluvia de 100 mm, que recomponía el estado de los perfiles hídricos, lo que permitía que se siembre en una semana un 40% de la superficie durante los primeros días de noviembre.
Hoy, las reservas son escasas a regulares en gran parte de la región. Y con “Niña” por delante hay mucha preocupación: algunos, por alcanzar a sembrar; otros, por lo que suceda en febrero, en pleno período crítico, con dos años consecutivos en los que el agua ha fallado.
Al momento, hay sembrado un 12% con soja de primera. Sin embargo se ve una gran heterogeneidad en la región. Algunas áreas del noreste de Buenos Aires van a la cabeza, con el 60% de la superficie sembrada. Comenzaron con los primeros lotes hace 15 días y ya se ven emergencias.
Por el contrario, en el sur de Santa Fe se avanzó solo de un 5% a un 10%. Y en el este de Córdoba están en un 20%. La disparidad en el avance se debe a las distintas estrategias adoptadas por los asesores. “En los lotes de mejor calidad, con napa, apuntamos a potencial de rinde con fechas tempranas. En los de menor aptitud aplicamos una estrategia defensiva, sembrando a final de octubre”, explican productores de Colón. Ante la falta de agua en febrero del año en curso, muchos técnicos del este de la región notaron que lotes sembrados muy temprano o muy tarde el año pasado lograron mejores resultados.
Otro de los tema tratados en el informe de la BCR son las coincidencias y discrepancias en la región, acerca del grado de incidencia del laboreo mecánico en el sistema agrícola. También difieren las motivaciones que impulsa su incorporación. Hay localidades, como Bigand, en que un 25% de soja de primera se realiza con laboreo mecánico. “La carga de herbicidas para llegar limpio a la siembra está siendo muy costosa”, explican. En Cañada Rosquín lo justifican también debido al menor desembolso económico: “el productor decidió romper la directa porque el combustible se paga a un dólar menor (oficial) que el que se paga en la compra de los agroquímicos”. En Carlos Pellegrini y en el Trébol, los técnicos comentan lo opuesto: la utilización de labranza no supera un 1%. “Son un fracaso, hay mayor nacimiento de malezas. Se pierde desde un 5% a toda la cobertura según el sistema de labranza usado. En un año seco puede afectar la productividad por la pérdida de humedad de la falta de cobertura”.







