“Regresar para hacer música es una fiesta y un premio” - LA GACETA Tucumán

“Regresar para hacer música es una fiesta y un premio”

El músico se presenta hoy en el Mercedes Sosa con Anacrusa XXI, el emblemático grupo que cumplirá medio siglo el año que viene.

06 Nov 2021 Por Roberto Espinosa
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TRAYECTORIA. José Luis Castiñeira de Dios, un creador todo terreno.

La guitarra, el vibráfono, el charango, el bajo eléctrico, la composición popular y académica, las bandas sonoras para películas, la dirección orquestal; también la antropología, el periodismo, el cine, la docencia... diversos rostros de José Luis Castiñeira de Dios, viejo conocido de los tucumanos. El músico se presentará con Anacrusa XXI hoy a las 21, en el teatro Mercedes Sosa (San Martín 479).

El emblemático conjunto de la música latinoamericana está conformado por Alejandro Santos (flauta, flauta grave, saxo tenor, quena y sikus), Mariano Rey (saxos soprano y alto, clarinete), Néstor Gómez (guitarra eléctrica y acústica), Abel Rogantini (piano), Marcelo Torres (bajo eléctrico), Luis Cerávolo (batería) y Castiñeira de Dios (guitarra, vibráfono). La puesta en escena y coordinación general es de Nancy Diez. Hace pocas semanas, el conjunto rindió un homenaje a Ástor Piazzolla en el CCK.

- ¿Cuál fue la propuesta inicial de Anacrusa y cuál es la actual?

- El proyecto Anacrusa, próximo a cumplir los 50 años de existencia, ha perdurado en el tiempo en torno a un concepto acuñado desde sus comienzos: un homenaje a la música latinoamericana y un espacio de desarrollo para la proyección del folclore argentino. Su versión XXI es plenamente instrumental, y en su repertorio incluye muchos de los clásicos del grupo, como Calfucurá o Río Limay, junto a obras incorporadas a lo largo de su extensa trayectoria, muchas veces ligadas a mi producción para el cine o la escena. El grupo tuvo un período fundacional, con la importantísima intervención de la cantante, pianista y letrista Susana Lago y un sonido camarístico, dado por mis orquestaciones que incluían contrabajo, oboe, flauta… En esa etapa grabamos cinco longs play y recorrimos la Argentina dando a conocer la nueva propuesta.

- Luego vino una larga etapa francesa y el retorno al pago.

- El segundo período se inicia con una gira generada por Francia y la grabación de dos discos centrales en la trayectoria del proyecto, El sacrificio y Fuerza, dando comienzo a lo que sería una larga ausencia de la Argentina, que concluye en 1990 cuando regresamos con Susana a Buenos Aires, después de 12 años de actividad europea. El tercer período comienza en la década del 90, con una nueva formación que recupera algunos de los músicos, como Ricardo Lew, Adalberto Cevasco, Enrique Zurdo Roizner, Hugo Pierre y Alejandro Santos. Durante este período Anacrusa edita dos CDs, ofrece conciertos junto a las principales orquestas sinfónicas argentinas, participa en numerosas músicas para el cine y el teatro de mi autoría, y viaja por Latinoamérica y Europa. En la primera década del nuevo siglo, Susana decide retirarse del conjunto, y por varios años, se suspenden las actividades grupales, hasta que con una nueva formación desarrollamos una intensa presencia internacional.

- Llegar a cumplir 50 años no deja de ser una hazaña, ¿a qué atribuís la vigencia de Anacrusa?

- La supervivencia de un proyecto de estas características sigue vigente. Es una plataforma para mi creatividad y un tributo recurrente a las raíces latinoamericanas de la música folclórica de Argentina. Los públicos se han renovado, se incorporaron audiencias internacionales y el conjunto ha sido un espacio de expresión individual para los grandes solistas convocados, que, a lo largo de los años, han contribuido a la conformación de un estilo propio, fácilmente identificable y de una estética abierta, capaz de incorporar estilos y a la vez formular una manera de interpretar las músicas más diversas del continente.

- ¿Qué lugar ocupa Tucumán en tus afectos?

- Ha sido un lugar fundamental para mi formación como músico, como artista y para pensar América. Comencé viajando a conocer esa maravilla de tradiciones y creatividad que era Tucumán en los 60 y 70, terminé ligado artísticamente y en la amistad con grandes artistas y pensadores tucumanos, como Leda Valladares, Gerardo Vallejo, Mercedes Sosa, Adolfo Colombres, Miguel Ángel Estrella o con quienes habían desarrollado su obra en Tucumán como el querido Jorge Prelorán. Llegué a mi primer Septiembre Musical Tucumano integrando el conjunto de Manolo Juárez, y repetí mi presencia en él todas las veces que pude. Dirigí sus orquestas y tuve el privilegio de tener a mi cargo la composición musical y la dirección del primer Gran Concierto Federal, en ocasión del Bicentenario de la Independencia. Compuse y grabé la música del film El rigor del destino, de Vallejo, fui director musical del grupo de Mercedes Sosa en sus giras internacionales durante tres años, formé un cuarteto con Estrella y escribí para él obras como “Memento”, que se tocaron en todo el mundo. Me casé con Silvia Arias, que hizo su carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán y quiere tanto a la provincia, como si hubiera nacido en ella. Por eso, regresar a Tucumán, al que extrañé tanto en este tiempo de restricciones, es una fiesta y un premio, sobre todo cuando vuelvo para hacer música, especialmente en el teatro Mercedes Sosa y particularmente orgulloso de volver con Anacrusa.

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