Por décima vez, los pueblos originarios eligen La Mesadita para honrar a la Virgen de la Eucaristía

Entre bombos, violines y bailes típicos, la comunidad de Tafí del Valle celebró la joven advocación. La misa se ofició en el morro

VENERADA IMAGEN. Una devota toca el manto de la Virgen que presidió la ceremonia el sábado. VENERADA IMAGEN. Una devota toca el manto de la Virgen que presidió la ceremonia el sábado.
Por Magena Valentié 01 Noviembre 2021

Otra vez la mesa del altar de los valles se llena de flores, de fiesta y de música. La Mesadita. Así lo bautizaron los pueblos originarios al morro que se recuesta sobre la ladera del cerro Muñoz, en la zona de Las Carreras, en Tafí del Valle. Sobre ese especie de altar enclavado en los cerros tucumanos, tiene lugar la fiesta de Nuestra Señora de la Eucaristía. Una joven advocación a la Virgen María, con impronta eucarística, nacida hace apenas una década nada más.

El sábado, como cada 30 de octubre, día previo a Halloween, se oficia la fiesta organizada íntegramente por la comunidad indígena de la zona. Se ha formado una suerte de cofradía que se llama “Los guardianes de Nuestra Señora de la Eucaristía. Ellos mismos eligieron el lugar para realizar la celebración de la Virgen. Este año, el cura párroco había sugerido que la misa se la oficiara en la iglesia del pueblo, en San Andrés, donde podría ir más gente, por la cercanía. Para subir 300 metros hacia la cima del morro hay que tener buen estado físico o un caballo.

Pero “Los Guardianes” se negaron rotundamente. Para ellos, la Virgen tiene que estar en el altar de La Mesadita, al aire libre, rodeado de las montañas. Hicieron una carta al cura párroco exponiendo que la capilla de San Andrés es muy pequeña, que “su cercanía a la ruta no resulta factible para cumplir con el distanciamiento social, las medidas sanitarias y la recepción de fieles”, argumentaron Patricia y Mario Romano, entre muchos otros.

No hubo caso de convencer a la comunidad de hacer la misa en el templo. Así que por décimo año (a excepción del año pasado por la pandemia) se ofició la misa en La Mesadita.

“Nuestra Señora de la Eucaristía como su propio nombre lo indica nos acerca y nos impulsa a acercarnos a Nuestro Señor de la Eucaristía, presencia real de Jesús , cuerpo, sangre , alma y divinidad, base fundamental donde se apoya toda nuestra fe”, explica Claudio Villar, un infaltable devoto. A Ella se encomendó cuando estuvo muy enfermo hace unos meses y se salvó gracias a su “intercesión de Madre”, cuenta.

Les tocó un día espectacular, soleado, con algunas manchas de sombra que proyectaban las nubes. El termómetro allá, arriba, marcaba 24°. Los fieles salieron en peregrinación a las 10, desde la capilla de San Andrés, después de un desayuno con mate cocido y pan casero. Comenzaron a subir, lento, al son de violines y bombos, que por momentos se perdían con el viento. La música de los misachicos anunciaban el paso de Nuestra Señora de le Eucaristía asentada sobre un lecho de flores multicolores. Desde muy lejos se veía escalar por la montaña a la multitud orante, enmarcada en banderas argentinas, papales y de los pueblos originarios.

Arriba, el padre Daniel Cano, vicario de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Tafi del Valle, ofició la misa. Las hermanas de la congregación de Marta y María que tienen su misión en Tafí del Valle colaboraban durante la celebración.

La advocación nació de la mano del padre Jorge Gandur, ya fallecido, y fue llevada a los valles por la señora Aída Aguilera de Pastrana, descendiente de pueblos indígenas. El entonces párroco del lugar, Carlos Carrizo, también fallecido, le dio impulso a la fiesta que fue creciendo con el tiempo, abrazada por los lugareños. Ellos colocaron una gruta, donde van a rezar en cualquier época del año.

Al final de la ceremonia se largó un chaparrón pero nadie se movió. Es lo que siempre pasa. “Es el cielo que nos acompaña”, dijeron por ahí. La fiesta terminó con una gran locreada, empanadas y guitarreada, con vivas a la Virgen.

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