
En una tarde cálida de nuestro cercano verano tucumano… Cuanto Aristóteles nos calificaba como “animales políticos” (“zoon politikon”) hace siglos, hablaba de la “socialidad” de la política. La forma de reunir a los humanos - lo social- requirió, en sus comienzos, el “invento” de normas , situaciones e instituciones que conformarán “lo político” como institución que reglara a la sociedad, estableciendo transformaciones, leyes y conductas, entre tantas cosas - como la aceptación y la sublevación-que constituyen el cada día del convivir en sociedad. Como dice concretamente Savater, “el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse…”. ¿Es esto posible?. Desde ya que, en efecto, funciona bien. O por lo menos , aparentemente bien, porque la otra opción sería el anarquismo, que pregona una sociedad sin política , es decir sin conflictos, lo que es imposible a mi ver, porque no es concebible la inexistencia de distintas formas de ver las cosas, típica de una sociedad sin conflictos. Ver al otro como “distinto”, poder enfrentarlo y disentir es “lo que está entre nosotros”, lo que nos une y al mismo tiempo nos separa… Por ello no es posible una sociedad sin política, sin poder diseñarnos y, por ende, vacía.
Armando M. Pérez De Nucci







